Feo, fuerte y for-Trump. Carmelo San Martín Díaz-Guijarro - El Sol Digital

Feo, fuerte y for-Trump. Carmelo San Martín Díaz-Guijarro

Loquillo y Los Trogloditas buscan piso soleado por la zona de Washington. Sus bizarras canciones gustan en la Avenida Pensilvania. De la chistera mágica americana ha salido un antiguo soltero de oro entradito en botox. Torrente for President y tal y tal. El espectáculo ha saltado de la fantasía del escenario a la vida real del patio de butacas. Lo malo conocido pareció peor que lo malo por conocer. Las discretas secretarias de la Casa Blanca reclaman más presupuesto para coloretes. Palideces desconcertadas. En los enmoquetados alrededores del Despacho Oval parece que la cosa sólo es apta para Mama-chichos bailonas y resabiadas. La libertad es descarada, sobre todo si está acostumbrada a hacer lo que le da la gana. Donald no es políglota, vale, pero se defiende bien al teléfono frente a otros pseudocolegas: “¡tu padre!”, “¡desgraciao!”, “¡que te pego, leche, que te pego! Quizás la mala baba anaranjada del César sea por abusar de la tarta de zanahoria, digo yo. En fin, toreo de salón con crema de cacahuete. Desengañémonos, la América “cool” de los Obama necesitaba un grosero y sudado piropo por la calle. Fingida sordera, pasito rápido y la autoestima nacional cotizando al alta. Sí, porque yo lo valgo, ¿qué pasa?. El Tío Sam ha dejado de mirar fijamente al frente, al paso de la totémica Primera Dama. Contra esta emigrante de alta costura, Helena no lo hubiera tenido tan fácil. La Asociación del Rifle presenta armas y mira de reojo a ese pedazo de pecado europeo. Woody Allen merodea por las cercanías, negando por tres veces a los Demócratas. Pepe Isbert también se acerca, con sombrero cordobés en mano. D. Mariano le paso con D. Donald. Gracias hija, … por favor las sales. Baja el telón y desde la intimidad nocturna presidencial se eleva quedamente al cielo un sencillo “Ronald Reagan de mi vida, eres niño como yo…”.

Los nuevos tiempos no se llevan bien con la corrección política. Lástima. Tanto secreto al descubierto no invita a la urbanidad. Antes, al menos, la discreción y buenos modales servían como pintura de uñas para las garras del demonio, que haberlo “haylo”. Sigfrido ya no anhela la libertad de su encierro, mientras pueda seguir trasteando impunemente en twitter o facebook. Los mensajes cortos engendran respuestas cortas. ¡Marchando una de emoticonos con corte de mangas! Las reglas de la vida son sencillas, aunque difíciles de cumplir, y sino que le pregunten a Adán y Eva. El nuevo “Deseado” sabe que ya no se lleva el cortejo. Tonterías paticortas, no todos los multimillonarios son presidentes. El buenrollismo no sirve contra el miedo de los blancos descamisados. ¿Quién no confiaría en Clint Eastwood, aunque fuese disfrazado para carnaval? La USA (perdón por el singular) profunda ya no puede aguantar más tiempo sin quitarse un rato las botas de cowboy. Cuestión de juanetes, no es para tanto. La tierra de las oportunidades necesita respirar profundamente en su esquina. Trump se ha arrodillado ante ella y con un anillo en la mano le ha dicho que será un buen marido y un buen padre para sus hijos. USA le ha creído porque le recuerda a su padre muerto antes de la globalización, rudo, cierto, pero en el fondo con buen corazón, y por supuesto con un par. El nuevo rumbo del Imperio apunta a que cuidar de famélicas amistades es dar de comer a gorrones. ¡Un muro, y a tomar viento! Cualquier sacrificio ajeno es poco con tal de regresar al añorado modo de vida americano en cinemascope y technicolor. Los mejicanos, resignados, ya andan entretenidos acopiando enormes bloques con forma de queso gruyere. Antes de irme, tócala otra vez, Sam. Me refiero a una canción, Melania.

Carmelo San Martín Díaz-Guijarro

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