“Incógnita Sudán”. Ramón Echeverría p.b. - El Sol Digital
“Incógnita Sudán”. Ramón Echeverría p.b.

“Incógnita Sudán”. Ramón Echeverría p.b.

Sudan es noticia. Todo comenzó el 19 de diciembre en Atbara (359 km al norte de Jartum) como reacción inmediata de un nuevo aumento en el precio del pan. A una política económica desastrosa cuando el petróleo era abundante, le ha seguido la pérdida de gran parte de los recursos petrolíferos tras la independencia de Sudán del Sur en enero de 2011. Y a pesar de que Estados Unidos levantó en 2018 las sanciones impuestas hace 20 años contra el presidente Al-Bashir, acusado de promover el islamismo terrorista internacional, la economía ha seguido deteriorándose. En 2018 la inflación alcanzó el 64 por ciento. Un dólar se paga en el mercado negro a 46 libras sudanesas (la tasa oficial es de 29,3 libras). Desde Atbara las manifestaciones se han extendido a las grandes ciudades y a la capital Jartum, transformadas en protestas contra el régimen de Al-Bashir. La represión está siendo brutal. 38 periodistas han sido acusados de propagar “noticias falsas”. Human Rights Watch y Amnistía Internacional dan la cifra de 40 muertos (24 según el régimen). La DFC (Declaración por la Libertad y el Cambio) que agrupa entre otras a la Asociación Sudanesa de los Profesionales (el Sindicato Sudanés de Médicos ha sido uno de las más activos en las protestas en Jartum), ha hecho un llamamiento para que el jueves, 24 de enero, se llevaran a cabo manifestaciones en todo el país pidiendo la dimisión de Al-Bashir.

El inicio en la periferia, y una creciente participación de jóvenes y miembros de la sociedad civil, parecen repetir los comienzos de la “Primavera árabe” tunecina cuando el 17 de diciembre de 2010 Mohamed Bouazizi se quemó a lo bonzo en Sidi Bouzid (280 km al sur de la capital) porque la policía había confiscado su carro de frutas. De hecho, numerosos activistas y opositores sudaneses esperan que Al-Bashir abandone el país (como el tunecino Ben Ali) o deje el poder en manos de otros (como lo hizo en Egipto Hosni Mubarak). Todo es posible. Pero ¿y después? En Túnez, a los Hermanos Musulmanes, tras años de ser perseguidos y de organizarse en la clandestinidad, les fue fácil asumir el poder y dejar de lado, al menos durante los tres primeros años del nuevo régimen, a los jóvenes (poco organizados) y a la sociedad civil (laica, pero muy dividida). En Egipto, donde los Hermanos Musulmanes han mantenido relaciones zigzagueantes con el poder, su candidato Mohamed Mursi fue elegido democráticamente presidente en junio de 2012, y fue derrocado un año más tarde en un golpe militar por el general Abdel Fattah el-Sisi. ¿Qué pasará ahora en Sudán, en donde Al-Bashir llegó al poder con el apoyo de los Hermanos Musulmanes que ahora parecen volverse contra él? Al-Bashir se presenta como defensor de la “Doctrina Islámica”. Esta semana, tras las protestas en Wad Madani, el presidente explicó que las dificultades económicas actuales se deben a la oposición regional e internacional contra los países que, como el Sudán, ponen en práctica la Ley Islámica. ¿Están entonces los islamistas divididos?

