Hotel Meliá Hua Hin Thailandia (II) - El Sol Digital
Hotel Meliá Hua Hin Thailandia (II)

Hotel Meliá Hua Hin Thailandia (II)

Salvador Vilches Gómez
Miembro de ASETHAN

Desde la Oficina Central salimos en un minibús hacia la casa de madera anunciada. La realidad era una nave inmensa construída en madera para almacenar la piña recién cortada para trasladarla a la fábrica que tenían en Prachuakirikan, a 250 kilómetros. En una esquina de la nave habían hecho dos habitaciones, la stándard y la de luxe room con todo género de detalles. La puerta de entrada, el baño la habitación y la superficie de la terraza estaban perfectamente decoradas, incluso con las lámparas, tv, minibar, detalles de escritorio, maletero, mesa de trabajo, mesa y hamaca de terraza etc.

Me llamó la atención que en la mesilla de noche estaba todo el sistema de alumbrado. A modo de cajón se había incrustado un panel abriéndose 45º y contemplando la velocidad del aire acondicionado, un mando para bajar o subir la intensidad de casi toda la luminaria de la habitación, mando del televisor incorporado en el mismo panel, en fin algo novedoso.

La standard room tenía un gran maletero, en realidad todo era grande porque se tenían que rellenar 41 metros. El televisor sería de 42”, el minibar era por llamarlo de alguna forma una nevera de doble puerta, el mueble que tenía estos dos elementos era más alto que la mesa de trabajo. Lógicamente, el supermaletero era más bajo, el conjunto de los tres muebles eran agradables, iban subiendo como si de una escalera con sus peldaños se tratara. Había dos camas de 1,05 por 2 metros. Los cabeceros de madera imitaban ramas de árboles. Las colchas y cortinas en tonos verdes y amarillos simulaban las hojas de las piñas. La habitación estaba pintada de amarillo pálido con una moldura en marrón separando el techo, de blanco.

Kun (señor en Thai) Prachit (la propiedad) solicitó mi opinión sobre la habitación que estábamos viendo. Le contesté que, a mi juicio, la habitación se veía vacía de mobiliario. De acuerdo con el conjunto de muebles, las camas tendrían que ser, a pesar de individuales, de 1,35 por 2 metros, de esta forma estaría más vistosa ya que la decoración era muy agradable. Respecto al cuarto de baño dije simplemente que no me gustaba. Una superficie de baldosas blancas en suelo y paredes con una plancha de granito negro y dos senos (lavabos) por baño, aparte de inodoro y bañera.
Allí mismo Kun Prachit indicó a los asistentes mi opinión sobre las camas y se aprobó sobre la marcha.
De vuelta en la Oficina Central, Kun Prachit me presentó a Kun Roumsin, su cuñada, como mi jefa directa a partir de ese momento. Con ella despacharía el día a día y con él me reuniría todos los miércoles para el meeting semanal de construcción.

Ese mismo día me presentaron a mi secretaria, una chica muy joven llamada Kun Pin, universitaria y con un inglés perfecto, fue mi mano derecha durante dos años y jamás tuvimos una discusión por pequeña que fuera, todo lo contrario. Su fidelidad era algo increíble, todo lo contrario de lo que sucedió en el Hotel Arnoma de Bángkok, el cual no quiero recordar en ésta vivencia.
El fin de semana siguiente lo pasé en Hua Hin. Me alojé en el Sofitel que estaba, prácticamente, a dos metros de la parcela donde ya se había empezado la excavación para los cimientos. Este hotel tenía 45.000 metros cuadrados de jardín y 180 habitaciones, gran lujo de verdad, tenía hasta un museo llamado del reloj, dos plantas de edificación en torno a un edificio principal con las instalaciones de restaurantes y varios bares alrededor de una piscina central. Pistas de tenis, mini-golf, gymnasio, sala de banquetes y un director holandés que me sorprendió desde el primer día de estancia en tan maravilloso lugar junto a la playa.

Thomas Van Vliet era un tipo alto, con un bigote rubio y perilla de dandy inglés, un poco mayor que yo, transmitía, casi siempre, una alegría contagiosa. Me puso todas las atenciones inimaginables en la suite donde me alojó e inmediatamente empezó a meterse con mi mujer relatando los peligros de nuestra profesión.

“Señora ¿cuando se divorcia? Es lo más usual si su marido es joven y hotelero bien posicionado. Las thailandesas irán a por él como las abejas a la miel, sin son filipinas todavía peor. Usted no se despegue mucho. El 70 por ciento de los directores europeos que vienen a estos países asiáticos terminan divorciándose, eso dicen algunas revistas especializadas en turismo. Personalmente, vine casado con una alemana, me divorcié y estoy viviendo con una filipina, desde hace cinco años, quiere casarse pero por ahí no paso.”
Nos reíamos con las cosas de Thomas pensando que hablaba en broma pero nada más lejos de la realidad.

Visitamos el pueblo y era agradable, puestos de comida por todos los rincones, restaurantes de lujo y anuncios de hoteles de cinco estrellas por cualquier lugar. Hua Hin está situado sobre una bahía donde había gran cantidad de barcos de pesca. Un barrio de cabañas a orillas del mar situados sobre troncos anclados a la playa, siendo la parte alta un restaurante de mariscos.

Sus aguas no eran transparentes ya que al estar batidas por olas levantaban un poco la arena del fondo, si tenía gran vegetación y edificios de condominios con exceso de altura, estoy viéndolos ahora en la distancia con más de veinte plantas por torre, algo desagradable bajo mi punto de vista, pero tendría que callar porque mi proyecto tenía 17 plantas, además de que estaba pegado a un hotel de gran lujo de una sola planta (bajo y primera). Cosas que pasan, tendría que navegar entre la belleza y algo nuevo que sin duda también lo sería por sus instalaciones, sin dejar de ser un bloque de cemento enorme pegado a la playa.

Dejaremos para un siguiente capítulo un montón de anécdotas.

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