Francisco Serrano, juez de Familia en excedencia: “De cada 100 denuncias por maltrato, 5 son reales” - El Sol Digital
Francisco Serrano, juez de Familia en excedencia: “De cada 100 denuncias por maltrato, 5 son reales”

Francisco Serrano, juez de Familia en excedencia: “De cada 100 denuncias por maltrato, 5 son reales”

Publicado en Actuall

Francisco Serrano, juez de Familia en excedencia: “De cada 100 denuncias por maltrato, 5 son reales”

Francisco Serrano, juez de carrera y hoy abogado, ha resurgido de las cenizas en las que le intentó sepultar la ideología de género y la corrección política. Apuesta por la custodia compartida, tacha de “disparate” el adoctrinamiento sexual a menores y vive esperanzado el ascenso demoscópico de Vox.

Nicolás de Cárdenas –

Durante un tiempo, Francisco Serrano fue conocido como ‘exjuez’, al que la corrección política y varias sentencias que a posteriori se han conocido erradas, le llevaron a ser expulsado de la carrera judicial.

Casi una década después de comenzar su personal calvario personal y profesional, Serrano ha recuperado su condición de magistrado, ahora en excedencia, después de lavar su honor y retornar, durante un breve espacio de tiempo, a su querido desempeño de impartir justicia en favor de la familia y muy en especial de los menores víctimas inocentes de los fracasos matrimoniales de sus padres y de las mujeres que han sufrido la violencia irracional de aquellos hombres –si es que se les puede llamar tales- en los que confiaron para compartir la vida.

La Justicia ha tardado casi una década en rehabilitarle en su condición de magistrado, y ahora hace para Actuall balance de esta epopeya, al tiempo que analiza asuntos de actualidad como el entramado creado alrededor de las leyes de género y de supuesto combate contra la violencia machista, el diseño ideológico del nuevo gobierno, la crisis estructural y de ideas del Partido Popular o la deriva secesionista en Cataluña.

Ha vuelto a la judicatura tras un proceso judicial, pero sobre todo social y mediático durísimo que ha durado casi dos lustros. ¿Se siente compensado en su honor y en su labor profesional o la lentitud hace irremediablemente injusta a la propia justicia?

El daño ya se hace irreversible porque yo he sido un juez de carrera, vocacional: estudié Derecho con la idea de ser juez y saqué también las oposiciones a fiscal en el año 1991. Pero desde el primer momento mi idea era ser juez.

En el año 2010, por hacer bien mi trabajo, por no ser un juez políticamente correcto, sufrí un castigo tan desproporcionado como la expulsión. Unos meses antes ya me habían avisado de que me tendrían que expulsar de la carrera judicial por lo civil, por lo penal, por lo disciplinario o por lo militar. No deja de ser una represalia por no haberme amoldado y no ser socialmente correcto.

Ha sido un trayecto muy duro, muy duro. Personal y familiarmente. Pero al final me he tenido que reinventar, me he rehecho. He vuelto a la carrera judicial -quizá no como yo quería- pero ya demasiado tarde por lo que ahora he tenido que pedir la excedencia y me he tenido que ir de esa carrera judicial a la que amo y a la que regresaré, pienso, antes de jubilarme, pero ahora he emprendido otros caminos y tengo otras metas.

¿Cree que su caso ha servido de ‘aviso a navegantes’ para otros jueces?

Ha sido un aviso a navegantes. Aquí sólo se puede seguir la ideología que te marcan desde las estructuras del Estado y que nunca son las mejores ideologías, las más correctas moralmente. Por supuesto, los jueces tenemos que estar sometidos a un solo imperio, que es el imperio de la ley. Cuando a los jueces se les dice que tienen que estar preparados y formados en perspectiva de género algo anda mal en ese Estado. Estamos volviendo a estados de tintes totalitarios.

Aquí no tiene que estar ningún juez sometido a ningún tipo de ideología. Tiene que estar sometido al principio de la objetividad que marca la prueba y al imperio de la ley. Pero ¿perspectivas ideológicas, perspectivas de género? Por supuesto que no. Ahora, los jueces que en un momento dado se rebelan contra este tipo de adoctrinamiento, de fanatismo ideológico, tienen ese tipo de represalias. Desde luego yo, cuando haya una justicia libre de ese tipo de concepciones y de imposiciones ideológicas volveré mucho más contento. Esa era la justicia en la que yo creía, en la que yo empecé a estudiar las oposiciones con 23 años y en esa carrera judicial a la que entré con 25 años.

