Entre cambios y maquillajes. Ramón Echeverría p.b. - El Sol Digital
Entre cambios y maquillajes. Ramón Echeverría p.b.

Entre cambios y maquillajes. Ramón Echeverría p.b.

Aisladas de su contexto cultural y religioso, la noticia y las fotos publicadas el 28 de enero por la Oficina de Comunicaciones de Dubái parecían una broma de mal gusto. Se veía a Mohamed bin Rashid Al Maktum, mandatario del emirato de Dubái, vicepresidente de los Emiratos Árabes Unidos y su actual primer ministro, felicitando a la Personalidad, a la Autoridad Federal, y al Proyecto que más habían contribuido a mejorar el “Equilibrio de Géneros”. La “Personalidad” era el ministro del Interior, Saif bin Zayed, por haber introducido el permiso de maternidad para las militares de los EAU. La Autoridad Federal era la de “Competitividad y Estadísticas”, representada en la ceremonia por su director general Abdulla Nasser Lootah, por haber promovido la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. El premio al mejor proyecto lo recibió, en nombre de su Ministerio, Nasser bin Thani Al Hamli, ministro de Recursos Humanos y de Emiratización. Ninguna mujer aparecía en las fotos ni era mencionada directamente en la noticia. De ahí la rápida reacción y los comentarios en los medios sociales. “¿Se trata de una tomadura de pelo?” “Gracias por ponerle (sin quererlo) un poco de humor a mi jornada”, eran los más finos. La Oficina de Comunicaciones reaccionó publicando una nueva foto en la que junto a las autoridades y las personalidades premiadas aparecían cinco mujeres. Pero la torpeza ya estaba cometida, y al día siguiente eran varios los diarios en inglés que recordaban a sus lectores que el último Global Gender Gap Report (Informe de la Brecha Global de Género) publicado por el Foro Económico Mundial colocaba a los EAU en el puesto 121 de los 149 países analizados y en el puesto 134 en cuanto a las oportunidades de participación de las mujeres en la economía. Para la televisión qatarí Al Jazeera, lo ocurrido era una ocasión de oro para mostrar la contradicción entre la realidad que se vive en los Emiratos y las palabras de su primer ministro durante la ceremonia: “El equilibrio de géneros se ha convertido en un pilar de nuestras instituciones de gobierno. Las mujeres de los Emiratos y su papel son esenciales para nuestros proyectos de futuro”.

Sin embargo, un incidente y una fotografía nunca reflejan de dónde viene y hacia dónde camina una persona o una institución. En el mismo Gender Gap Report se lee que están alfabetizadas el 91,5 por ciento de las mujeres de los EAU (el 89’5 por ciento de los hombres), y escolarizadas el 93’6 por ciento. Entre los miembros del Parlamento el 22’5 por ciento son mujeres (31’6 por ciento en Francia), y con rango ministerial el 26’7 por ciento. Trabajan el 41 por ciento de las mujeres, y de ellas el 30 por ciento en puestos de responsabilidad. Y tiene razón la presidenta del “EAU Gender Balance Council” al decir que se está consiguiendo cumplir con el objetivo fijado en 2015 de reducir la brecha de género en todos los sectores del gobierno. Sólo que la presidenta se refería exclusivamente a las emiratíes, y no a las filipinas, indias y pakistaníes, utilizadas como mano de obra barata, en un país en el que el 90 por ciento son extranjeros.

El deseo de empoderar a la mujer “autóctona” es especialmente visible en Dubái, el más poblado de los siete emiratos que componen los EAU (seguido muy de cerca por Abu Dabi). La presidenta del “EAU Gender Balance Council” es Sheikha Manal, primogénita de Mohammed bin Rashid Al Maktoum.  Ella dirige igualmente el “Dubái Women Establishment”, fundado en 2006 para potenciar la participación de la mujer dubaití en la economía y en la sociedad. Cuando en diciembre del 2018 “Culture Trip” (sitio web que promociona el turismo cultural, con 20 millones de visitantes mensuales) publicó la lista de las 10 mujeres más importantes e influyentes de los EUA, seis de ellas eran dubaitíes: una antigua ministra de economía, la directora general de la Dubai Expo 2020, la directora del “Jebel Ali Free Zone”, y tres altos ejecutivos de empresas privadas. Hay pues en Dubai mujeres más o menos “liberadas”. ¿Suficientes en número como para contribuir a que en la península arábica cese de ser patriarcal la sociedad a la que pertenecen?

Porque además de patriarcal, esa sociedad es también tribal, piramidal, jerárquica e islámica. De ahí la oposición espontánea de sus líderes a las primaveras árabes del 2011. Pero también su deseo de modernizar la sociedad y de cambiarla desde arriba, sin duda “para que todo siga igual”, como hubiera dicho Tomasi di Lampedusa. El cambió se ha acelerado con la llegada al poder de tres graduados de la academia militar británica de Sanhurst: Tamim bin Hamad Al Thani, emir de Qatar desde 2013, que ha sabido utilizar el deporte (Qatar organizará los Juegos Olímpicos de 2020) como factor de cambio; Khalifa bin Zayed bin Sultan Al Nahyan, desde 2004 Emir de Abu Dabi y presidente de los Emiratos Árabes Unidos; y el ya mencionado Mohamed bin Rashid Al Maktum, mandatario de Dubái y primer ministro de los EAU. A ellos se ha unido recientemente, Mohamed ben Salman, príncipe heredero de Arabia Saudíi, de cuyas iniciativas para modernizar su país se ha comentado a menudo.

Es difícil, sin embargo, cambiar una sociedad por decreto. Baste recordar el fracaso del régimen soviético o las dificultades actuales de la Iglesia Católica para reinventarse. Además, el poder corrompe y subordina todo a su propia supremacía. De ahí la “lucha de gallos” entre Qatar y Arabia, y las contradicciones en las que cae el régimen saudí que ha dado a las mujeres el permiso para conducir pero ha encarcelado a las principales activistas que lo pedían. Sin olvidar que difícilmente una sociedad patriarcal cambia de la noche a la mañana. Todavía hoy la prensa anglófona aconseja a las extranjeras que viajan a Dubái que no les conviene denunciar si son molestadas o violadas. Se arriesgan a ser condenadas por haber mantenido relaciones sexuales prohibidas. Y, como lo decía Nicholas McGeehan, de Human Rights Watch, la policía las condenaría no por motivos religiosos, sino sencillamente porque no creen a las mujeres.

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