En defensa de mi Nación. Emilio José Triviño Triviño. Miembro del Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional - El Sol Digital

En defensa de mi Nación. Emilio José Triviño Triviño. Miembro del Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional

Como si de un cáncer se tratara, el Sistema de Partidos, sistema establecido por la propia (No)-Constitución española del 78 (1), va desintegrando poco a poco nuestra Nación. El proceso comenzó con la colonización por los Partidos Políticos de las Instituciones del Estado, de todas sin excepción, primero apoderándose de sus órganos de dirección, luego mediante la eliminación o anulación de honestos funcionarios, y por último mediante la infiltración en sus cargos administrativos de elementos de sus aparatos, o bien con la corrupción de aquellos ya instalados que tienen un precio. Añadan todas las excepciones honrosas, que las hay, pero por desgracia no cambia nada.

El artículo 6 de esta (No)-Constitución española, como por conjuro, creó la fórmula jurídica para poder ir penetrando impunemente todo ese espacio público, de modo que cada decisión que se adopta por una de nuestras Instituciones será siempre atendiendo al interés de algún partido o incluso al interés de algunos o todos ellos. Cada vez que se hable de consenso, estaremos en estos dos últimos casos.

Una tercera vía degenerativa ha sido el sometimiento de los grandes medios de comunicación a su juego político a través del sostenimiento de sus grandes estructuras empresariales, gigantes con pies de barro en una economía como la española, donde además de su principal cliente, el Estado, solo hay unos treinta y cinco buenos clientes capaces de proporcionarles sustento, los cuales, en su mayoría, también están en el juego oligárquico.

Siendo esto así, es fácil comprender cómo la pugna partidista logra extenderse sin pudor ninguno a todos los ámbitos de nuestras vidas, su presencia lo inunda todo, resultando irritante su protagonismo cuando caemos en la cuenta de que la sociedad civil española es completamente ninguneada. No hay nada de autenticidad  en nuestra cultura política, en la que se utiliza el cinismo como una técnica discursiva. En definitiva, no hay ninguna esperanza de que los grandes medios de comunicación públicos o privados, señalen la verdadera razón de nuestros males.

De hecho, es tal la intoxicación de la conciencia social española que, abotargada, se aquieta silenciosamente al dictado de las nuevas celebridades políticas, personajes que tienen mucho de cuentos de hadas y nada de instinto político; y es que llama la atención la candidez con la que es capaz de ilusionarse gran parte del electorado. Ni tan siquiera en un momento tan crítico como el que vivimos, aquellas personas con una honesta determinación de encontrar una solución al problema del separatismo catalán aciertan a dar una respuesta correcta a la primera pregunta que debemos formularnos, ¿cómo es posible que España se encuentre en este trance?

Lo más lejos que se llega es a admitir que la cesión de las competencias educativas a las Comunidades Autónomas ha sido el gran error, e incluso hay algún partido político estatal que por ahora defiende la desaparición de las autonomías, si bien, como partido del Sistema que es, no deja de ser un cálculo electoral, y por lo tanto se debe descartar cualquier posición honesta en él, ya que la corrupción es factor de gobierno.

En realidad, España se duele de un mal mucho más profundo. En primer lugar, no tiene una constitución escrita donde se establezca la separación de poderes, condición esencial para que el poder político no se concentre en un solo actor omnipotente. Y en segundo lugar, no hay representación política de la sociedad civil en el poder legislativo.

Resulta evidente que el poder político lo detentan los Partidos Políticos, quienes controlan simultáneamente los tres poderes del Estado, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, de ahí que sea ahora mismo el Estado el peor enemigo de la Nación española. Sí, aunque no se enseñe en nuestras Universidades, tenemos a nuestro Maestro, don Antonio García-Trevijano, para explicarnos que el Estado es una estructura jurídica distinta de la otra realidad política, la Nación,  a la que debería servir si es que ésta ostentara el poder político. Pero en nuestro caso, es la Nación la que sirve al Estado, y a través de él, sirve a los intereses de los actuales titulares del poder político que como he dicho, en primer término son los Partidos Políticos, pero que en un sentido más riguroso, habría que incluir a aquellos otros agentes con peso político relativo, como sindicatos estatales, poder financiero, poder empresarial y cualesquiera otros capaces de hacer valer su peso económico, cultural o social para la tutela de sus propios intereses.

Asumida esta situación, todos aquellos españoles que nos sentimos con la obligación de defender a nuestra Nación, a nuestra Patria, tenemos el deber de luchar pacífica pero firmemente por la separación de poderes y por el principio de representación política de la sociedad civil. Cualquier otra acción política dentro  del actual Sistema de Partidos contribuirá a legitimar al propio Sistema y con ello estará perjudicando doblemente a España, restándole a nuestra pacífica lucha su noble participación y sumándosela a nuestro enemigo. En esta tesitura nos encontramos.

Quiero acabar este artículo con una referencia a un editorial del diario digital Bloomberg publicado el pasado 22 de diciembre (2), en él este prestigioso medio internacional hacía un análisis de los resultados de las elecciones catalanas, concluyendo que al no haberse resuelto la crisis, habría que plantearse la conveniencia de que la Unión Europea presionara (“gentle pressure”) a Rajoy para conseguir una mayor autonomía regional y una reforma constitucional.

Los motivos que llevan a este medio a proponer esta solución es lo de menos, pero sí me interesa poner de manifiesto que ha sido una Institución del Estado, la Generalidad Catalana, la que se ha dedicado a introducir un factor internacional en nuestra crisis política para utilizarlo a favor de sus intereses separatistas y en contra, ni más ni menos, de la unidad de España.

También debe ponerse de manifiesto, que esos partidos separatistas han nacido y vivido al calor del Sistema de Partidos y han formado parte de alianzas espurias con los Partidos Políticos que dicen defender la (No)-Constitución española del 78. Hoy aquella parte del Estado aspira a crear un nuevo estado catalán, la otra parte del Estado está a la espera de las órdenes de los Partidos Políticos que aspiran a retener el poder estatal sobre toda la Nación española.

  • El artículo XVI de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 establece que “Una sociedad en la que la garantía de los derechos no está asegurada, ni la separación de poderes determinada, no tiene Constitución.” Y es evidente que la llamada Constitución española no determina la separación de poderes.
  • https://www.bloomberg.com/view/articles/2017-12-22/catalonia-goes-back-to-square-one

 

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