En España no existe la representación política. Adrián Peña Botello. Miembro de Demócratas por la Libertad Constituyente - El Sol Digital

En España no existe la representación política. Adrián Peña Botello. Miembro de Demócratas por la Libertad Constituyente

La relación del pueblo gobernado español con su clase gobernante no es de representación, sino de servidumbre. En España la clase política no representa al pueblo. No existe vínculo de representación del votante con el cargo electo. Aquí se votan a listas cerradas de partido, cuyos integrantes no obedecen al votante, sino a ellos mismos. El votante no puede revocar ni controlar a los políticos que vota en las listas.

El votante tampoco puede elegir por separado al cuerpo Ejecutivo, sino que es esa misma clase superior la que elige a su propio presidente, y también a las altas judicaturas (Consejo General del Poder Judicial, Tribunal Supremo, Tribunal Constitucional y Fiscalía General del Estado).

El pueblo español se somete voluntariamente a la férula de la clase superior. Cuando los reyezuelos de las diecisiete autonomías así lo ordenan, los siervos acuden mansamente a votar y a mantener las prerrogativas de la clase privilegiada.

Ningún siervo cuestiona las reglas de ese juego. Da por sentado que en España «hay democracia», que los partidos «le representan», y que «hay que votar», porque no puede ser de otro modo. Las pesadas cadenas de la servidumbre arrastran su espíritu y su intelecto en el fango de la mentira.

Una mentira que la clase superior ha ido urdiendo a través de cuarenta años de control de los principales medios de comunicación y de los temarios educativos impuestos por el Estado. El siervo aprendió en la escuela que en la Transición los españoles «se dieron a sí mismos» una Constitución, y que esa Constitución es «democrática», cuando la realidad es que:

  1. a) Llamaron «democracia» (forma de gobierno donde el pueblo está representado) a un sistema electoral proporcional, donde el votante no está representado por nadie, sino que se limita a votar unas listas a cuyos integrantes ni puede controlar ni revocar,
  2. b) Sólo el 58% del censo votó en un clima de miedo y agitación, ante la única opción que la clase superior les ofrecía, y
  3. c) Lo votado por el 58% de los españoles fue una falsa Constitución porque en ella no hay separación de poderes: Una sociedad en la que la garantía de los derechos no está asegurada, ni la separación de poderes determinada, no tiene Constitución (artículo 16 de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de 1789).

Como en España no hay representación política, los intereses de la clase gobernante no coinciden con los del pueblo. Cuando el poder político no está basado en una relación de representación, los intereses de la clase superior (la clase gobernante) se oponen a los intereses de la clase inferior (el pueblo gobernado).

La representación política es la manera de superar estos antagonismos de clase. Es la manera de armonizar, por la fuerza legal, los intereses de la clase gobernante con los intereses de la clase gobernada. Mediante la representación no existen intereses contrapuestos entre las partes: los intereses de los mandatarios se identifican con los intereses de los mandantes. Pero sin representación política, los intereses de la clase superior no son los intereses de los gobernados, sino intereses egoístas y partidistas de los gobernantes, disfrazados como los intereses de los gobernados.

Como la clase superior no está vinculada por ningún mandato jurídico de representación, goza de carta blanca para dar rienda suelta a su avaricia de poder y miserable sed de dinero fácil (con la que comprarse mansiones), arrebatado a la clase productora con unos impuestos que la misma clase gobernante diseña y aplica.

El interés de una clase política carente de representación no tiende al beneficio del pueblo, sino a ampliar y perpetuar la explotación de los gobernados. A los partidos no les interesa que el pueblo esté representado y que haya separación de poderes (de hecho, falsamente las dan por sentado); a los partidos lo que les interesa es permanecer en el poder y ampliar sus medios de dominio.

Fíjate, amigo lector, que toda medida que apruebe un partido jamás irá en contra de sus propios intereses partidistas. Unos intereses egoístas que son encubiertos con los supuestos intereses de los españoles. Por ejemplo: cuando dicen que los españoles quieren un Estado federal, o un país de países, lo que están diciendo en realidad es más sillones para el partido, más dinero para el partido y más enchufados del partido a incorporar en ese nuevo reparto.

A causa de la no-separación de poderes padecemos gobiernos que no ha elegido el pueblo. Pactos de gobierno que, detrás de las apariencias, obedecen a la avaricia. La avaricia partidista se disimula con una verborrea que no se puede tomar en serio. Con un postureo sumamente grotesco e impúdico, todos hacen como si defendiesen los intereses de los españoles (cuando en realidad los españoles no han elegido gobierno alguno ¡y ni siquiera pueden controlar ni revocar a los diputados de los escaños!).

Mientras no haya representación política, detrás del discurso de todos los partidos no hay más que latrocinio, irresponsabilidad y egoísmo. Todos buscan lo mismo en el fondo: más poder, más protagonismo y seguir viviendo de nuestro trabajo. Sin representación política ni separación de poderes, todos los partidos se convierten en parásitos que buscan vivir por todo lo alto con lo que produces.

Y no olvides: al final debes votar a uno o a otro, ¡es lo que te ordenan! No pienses más, no hay otra alternativa que votar para cambiar las reglas de ese juego…

¿O sí la hay?

La alternativa es un cambio total de paradigma. Dar la espalda a todos los partidos del Régimen e iniciar un proceso de ruptura constituyente. Por vez primera como pueblo, los españoles nos daríamos una Constitución de verdad, con separación de poderes de verdad y con representación de verdad. Un sistema político basado en la verdad sería revolucionario. Sin los mitos y manipulaciones de la clase gobernante, se constituiría por vez primera una democracia representativa como garante verdadera (científica y racional) de la Libertad Política Colectiva: la libertad de todos.

La revolución constituyente que pretenda instaurar una verdadera democracia representativa se basará en tres sencillos fundamentos:

  1. Representación personal por diputado de distrito (con facultad de control y revocación en todo momento por el votante, es decir, verdadera representación política donde el diputado obedece al distrito pequeño de votantes y no a partido alguno);
  2. Separación de poderes en origen (votar en elecciones separadas al poder Legislativo, Ejecutivo y Judicial); y
  3. Deslegitimación masiva del Régimen vigente (abstención consciente y activa de más del 60% del electorado, gobierno en funciones, y convocatoria de elecciones a Cortes Constituyentes).

Antes de conquistar su libertad, el pueblo español debe adquirir conciencia como clase sometida. La verdad os hará libres (Juan 8:32). Una vez conozca su verdadera posición en la relación de poder político, de forma natural y paulatina irá exigiendo y promoviendo la acción constituyente en las calles. Identificar los intereses de la clase gobernada con los de la clase gobernante, mediante la representación, inspirará la sed revolucionaria. El proceso culminará cuando la acción constituyente sea liberada (por la fuerza de la paz y la resistencia cívica) de las mazmorras del Congreso de los Diputados; allí donde hoy los oligarcas la tienen encerrada muy profundo bajo llave, entre los herrumbrosos barrotes de la corrupción.

Así que hacedme caso cuando os digo: el poder basado en la verdad y ejercido desde abajo hacia arriba, hará caer al poder basado en la mentira y ejercido desde arriba hacia abajo.

Deja un comentario

El email no será público.