Antes comentaba que las presiones habían comenzado antes del asunto concreto por el que le expulsaron de la carrera. ¿Por qué comenzó ese señalamiento? ¿Qué había hecho usted antes de este caso?

Antes de eso había sido un juez que me había limitado a defender siempre en los problemas y conflictos de familia a los más necesitados de protección que siempre son los niños. De hecho, fui premiado en el año 2004 por proteger a mujeres que estaban sufriendo situaciones de maltrato. Fui el primer juez que puso en España una medida de alejamiento cuando todavía no existía ni por asomo la ley de 2004 basado en lo que dice la Constitución en el artículo 15 del derecho a la protección de la libertad, la salud, la integridad y la vida. En este caso de una mujer y de sus hijos que estaban sufriendo maltrato. Eso lo hice ya en el año 1999.

Lo que pasa es que me he mantenido en una misma línea de equidad. Cuando la ley ha vuelto otra vez a oscilar, porque las tres leyes que funcionan en España son la ley del embudo, la ley de la gravedad y la ley del péndulo. Son las únicas que funcionan en España. Pues en esa ley del péndulo volvimos a entender que esa igualdad que realmente buscamos hombres y mujeres, ese feminismo por la igualdad por el que todos abogamos, no se podía convertir en un fanatismo ideológico, en una ideología de género que no tiene nada que ver.

Denuncié que había situaciones de abuso, situaciones donde se estaba denunciando por motivos espúreos. Denuncias que no sólo son falsas, sino que son denuncias abusivas. Hay muchas mujeres que sufren situaciones abusivas de maltrato que no se atreven a denunciar ante esa situación de abuso. Hombres que se están suicidando, situaciones que se están cargando la familia, niños que se quedan sin padre y sin madre… Eso la ley no lo estaba corrigiendo adecuadamente.

Como eso lo denuncié en el año 2009, a los tres meses de hacerse pública esa denuncia como juez -y claro, que eso lo diga un juez era algo muy grave- me encontré como respuesta esa denuncia absurda por permitir que un niño saliera en una procesión de Semana Santa.

¿Está cada vez más asentado el delito de opinión en España?

El delito de opinión es otra de las consecuencias de esa ley del embudo. Depende de quién diga la opinión. Si unos opinamos de una determinada forma, resulta que nos persiguen por delito de odio. Si quien opina de otra forma -normalmente esa izquierda ultramontana que hoy tiene derecho a todo- pues no pasa nada porque se interpreta como derecho a la libertad de expresión y de opinión.

La libertad de opinión la tenemos que tener todos,  siempre que no conculque otros derechos fundamentales, siempre que no choque contra el derecho al honor, a la imagen de otras personas. No se puede atacar de forma desconsiderada la imagen, el honor y la intimidad de otras personas. Pero claro, yo puedo hacer un escrache contra determinadas personas porque yo soy así de guay y resulta que si el escrache me lo hacen a mí eso está muy mal. Eso se llama la ley del embudo, que es una de la leyes que mejor funcionan en España y que se viene aplicando también, por desgracia, por los tribunales de justicia que no son ajenos a esta presión social.

¿Qué se puede esperar de normas en trámite como la ley mordaza LGTBI a nivel nacional?

Una sociedad democrática se tiene que basar en el respeto, en la tolerancia, pero ese respeto y esa tolerancia no tiene que acabar con la ley del péndulo para que las personas que no tenemos una determinada orientación sexual tengamos que tener vergüenza por ser heterosexuales. No nos tienen que imponer ni adoctrinar con ningún tipo de concepción ideológica. Los padres tenemos el derecho, porque está previsto en la Constitución, de poder educar a nuestros hijos en la forma que creamos que sea conforme a nuestras convicciones y con nuestras ideas.

No, no. Usted tiene que convencer a los niños de que la mitad de los que están en una clase, como he llegado a leer, resulta que son homosexuales o trans. Pues mire usted, el que lo sea, cuando tenga 12 o 13 años, hay que respetarlo y dar a ese chiquillo o a esa chiquilla todo el apoyo del mundo, toda la ayuda, fomentar que no sufra ningún tipo de discriminación. Pero que a niños con cuatro o cinco años les promocionemos la homosexualidad es un disparate.

Hubo un científico en los años 50 y 60 en los Estados unido, el doctor Money que intentó un experimento con dos gemelos, que terminó con el suicidio de los dos gemelos. Aquí no podemos jugar a ser dioses que estamos jugando con la naturaleza y queremos imponer incluso nuestra concepción del relativismo moral a la propia naturaleza. Eso es una barbaridad y el tiempo pasará factura y las generaciones futuras van a pagar la factura por los errores de estas concepciones ideológicas.

