¿Es mala la desigualdad?

¿Es mala la desigualdad?

Angus Deaton, Premio Nobel de Economía 2015 por sus estudios sobre la desigualdad, estuvo la pasada semana en España con ocasión de una conferencia magistral en la Universidad de Alcalá al celebrarse el décimo aniversario de su Centro de Políticas Publicas y de Gobierno. Las reflexiones de este economista escocés son de gran interés por cuanto hacen luz sobre cuestiones que suelen estar en el debate político español recubiertas con altas dosis de ideología.
Lo primero que sostiene Deaton es que el aumento de la desigualdad en España “ha sido modesto en relación con otros países de la OCDE”. Asimismo, se posicionó contra la renta básica universal -que ha sido rechazada mediante referéndum en Suiza pero que en España habría corrido distinta suerte-.
Este Premio Nobel explicó que “la desigualdad es muy compleja y es simplista pensar que es algo bueno o malo”, a la vez que recordaba que “el progreso ha sido siempre desigual”. Estas ideas parecen muy sensatas por cuanto van más allá de lo que habitualmente escuchamos acerca de la igualdad. Es más, no parece bueno que quien se esfuerza en sus estudios o en su trabajo tenga resultados de igualdad con quien es un vago, por ejemplo. Dice Deaton: “No tiene sentido condenar la desigualdad, es como decir que el progreso es malo. La desigualdad se produce cuando un grupo humano avanza. Así que no sólo es un indicador del éxito, sino un incentivo para alcanzarlo”. Pero una cosa es la desigualdad y otra la injusticia, absolutamente condenable esta última.
Frente a las visiones apocalípticas de la historia, Deaton sostiene que la Humanidad vive hoy uno de sus mejores momentos como producto de la reducción de la pobreza, la extensión de la democracia, la disminución de la violencia y el aumento de las personas educadas. Claro está que estos pronunciamientos se sustentan en bases empíricas, como puede comprobarse en su famoso libro El gran escape. El problema de los enemigos de estas tesis y, en general, de la libertad de mercado es que no leen y si en alguna ocasión lo hacen es literatura propagandística. La verdad en estos asuntos tiene bases científicas y no ideológicas.

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