El primer paso de la regeneración

Es un hecho que nadie puede negar aunque sí admite matices. La recuperación económica es una realidad y cada día que pasa nuestra economía mejora y los ciudadanos lo notan en sus bolsillos y en muchos aspectos más de su vida diaria.

 

El arranque de la temporada turística ha generado 20.000 empleos en dos meses en Málaga –gracias a las contrataciones eventuales del sector servicios, alcanzando el nivel de 2009-, se ha batido un nuevo récord de turistas –el número de viajeros alojados, por ejemplo, en la ciudad crece el 9,29 por ciento en el primer trimestre del año-, Fujitsu sube sus ventas un 27 por ciento y estima una facturación sin precedentes en Málaga este mismo año, la empresa malagueña GE XXI abre fábrica en China con 800 trabajadores…, en el plano nacional las organizaciones empresariales y los sindicatos pactan una subida salarial asumible (1 por ciento para este año)… son muchos los hechos que pueden argüirse en defensa de esta salida de la crisis. Sin embargo, la inestabilidad política –en todas las escalas, nacional, autonómica y local- es mayor que nunca. A la permanente amenaza secesionista de Cataluña –que parece disminuye su reflejo en urnas- se une una corrupción generalizada en las Administraciones Públicas –sólo la parte más visible del iceberg de la corrupción- y en el caso de Andalucía una extraordinaria incertidumbre sobre la formación del nuevo gobierno –con la sombra de un adelanto electoral incluida-. Pero a esta situación se suma la falta de sensibilidad de nuestras Administraciones y de los políticos que están al frente a la hora de tratar a los inversores en general, pequeños y grandes. Todo son dificultades a la hora de invertir, burocráticas con su secuela dilatoria y de recaudación por la voracidad de los varios fiscos que padecemos. Este panorama es el que debe cambiar para que España en general progrese y Andalucía también. Porque hay una fuerza en el mercado, la de los españoles que se esfuerzan cada día en producir y vender que se ve perjudicada por la inercia de las Administraciones y de la clase política.

 

Quien creyera que la emergencia de nuevas fuerzas, como Ciudadanos o Podemos, vendrá a superar el lastre de una clase política gastada se equivoca, la regeneración política que los españoles necesitamos va más allá de unos nuevos actores en la escena nacional. Pasa por un nuevo modelo educativo de amplio consenso que forme a los jóvenes en la empresa del mañana y con valores firmes, por una reforma de las Administraciones y de las Comunidades Autónomas que corrija desvíos a todas luces excesivos y por una real independencia del Poder Judicial que ponga coto definitivamente a los casos de corrupción que cada mañana nos dan de desayunar, producto también de un sistema electoral que intrínsecamente favorece toda suerte de males. Nuestra regeneración es un largo camino que hay que empezar a recorrer cuanto antes. Este domingo, 24 de mayo, puede ser una oportunidad para dar el primer paso.

RESIDENCIA

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