Como especialista en Derecho de Familia, ¿considera que la institución más básica de la sociedad está desprotegida desde el punto de vista jurídico? ¿Es necesario una mayor protección jurídica?

La familia es la célula que constituye la esencia, el núcleo que da estructura a lo que es la sociedad. Gracias a la familia podemos decir que el sistema no ha saltado, porque la mayor concepción de la solidaridad se da en la familia: la figura de un padre y de una madre, unos abuelos, lo hijos…

Eso no quita que haya otro tipo de familias que tenemos que dar cabida. Que aquí, como he dicho, tenemos que ser tolerantes y respetar otro tipo de familias: familias unipersonales, familias de madres separadas -que hemos de apoyarlas-, pero también de padres separados, de familias de padres divorciados. Hoy en día no existe un solo modelo de familia. Existen muchas maneras escalonadas de familia. Porque la sociedad del siglo XXI no es la sociedad tan monolítica que existía a mediados del siglo XX o incluso cuando estrenamos la Constitución. Hoy la sociedad es una sociedad variopinta y la familia también es variopinta. Pero tenemos que proteger a la familia como el núcleo y la esencia, precisamente, que estructura la sociedad. Porque sin la familia esa sociedad está perdida.

Una de las instituciones que está sufriendo más ataques es la familia, por quien se quieren cargar el sistema. No mejorar el sistema, sino cargárselo desde sus cimientos. Y para eso hay que cargarse sus instituciones fundamentales. Y una de ellas es la familia.

No es solamente que no se la proteja. Es que se está atacando la figura del padre, a la figura de la familia, porque se quiere que sólo existan familias que las nuevas concepciones ideológicas imponen.

¿Cuáles serían los tres efectos más beneficiosos de que la custodia compartida fuera el régimen preferencial en caso de ruptura?

Voy a decirlo para las tres personas, las patas del taburete que conforman una custodia. Primero, para los niños, porque los niños no se separan ni de su padre ni de su madre. Y en esta sociedad del siglo XXI hay padres que están implicados en la crianza de sus hijos, que están involucrados en su educación y su cuidado, que no quieren ser padres, como yo digo, de las ‘pes’: periférico, pagador de pensiones, procreador y protector.

El niño requiere de la presencia del padre y de su madre. Porque estamos en una sociedad en la que, quitando la lactancia, tan preparados estamos los padres como las madres para el cuidado de los hijos. Es bueno para los niños, por tanto, no separarse. Que tengan una implicación y que sigan disfrutando en igualdad de derechos y de obligaciones de su padre y de su madre. Porque los niños son los que tienen derecho a tener un padre y una madre.

Para esos padres implicados, que no son padres ya del siglo XX, sino del siglo XXI, es bueno porque si no están perdiendo una calidad en lo que es la educación y la crianza de sus hijos. No sólo en tiempo, sino también en calidad de tiempo en la crianza de sus hijos.

El mayor peligro que tienen las madres, el mayor techo de cristal por el que no pueden empoderarse es que se ocupan del cuidado de los hijos. Si queremos que las mujeres no sean esclavas, esa mujer que se tiene que ocupar de la casa… Si queremos que haya una verdadera conciliación de vida laboral y vida doméstica, conciliemos vida laboral y vida doméstica para las madres procurando igualdad también en la educación y la crianza de los hijos.

Los equipos psicosociales actúan como peritos, pero sin la independencia establecida en la ley y muchas veces ajustan sus trabajos a lo que les pide el titular del juzgado al que están adscritos ¿no supone esto una anomalía jurídica?

Eso hay que regularlo. Hay que homologar a los equipos psicosociales para que puedan ser equipos que realmente se dediquen con objetividad e imparcialidad sin ninguna concepción ni pre-convicción ideológica a su trabajo que es preservar el interés de los menores y que den a los jueces el apoyo, la información, el asesoramiento pericial suficiente para que los jueces puedan adoptar decisiones también con esa objetividad e imparcialidad.

¿Qué responsabilidad se le puede exigir a miembros de equipos psicosociales que no están colegiados en colegios de psicólogos? Vamos a colegiarlos, vamos a exigirles responsabilidades y vamos a homologar sus funciones para poder exigir responsabilidades. Porque muchas veces, los errores principales de las sentencias no están en los jueces, sino en informes que son un auténtico esperpento. Además, hechos sin técnica ni rigor científico. Hay que exigirle una metodología a todo científico, a todo perito psicólogo, sea de un equipo psicosocial o sea de parte.

