Entre un Parlamento colgado en Londres y el adiós a la vieja política en Francia. Carlos Ramírez. Abogado - El Sol Digital

Entre un Parlamento colgado en Londres y el adiós a la vieja política en Francia. Carlos Ramírez. Abogado

Las elecciones convocadas el pasado día 8 de mayo en Gran Bretaña por la primera ministra, Teresa May, a falta de más de dos años de la fecha correspondiente, y con el objetivo de fortalecer la postura más dura de su partido en la negociación con Bruselas respecto del Brexit, ha sido un fiasco.

La sucesora del ex primer ministro tory Cameron, quien convocó el referéndum de independencia de Escocia hace tres años en la que la agrupación Better Together (‘Mejor Juntos’) por el «No» se impuso con el 55,3 por ciento de los votos con una participación de 84,6 por ciento. Ese mismo que a continuación convocó el referéndum del Brexit, que perdió y provocó su dimisión en junio del año pasado.

Con una ola de encuestas muy favorables, se decidió a adelantar elecciones y, finalmente, ha dilapidado su amplia mayoría en el Parlamento de 330 asientos a los 318, con lo que queda en una situación que los medios de comunicación británicos denominan un ‘hung parliament’ o Parlamento “colgado”. Esta situación obliga a May negociar con el único partido que puede facilitar su investidura, un partido nacionalista pro británico irlandés del Ulster, lo que va a complicar la gobernabilidad en esta legislatura que se inicia, rompiendo el eslogan de su campaña de “Fortaleza y estabilidad”.

La apuesta a una sola carta de May de negociar en la línea más intransigente en el Brexit no será posible. La marcha de la Unión Europea y del mercado único deberá negociarse sin imposiciones. Además, ha resucitado al partido laborista, finiquitado hace un mes, con una intención de voto de un 25 por ciento y que ahora ha rozado el 40, a tres puntos de los conservadores. Su líder, un profesor de universidad, con un mensaje claro en contra de la austeridad y de facilitar la gratuidad en decenas de servicios públicos, incluyendo las tasas universitarias, ha logrado que en un segmento de la población joven y abstencionista cansada de recetas liberales y la precariedad laboral le hayan apoyado, y no recelasen de sus antiguos mensajes radicales y provocadores.

Los efectos más relevantes en el ámbito territorial son la desaparición del voto del partido extremista y anti europeo UKIP, que en las legislativas de hace dos años obtuvo cuatro millones de votos, y que los partidos nacionalistas gales y escoces han mermado estrepitosamente sus resultados. En Escocia, el Gobierno había vuelto a solicitar hace días el permiso para poder celebrar un segundo referéndum de independencia de la región. Ya no será necesario, la pérdida de un tercio de sus diputados y la victoria en votos de los partidos unionistas eliminan ese peligro secesionista.

En Francia, se celebró la primera vuelta de las elecciones legislativas, el pasado fin de semana, donde el nuevo partido del presidente de la Republica, el movimiento En Marcha, ha conseguido un éxito al ser la primera fuerza política y fácilmente conseguirá mayoría absoluta. Los franceses han dicho un “basta ya” a los viejos partidos con sus intereses y corruptelas y quieren un gran sí a un nuevo partido de centro izquierda.  El partido socialista de casi 300 diputados ha pasado a menos de 40 y la izquierda radical no ha llegado al 12 por ciento. La derecha, ha rozado el 20 por ciento, lo que le da un papel irrelevante, junto a Le Pen, que con un partido remozado, no ha superado la barrera del 14 por ciento y le dejará fuera de la Asamblea Nacional. La coalición La República En Marcha y Movimiento Democrático (REM-MODEM) han roto 50 años de bipartidismo y han hundido siglas que llevaban gobernando desde 1958. Un hito. En este domingo el partido del presidente Macrón ha obtenido la mayoría absoluta, teniendo enfrente a una irrelevante oposición de conservadores, socialistas e independientes.

La situación de Francia, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) es como sigue: “La desigualdad no es excesiva y el país ha pasado por la crisis sin sufrir demasiado”. Sin embargo, el desempleo es alto y las finanzas del gobierno son débiles. El problema económico fundamental de Francia es la falta de crecimiento, así, las últimas cifras de la actividad económica (producto interno bruto o PIB) para el primer trimestre del año muestran un crecimiento del 0,5 por ciento. ¿Cuál es el problema económico francés? El desempleo. Cerca de tres millones de personas están sin trabajo, el 10,2 por ciento de la población activa, y 1 de cada 4 es desempleo juvenil, con un 57 por ciento.

La estadística para Francia resulta también que es la segunda más alta entre las principales economías industrializadas, las llamadas naciones del G-7. En este entorno está adoptando un doloroso proceso de la Unión Europea que trata de imponer disciplina en las cuentas de los gobiernos, pues el déficit presupuestario anual y la deuda pública acumulada son mayores de lo que se supone que deben estar bajo dichas reglas.

Sin embargo, los costos de endeudamiento del gobierno francés en los mercados financieros son muy bajos. Esto refleja en parte la intervención del Banco Central Europeo, que está comprando bonos de gobiernos de la eurozona en virtud de su programa de flexibilización cuantitativa.

El producto interno bruto per cápita –un indicador aproximado del nivel de vida medio– creció más lentamente entre 1995 y 2007 que en cualquier otro país de la OCDE, y a finales del año pasado, la actividad económica estaba sólo un 2,8 por ciento por encima de su nivel máximo observado al inicio de la crisis financiera.

Según la OCDE, en su evaluación de la economía francesa: “Para reducir la dualidad del mercado de trabajo, los procedimientos para el despido de empleados, particularmente los que tienen contratos permanentes, necesitan ser simplificados y abreviados”. Así, Francia se sitúa entre los países con una legislación más estricta de despidos para los contratos indefinidos y temporales.

El problema, seguramente, de Francia es sencillo, está en una unión monetaria con Alemania, una economía mucho más fuerte y mejor organizada. Por lo tanto, paga un alto costo por no poder ya controlar las principales palancas de ajuste económico, desde las tasas de interés hasta la política fiscal. Las presiones sobre las finanzas del gobierno y las normas de la eurozona para administrarlas limitan el espacio de maniobra de Francia para utilizar el gasto gubernamental o los recortes de impuestos para estimular la demanda.

Sin duda, todo eso anima a que la fortaleza de la Unión Europea crezca en este mar de complejas adversidades, y en las que, por primera vez, empiecen a tenderse solidos puentes con la Santa Sede, en temas de defensa de los refugiados, los emigrantes, y de lucha contra la islamofobia respecto  de millones de musulmanes que viven con nosotros.

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