El triángulo rojo de Iglesias y Garzón representa tanto a los prisioneros políticos de los nazis como de los soviéticos, pero lo callan - El Sol Digital

El triángulo rojo de Iglesias y Garzón representa tanto a los prisioneros políticos de los nazis como de los soviéticos, pero lo callan

(El diario digital El Español publicó el pasado 16 de enero un  reportaje que, por su interés, resumimos)

El campo de concentración de Sachsenhausen usado por los nazis lo reutilizaron los soviéticos tras liberar el campo. Pero se tarda en advertir los 18 triángulos rojos que coronan aquel monstruoso espacio. El triángulo rojo invertido que se cosía en el pecho designaba a los presos políticos, los primeros en ser internados por el régimen nazi. Pero estos presos no sólo eran comunistas, también había socialdemócratas y sacerdotes católicos.

Terminada la guerra, el triángulo rojo comenzó a usarse entre los comunistas de Alemania del Este como símbolo antifascista, lo que ahora han hecho Pablo Iglesias y Alberto Garzón, defensores del sistema comunista cuando lo llevaron en sus chaquetas al prometer su cargo como vicepresidente y ministro, respectivamente.

La URSS no sólo no rindió homenaje al resto de víctimas de los asesinatos y las torturas ejecutadas en ese mismo campo -designados con triángulos de otros colores, además de la estrella amarilla de David para los judíos-, sino que sustituyeron a los nazis y utilizaron el mismo espacio para internar a sus propios opositores políticos entre 1945 y 1950. Son los casos de Sachsenhausen y Buchenwald, los campos especiales soviéticos número 7 y número 2, respectivamente, detalle que los líderes del Partido Comunista y Unidas Podemos quieren ocultar, si es que no lo ignoran.

En 1992, cuando ya había caído el muro, apareció en ese mismo campo de Sachsenahausen, en Oraniemburg, una fosa común con los restos de 12.500 víctimas que resultaron ser los triángulos rojos de la URSS: prisioneros alemanes que murieron como consecuencia de la tortura, la inanición y las enfermedades. Entre ellos, socialdemócratas, liberales, democristianos o cualquier ciudadano acusado de disidente.

El aparato represivo de la NKVD soviética se encargó de enviar a los antiguos campos nazis a cualquier disidente político que pudiera representar una amenaza de seguridad para el nuevo régimen que querían imponer en la RDA.

Según el historiador Ulrich Merten, su principal objetivo fueron los socialdemócratas que se oponían al nuevo partido comunista creado por la URSS en Alemania para ejercer de forma totalitaria el poder, el SED, fundado en abril de 1946 y que sería el pilar de la nueva República Democrática de Alemania.

La NKVD también encarceló, sin juicio alguno a «los miembros de los partidos burgueses, los democristianos y liberaldemócratas, los cuales se negaron a colaborar con las autoridades soviéticas que habían ocupado Alemania (…) cualquier persona considerada disidente, enemigo de clase, propietarios de tierras o simplemente opositores fueron enviados a los campos especiales».

Sachsehaussen y Buchenwald fueron la punta de iceberg de una vasta red de campos de internamiento que la URSS aprovechó de los nazis. Formaban parte del sistema del GULAG, aunque no estuvieran en la URSS.

Los campos especiales se cerraron hacia 1950, aunque la mayoría de los prisioneros no recobraron la libertad, o fueron trasladados a los Gulag de la URSS o a las cárceles del nuevo sistema penitenciario de la RDA.

 

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