Parece que desde estos equipos se están haciendo unas funciones sabiendo que, como no tienen responsabilidad, pueden hacer un disparate y un esperpento de expediente. Las consecuencias muchas veces pueden ser el futuro y la felicidad de un niño.

Cada vez son más los hombres -y mujeres- que denuncian maniobras judiciales como denuncias de malos tratos falsas o instrumentales. ¿Es ese un asunto que antes o después va a estallarle a la Justicia?

Va a estallar, pero cuando estalle ya nos hemos llevado varias generaciones por delante. Es como lo de los campos de fresas de Huelva, es que son instrumentales. En el país de la picaresca, que es este, resulta que decirle a hombres o mujeres que por el hecho de denunciar van a obtener unas ventajas enormes, por ejemplo, que te den una vivienda gratis, habrá gente que denuncie. Y de hecho hay parejas que se ponen de acuerdo para denunciar y obtener una pensión activa de reinserción de mujer maltratada.

¿Eso a quién perjudica? A las mujeres que sufren maltrato. De 100 denuncias, a lo mejor 5 son reales, que son cinco mujeres que están en peligro. Para que haya una situación de denuncia tiene que haber una situación de abuso, de violencia machista, de desigualdad. Pero decir que hoy en día, entre hombres y mujeres en España, existe siempre y en todo caso situación de desigualdad… Parece que estamos en el país donde todos los hombres por el hecho de ser hombres somos maltratadores y las mujeres por el hecho de serlo son maltratadas.

Hay mujeres maltratadas y hay en la familia otras personas que sufren maltrato que no son objeto de ninguna protección. Vamos a dar la protección a aquellas personas que son realmente víctimas. Que la discriminación positiva se concrete y no se generalice.

Estas denuncian falsas provocan una situación en las  que el varón acaba viéndose tan atrapado que a veces puede pensar: o me suicido o la mato…

Es que además, en esto de las denuncias falsas quien habla en los medios de comunicación, y a quien se les pregunta, es precisamente a quienes viven de esas denuncias. Es como si a un delincuente se le pregunta que qué piensa de ese delito. Esto hay que preguntarlo con carácter objetivo. Es que se lo están preguntando a asociaciones, a instituciones, a medios, incluso a ámbitos profesionales que viven  precisamente de eso. Vamos a hacer estudios científicos rigurosos y vamos a hacer estadísticas rigurosas.

Si yo quiero demostrar que en España no hay personas pobres, pues hago una estadística entre gente de La Moraleja. Conclusión: en España no hay pobres. Ya está bien de tomarnos el pelo.

Resulta que el fanático que está convencido de que hay que imponer la ‘biblia’ de género, cuando comprueba que la realidad no coincide con su planteamiento fanático, no cambia su planteamiento: lo que hace es cambiar y falsear la realidad. Eso es lo que está ocurriendo.

¿Cuáles serían las tres propuestas concretas a su juicio imprescindibles para combatir la violencia entre cónyuges?

De momento habría que redefinir lo que es la violencia en el ámbito familiar a las situaciones donde haya discriminación y desigualdad. La violencia no la podemos poner a la altura del techo porque por ahí entra absolutamente todo. Pongamos el concepto de violencia, de maltrato machista, a su justo nivel. Cuando haya una situación, como dice el preámbulo de la ley de 2004, de discriminación y desigualdad. Cuando el hombre ejerza violencia psicológica sobre la mujer porque considere que esa mujer, esa otra persona, carece de los mínimos derechos de respeto, verdad y capacidad de decisión.

Y después extenderlo a todos los ámbitos de la familia, a todas las personas que están en una situación de discriminación, de desigualdad y son víctimas porque haya otra persona que en el ámbito familiar les está haciendo la vida imposible desde un aspecto físico o psicológico.

Y después, hay que fomentar la igualdad de las relaciones paterno-filiales a través de la custodia compartida, con lo que desaparecerían también muchos conflictos y también favorecería a los niños. Una custodia compartida que sería un régimen prioritario que salvo prueba en contrario, se considere el más idóneo para atender a los hijos desde la separación. No quita para que haya supuestos donde una custodia exclusiva sea la más idónea.

Pero que se parta como régimen prioritario y preferente de un régimen de custodia compartida. Todo eso llevaría a un cambio muy grande de mentalidad. Ahora no vamos por esa línea, entre otras cosas porque hay mucha gente viviendo de la ideología de género en España.

¿Qué valoración hace del feminismo del que alardea el nuevo Gobierno de España? ¿En qué medidas concretas se puede traducir la ideología de género mayoritaria en el Ejecutivo de Pedro Sánchez?

