“Hasta cuando abusarás de nuestra paciencia”. Alejandro González Herrera - El Sol Digital

“Hasta cuando abusarás de nuestra paciencia”. Alejandro González Herrera

Senado de Roma, 8 de noviembre del año 63 a.c. Marco Tulio Cicerón pronuncia uno de los discursos más célebres de la Historia, las Catilinarias. Su primera oración dice “hasta cuando abusarás, Catilina, de nuestra paciencia”. De ésta manera, Cicerón, daba a conocer la conjura que preparaba el político Catilina para hacerse con el poder y destruir la República Romana. Gracias al mensaje del prestigioso Cicerón, Catilina y sus acólitos fueron descubiertos y huyeron de la ciudad.

 Más de 2.000 años después, existen muchos Catilinas, que por acción, omisión e inacción,  quieren destruir España, una de las naciones más antiguas del mundo. Autores como Julián Marias, afirman que el origen como nación de España se remonta al III Concilio de Toledo, celebrado en el año 587, por ser ésta la fecha en la que los visigodos, con su rey Recaredo a la cabeza, abjuraban del arrianismo, convirtiéndose en católicos y formando un mismo pueblo con el resto de la población íbero-romana. En todo caso, los cronistas del siglo VIII cuando hablan de la victoria de Covadonga, la mencionan como el origen de la “salvación de Hispania”. Pues bien, nuestra Nación (España fue nación antes que Estado) quiere ser destruida. El plan está trazado milimétricamente desde hace décadas y el escenario donde se está llevando a cabo se llama Cataluña.

Los españoles, que amamos nuestro país y su Historia, y que somos conscientes de la sangre que se ha derramado por defenderla y protegerla durante siglos, contemplamos absortos como ésta inadmisible tolerancia insana,  es el ropaje perfecto para que día tras día se ultraje nuestros símbolos y se desobedezcan nuestras leyes, sin una respuesta proporcional a tamaño insulto. ¿Quién te defiende España, hasta cuando abusarán de tu paciencia?

¿Quiénes son nuestros Catilinas, que llevan abusando de nuestra paciencia tanto tiempo?  A mi juicio hay dos partes bien diferenciadas.

 Por un lado, los partidos independentistas catalanes y sus terminales, personalizado hoy por hoy en Puigdemont;  por otro lado, el sistema oligárquico político que lleva gobernando España desde que murió Franco. (Por cierto, no había ciudad española donde el caudillo fuera más aclamado y recibido en olor de multitud que Barcelona).

Podéis preguntaros, como puedo colocar en una virtual equidistancia a las dos partes. Para ello cobra actualidad la frase de Blas de Lezo  cuando dijo que “la nación no se pierde porque unos la ataquen sino porque los que la aman no la defienden”.

A ambas partes, habría que preguntarles, letra por letra, como hacía Cicerón en el plenario romano a su adversario. Exactamente, le incriminaba así: ¿no te das cuenta que tus planes han sido descubiertos?… ¿Por cuánto tiempo tu locura se burlará de nosotros?… ¿Hasta que extremo ha de llegar tu audacia desenfrenada?…

A la oligarquía de partidos imperante, bajo la fórmula de monarquía parlamentaria, hay que explicarles, que la amenaza de ruptura del soberano territorio español es la constatación manifiesta y objetiva del fracaso del sistema político que ellos mismos se dieron en el 78 y que se está  mostrando inoperativo ante el desafío (proceso revolucionario) independentista. Nunca lo reconocerán, están encantados de haberse conocido.

El PP, con Rajoy a la cabeza, con su patético “don trancredismo” y sus complejos por doquier, deja a la Guardia Civil el trabajo sucio.

Al PSOE del irresponsable de ZP y su frase pronunciada el 13 de noviembre de 2003 dando alas al independentismo,  “apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catalán”, dijo. Su otra gran aportación fue “Otegui es un hombre de paz”. Curiosamente, ambas frases han acabado abrazándose por las calles de Barcelona.

Primero UCD, y después PSOE y PP han debilitado la nación, dejando las riendas del pueblo de Cataluña a desleales y sediciosos y partiendo en dos a la sociedad que la compone. La mayoría silenciosa no independentista está dejada de la mano de Dios ante el poder del dinero de quienes hace décadas mandan en la Generalitat y la violencia y coacción de sus esbirros. En estos 40 años, han sido incapaces de crear, lo que Ortega y Gasset definía como nación, “un sugestivo proyecto de vida en común”. Han despreciado el esfuerzo intelectual y educacional que supone poner esta idea en marcha. Dimitieron de este proyecto y se lo entregaron “gratis et amore” al  nacionalismo. Además, llevan haciendo la vista gorda a artículos muy concretos del Código Penal. No sólo lo creo yo, es el criterio de Don Antonio García-Trevijano, una de las mayores figuras intelectuales y jurídicas del mundo, cuando afirma “los nacionalistas llevan años cometiendo un delito de sedición”  ¿No es eso abusar de nuestra paciencia por omisión e inacción?

Los dirigentes independentistas catalanes, llevan abusando de nuestra paciencia, por obras y acción desde que Tarradellas dio paso a Pujol. Es difícil encontrar una clase política más corrupta, mentirosa  y victimista en toda Europa. Cada adjetivo lleva tal carga de profundidad que nos llevaría horas explicarlos.

El colmo de su locura separatista, es haber renegado de su histórica bandera, la señera, tan española como la que más, imponiendo a la gente un trapo pseudo-cubano cargado de odio y exclusión. ¿Hasta cuando seguiréis abusando de nuestra paciencia, por cuanto tiempo vuestra locura se burlará de nosotros?

 

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