Francia y la Unión Europea en la encrucijada, por Carlos Ramírez, abogado - El Sol Digital

Francia y la Unión Europea en la encrucijada, por Carlos Ramírez, abogado

Estamos cerca del precipicio, y no sabemos si avanzamos o retrocedemos. Tras el resultado del Brexit del año pasado en Gran Bretaña, que ha ocasionado innumerables incógnitas, desencuentros entre países y una división sin precedentes en la sociedad británica, esperamos el resultado definitivo de las elecciones presidenciales en Francia el día 7 de mayo.  Hace algunos años era impensable que ante un candidato de centro izquierda con un rival con posicionamientos de extrema derecha hubiera temores por un resultado. Sin embargo, la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, obtuvo en la primera vuelta de las presidenciales un más que meritorio segundo puesto con un 23 por ciento de voto que la situaban frente al centrista Emmanuel Macron el próximo 7 de mayo.  Las posibilidades son, en principio, escasas, pues todos los partidos franceses apoyarán activamente o de forma más tibia al ex ministro independiente en un gobierno socialista, Macron, por rechazo a Le Pen. El duelo será desigual y feroz entre dos visiones del mundo diametralmente opuestas[1]. Para llegar al Elíseo, el partido ultra fundado en 1972 por Jean-Marie Le Pen tropieza con un sistema electoral a dos vueltas que le imposibilita el paso en la segunda, por su falta de reserva de votos. ¿Y dentro de cinco o diez años? Ahora sus temas centrales son el islamismo radical y la inmigración que colapsa servicios públicos además de la salida del euro. ¿Y dentro de cinco o diez años? ¿Seguirán enquistados los problemas o se habrán aliviado?

Los partidos tradicionales de la derecha, Los Republicanos, y de la socialdemocracia han sido apartados de esta carrera con unos resultados de un 19 por ciento para el primero y un 6,2 por ciento para el segundo, golpeado por el candidato de Francia Insumisa. Ahora empieza el tiempo de la recomposición. El candidato izquierdista, Mélenchon, con un 19 por ciento de votos se conecta con formaciones como Syriza, en Grecia, Die Linke, en Alemania o Podemos, en España. Su proyecto es poner fin al régimen oligárquico producto de la hegemonía neoliberal del sistema capitalista, redistribuir la riqueza para reducir las desigualdades, convocar una asamblea constituyente para fundar la VI República y propugna el derecho de voto a los 16 años e integrar en la nueva Constitución el derecho al aborto y a una muerte digna, y rebajar a 60 años la edad de jubilación con 40 cotizados. Lo imposible.

Los franceses votarán mayoritariamente a un candidato sin afiliación política, a tres meses de unas elecciones legislativas en las que ese candidato no tiene un partido político que lo apoye sin candidaturas ni programa que las respalde. Inverosímil.  Los franceses se quejan de la situación económica con 5 millones de desempleados, los efectos de la globalización en la economía, la inmigración no integrada, el islamismo, las distorsiones en la UE con sus efectos negativos, la pérdida de soberanía, la identidad nacional, etc.  El duelo promete ser feroz entre dos visiones del mundo diametralmente opuestas.

En el resto de los 26 países de la Unión Europea hay tensión de unos países que quieren avanzar a dos velocidades, que no admiten directivas de Bruselas en materia de inmigración forzosa de los Balcanes o de África; derechos de homosexuales; libertades de aborto; libertad de tránsito; ausencia de controles a entrada de capitales, y un largo etc. La fuerte desafección social originada desde la gran crisis económica volcada hacia la austeridad ha limitado el modelo social europeo, el desarrollo de una mejor política económica y el acompañamiento decidido de una agenda social creíble podrá abordarse el rescate de los sectores de población, decenas de millones, de desempleados, marginados y excluidos. Frente a ello, surgen los extremos, la izquierda totalitaria y los populismos nacionales.

La Unión Europea pretende aprobar cuatro iniciativas inmediatas sobre la mejora de la conciliación entre la vida laboral y la familiar, sobre la protección social (incluidos los desempleados), la contratación y la jornada laboral. Son muy concretas, aunque sobre algunas se actuará mediante normativa inmediata y en otras con procedimientos más lentos. Europa pretende pasar de una agenda muy liberal a otra agenda más socio-liberal, y así el brazo ejecutivo de la UE pretende reaccionar al profundo malestar que procede del aumento de la desigualdad, los riesgos de pobreza, la precarización del empleo, el alto nivel de paro que persiste en varios países, los efectos secundarios de la globalización y otros problemas. La Comisión propone dar 10 días de permiso de paternidad, en una UE en la que Holanda acaba de rechazar elevar de dos a cinco días un permiso que en otros países ni siquiera existe. Planea dar cinco días remunerados al año a los padres para cuidar de sus hijos cuando estén enfermos. Y en la que quizá es la medida de mayor calado, proyecta poner en marcha un permiso parental retribuido de cuatro meses para que tanto padres como madres puedan tomarse un tiempo para cuidar a sus hijos hasta cumplir los 12 años. Ese permiso existía ya, pero era una excedencia sin sueldo. Si los Estados miembros y la eurocámara apoyan a Bruselas, esa excedencia —no transferible entre los progenitores— será posible con una retribución similar a la de las bajas por enfermedad. Esa medida permitiría elevar la tasa de empleo femenina y, a la vez, la natalidad, y con ello reduciría la necesidad de atraer inmigración que tiene la UE, a pesar del discurso ultra. Ese conjunto de propuestas persigue en última instancia reducir la dramática brecha de género europea: la tasa de empleo de las mujeres está 11 puntos por debajo de la de los hombres. Todas esas medidas, eso sí, no son directamente aplicables: requerirán legislar posteriormente. Y no tienen coste directo para el presupuesto de la UE. Lo previsible. La Comisión quiere ampliar la protección social a los autónomos y a los nuevos trabajos de la ‘economía circular’, un giro social y se alinea ostensiblemente con Macron. Bruselas necesita que esas ideas calen en Berlín, pendiente de las elecciones parlamentarias del 24 de septiembre, de resultados inciertos ante el auge de la extra derecha anti-islamista.

Sin embargo, las patronales no han tardado en rechazar el giro social, al entender que reduce la competitividad e impone unas cargas que muchos países no se pueden permitir. Sin embargo, el peso de socialistas, liberales y bloque de izquierda europea es mayoritario y apoyarán a poner en macha el pilar social, durante casi diez años algo similar a un cascarón semi vacío. Y todo ello en una Europa sin liderazgo, que teme o rehúye de sus orígenes y que abstraída no se compromete ante peligros internos que multiplican el tumor, sigue impávida para responder a los grandes problemas de 26 países distintos y con problemas muy diversos.

La economía ha mejorado en estos años, pero la crisis es ya política.  La globalización, la inmigración, el envejecimiento poblacional, las tensiones religiosas, la lucha contra el crimen organizado, los paraísos fiscales, la corrupción, el modelo social, ejercerán una enorme presión sobre el modelo europeo en los próximos años. El legado de la crisis económica sigue pesando, y la amenaza de ultras y del populismo es evidente.

[1] http://www.elperiodico.com/es/noticias/internacional/pen-que-esta-juego-supervivencia-francia-5992101

 

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