Es pura demagogia. Un brindis al sol. Otra vuelta de tuerca porque aquí se dan bofetadas para parecer cada uno más progresista que el otro. ¿Por qué tiene que haber más mujeres que hombres? Es que a mí me da igual yo quiero las personas más capacitadas, sean hombres o mujeres. ¡Esas son las personas que yo quiero en mi gobierno! Las personas más idóneas, las más capacitadas. Que sean homosexuales me da igual, que sean mujeres, me da igual; que sean hombres me da igual. Quiero a los más cualificados y a los más preparados. Lo que tienen entre las piernas o su orientación sexual me da igual. Así que todo es demagogia, pero además con réditos electorales, a la vista está. Muchas veces el pueblo tiene el gobierno que se merece.

Usted ha vivido los últimos meses en Cataluña, en un momento especialmente complicado. ¿Tiene solución o el secesionismo está irremediablemente inoculado en la sociedad?

Es muy complicado. He estado ahí casi dos meses ejerciendo como magistrado de Familia. Cataluña es una tierra española maravillosa que tiene un problema social de crispación, de conflicto y de enfrentamiento gravísimo. Hay dos millones de personas que se declaran independentistas. ¿Cómo se ha generado el problema? Se ha permitido y se ha tolerado desde la educación y el adoctrinamiento. Porque el adoctrinamiento de género que hemos dicho antes también se está llevando en el adoctrinamiento ideológico independentista en Cataluña. Se han dado cuenta de que el adoctrinamiento y la educación en la enseñanza es el mejor método para imponer tus propios conceptos ideológicos y tus propios criterios.

A los niños pequeñitos en la Alemania nazi les inculcaban el nazismo y al final terminaban siendo de las juventudes hitlerianas. ¡Si es que está todo ya inventado! Al final, estos niños que nacen en el odio a España cuando tienen 17 o 18 años se manifiestan en contra de España y salen con la estelada. Y les dicen que España es lo peor, cuando lo que realmente tendría que estar fomentándose en Cataluña es la unión, la integración, el respeto. Y a esos niños están criándolos en el odio.

El problema principal que tendría es cambiar el sistema educativo. Por eso una de las propuestas de partidos como Vox es la recuperación para el Estado las competencias en educación de las autonomías porque si no, esto, perdón por la expresión, es el coño de la Bernarda.

¿Cree que el PP puede recuperar sus valores originarios o la disolución ideológica con el PSOE o Ciudadanos es irreversible?

La traición del PP en materia de política social es absoluta. El PP abandonó hace ya muchos años las banderas conservadoras, de lo que es el centro derecha en materia de política social. Recordemos que fue el que recurrió el tema del aborto. En el aborto hay que reconocer un derecho a la vida del nasciturus y parece ser que eso ya es totalmente de fachas, sin perjuicio del respeto que también merece la vida de la madre. Pero el nasciturus no es un cáncer que tiene una señora que se ha quedado encinta. Desde eso a todas las políticas sociales, desde la defensa de la ideología de género, el PP tiene la misma ideología que Pablo Iglesias.

Para mí, una ministra de Igualdad del PP, una ministra de Igualdad del PSOE o una ministra de Igualdad de Podemos o de Izquierda Unida no sé en qué se diferenciarían. Recordemos que la ley LGTBI la promovió la presidenta de la Comunidad de Madrid que era del Partido Popular.

¿En qué se diferencia la política del Partido Popular que la de Podemos que es de extrema izquierda? Lo que pasa es que el centro social en España, el centro político se ha desplazado a la izquierda, totalmente a la izquierda. Con lo cual, el que es de centro derecha ahora es de extrema derecha y es un facha.

Usted fue candidato de VOX en 2015 a la Junta de Andalucía. El partido cada vez suena más para hacerse un hueco en el Parlamento Nacional y además las elecciones autonómicas serán pronto. ¿Estaría dispuesto a repetir?

Es un tema que ahora mismo no me lo planteo porque acabo de regresar. He quemado una etapa de mi vida. Tengo también una familia y mis nuevos proyectos profesionales. Pero mis ideas políticas las tengo muy claras. El único partido que hoy en día creo que puede salvar la situación por la que está atravesando España, desde el problema principal que es el de la unidad, es Vox. Por eso, en cuanto he vuelto de la carrera judicial, donde por supuesto he tenido que darme de baja de todos los cargos, del ejercicio de la abogacía, de cualquier tipo de afiliación, he vuelto al partido que en mi convicción es el que puede hacer algo por este país. Saldrá o no saldrá, pero la idea es que por lo menos tener la esperanza, tener la ilusión de poder hacer algo por este país que merece la pena.

 

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