España ante una nueva encrucijada

España ante una nueva encrucijada

Juan Manuel Ruiz Galdón
Doctor y profesor de la Universidad de Málaga

Con la crisis económica del 2008 España entraba en una senda económica que no ha conseguido cambiar y que habría que calificar de insostenible: el gasto cabalga muy por encima del ingreso, sean estos públicos o privados. ¿Y qué quiere decir esto?, pues que vivimos por encima de nuestras posibilidades. Ocho años con déficits permanentes, ¿cuántos años más podremos aguantar?
El anterior gobierno socialista no pudo, a pesar de sus medidas, conseguir cambiar la destrucción de empleo y la entrada de la economía en un ciclo recesivo. Se produjo una bajada de ingresos públicos y el comienzo de un ciclo de endeudamiento alarmante. Las comunidades autónomas no ayudaron al gobierno socialista y todas ellas aportaron dificultades para contener los déficits anuales. El complicado escenario les llevó, con un amplio consenso en las Cortes, a modificar el artículo 135 de la Constitución en busca de evitar el endeudamiento.
La llegada del gobierno popular a comienzo del 2012, no logró cambiar el ciclo hasta bien entrado el 2014 en que se advierten leves mejoras del ingreso público. Del mismo modo, se suaviza el gasto público, básicamente en el área de las inversiones, que no en las del gasto social, que seguía creciendo. El sector privado sí comenzó con reajustes y reducía su endeudamiento.
Como indicaba en mi reciente articulo “Quo Vadis España” en la Revista “Papeles de Trabajo” P.T. 2/2015, del Instituto de Estudios Fiscales, del Ministerio de Hacienda y Administraciones Publicas, el gasto social pasaba de unos 124 mil millones de euros en 2007 a unos 199 mil millones en 2014, un incremento de más del 50 por ciento. El gasto público total, en 2007 arrojaba una cifra de unos 420 mil millones de euros mientras que 2014 se cerraba con 462 mil millones. Se gastaba más. ¿Había algún problema? Pues sí, el ingreso seguía sin cubrir el gasto. En 2007 se ingresaban unos 442 mil millones y, en cambio, en 2014 se cerraba con apenas unos 400 mil millones mientras se gastaban 462 mil millones.
Recientemente, se publicaban nuevos datos, a nivel europeo, que vienen a confirmar el estudio anterior: “España recauda menos que la media de los países de la Unión Europea”. Por IVA, solo Italia e Irlanda logran menos recursos que España y somos el que mayor caída ha tenido en los últimos años en la recaudación por el impuesto que grava el beneficio de las empresas. Sin embargo, parece que España mantiene uno de los sistemas fiscales con los impuestos más altos de la Unión Europea. ¿Qué está pasando?
De otro lado, las cotizaciones sociales, ingresos que podríamos asimilar a impuestos, en 2014 representaba en 12,5 por ciento del PIB, unos 130 mil millones de euros, encontrándose por debajo de la media europea mientras los tipos de cotización, en cambio, sí se sitúan en la media europea. Conclusión, el deterioro del empleo y bajos niveles retributivos por los que se cotiza.
Mientras todo esto ocurre, las entidades locales, básicamente los ayuntamientos, parecen estar equilibrando sus cuentas, reducen su gasto y aumentan su ingreso, cerrando los ejercicios económicos sin déficits. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal acaba de poner de manifiesto la buena gestión económica de muchos ayuntamientos españoles en estos últimos años, lo que nos hace pensar que se debía producir urgentemente un proceso de trasferencias desde las autonomías al ámbito local.
Parece que el año 2015 ha mejorado la recaudación por tributos del Estado, lo que ayudará a cubrir el gasto público español en dicho ejercicio, pero aún seguimos con grietas en el sistema. Las comunidades autónomas, salvo las forales, siguen culpando al Estado por su incapacidad de dotarlas de más dinero para cubrir sus gastos y el Estado no puede recaudar lo que se necesita para contentar a todos. Cierto es que hay que revisar el modelo de financiación de éstas, junto a las de las Entidades Locales, pero con toda seguridad no habrá un modelo que contente a todos, ni el dinero que demandan todos.
Hace unos días, el Fondo Monetario Internacional volvía a revisar al alza el crecimiento español, por encima de otras economías más avanzadas del mundo, y eso que su valoración se realizaba después de las elecciones del 20-D que dejaba a un Parlamento con grandes dificultades para escoger a un nuevo Ejecutivo. Quizás este organismo confía en que el “interés general en España” ponga en común los deseos de los votantes españoles a través de sus representantes.
Esperemos que esto sea cierto y que nuestros políticos sepan interpretar que a muchos millones de españoles/as les unen claros intereses que van más allá de los colores políticos de las listas votadas. Es momento de dialogar, como anteriores políticos lo hicieron en momentos muy difíciles, y que nuestros actuales representantes piensen más en nosotros que en sus intereses. Estamos en un momento en que, ante la multitud de caminos a tomar, esperemos se escoja aquel que apuntale el repunte económico, acentuando una mejor distribución de la renta y la sostenibilidad del estado de bienestar conseguido después de años de progreso.

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