La restauración del Califato ha sido siempre el objetivo último de los Hermanos Musulmanes que prefieren sin embargo ir preparando el terreno sin prisas, pero sin pausas. Educar a partir de las bases e infiltrarse en las estructuras del Estado, es decir meterse en política, forman parte de su estrategia. Pero como decía Aldo Moro, el líder italiano demócrata cristiano que se atrevió a formar gobierno con los comunistas y por ello fue asesinado en 1978 por los extremistas de las Brigadas Rojas, “no se puede hacer política sin mancharse las manos” (“pero hay que mantener el corazón limpio”, añadía Moro). Y los Hermanos Musulmanes se han manchado las manos al asumir las aspiraciones nacionalistas y hacer política en Túnez, Egipto y Sudán. Ya en 1940, los estudiantes sudaneses que se adherían en El Cairo a la ideología de los Hermanos, prefirieron no aliarse con sus hermanos egipcios sino con sus conciudadanos de la cofradía sufí Ansar Al-Sunna y del partido Hibz al-Umma que luchaban por la independencia de Sudán. En 1964, tras ocho años de independencia, los Hermanos, dirigidos por Hassan al-Turabi, crearon el “Islamic Charter Front” por una constitución islámica. Y aunque Jafar al-Numayri, en el poder tras el golpe de 1969, se les oponía, los Hermanos aceptaron en 1977 participar en el gobierno, consiguiendo puestos importantes en la judicatura, educación y finanzas. Aprobaron en 1983 las medidas de Numayri en favor de los “hudud” (castigos previstos por la Sharia), y sin embargo, considerando insuficiente el islamismo de Numayiri, formaron en 1985 el Frente Nacional Islámico que se adhirió al golpe militar de Al-Bashir en 1989, y participaron en la Fuerza Popular de Defensa que persiguió de manera brutal a la oposición laica.

En el partido de Al-Turabi, la tendencia ideológica e internacionalista fue disminuyendo a partir de 1996, en que la ONU condenó la ayuda sudanesa a los terroristas que habían intentado asesinar a Hosni Mubarak. Con un doble resultado: Al-Turabi fue perdiendo poder y surgieron las divisiones en su partido. En 1999 Al Bashir suprimió el parlamento del que Al-Turabi era presidente. Entre 1999 y 2011 Al-Turabi fue detenido seis veces (en 2009 tras declarar que Al-Bashir era “políticamente culpable” de los crímenes por los que la Corte Penal Internacional quería juzgarlo). Y en 2008 los Hermanos Musulmanes eligieron a Al-Hibir Nur al-Dayyim como responsable general y se separaron del FNI de Turabi. Sin embargo, las relaciones con Al-Bashir no mejoraron. En febrero de 2012 los Hermanos Musulmanes, los salafistas del Ansar Al-Suna y el “Justice Peace Forum” crearon el Islamic Constitution Front (ICF), y amenazaron a Al-Bashir con la insurrección si no introducía para Sudán, ahora homogeneizado (Sudán del Sur se independizo en 2011) una constitución que aplicara totalmente la Sharia. El Popular Congress Party (nuevo nombre del partido de Al-Turabi) se opuso esa iniciativa, al mismo tiempo que acusaba al régimen de conducir el país al abismo. Una vez más los islamistas estaban divididos. En septiembre de 2013, ante la anunciada supresión de la subvención a la gasolina, los partidos laicos se opusieron a la medida. Y la “Sudanese Islamic and National Forces Alliance” (una nueva coalición islamista con la participación de los Hermanos Musulmanes), pidió a Al-Bashir que abandonara el poder y lo transfiriera a la coalición. En enero de 2015 los Hermanos Musulmanes se negaron a participar en unas elecciones generales de las que, -acusaban-, se sabían los resultados de antemano. Y en junio de 2016, las luchas por el poder interno llevaron a los Hermanos a dividirse de nuevo en dos facciones, la del actual responsable Ali Jawish contra la de su predecesor Al-Hibir Nur al-Dayyim. Tiene interés el notar que Ali Jawish había decidido romper toda relación institucional con Al-Bashir tras haber éste reconocido al nuevo presidente egipcio Abde-Fatah al-Sisi, que había derrocado a Mohamed Morsi.

Se comprende pues las preguntas que todos nos hacemos esta semana respecto a la “Incógnita Sudán”: ¿Cómo reaccionarán los Hermanos Musulmanes tras la caída de Al-Bashir? ¿Y si no cae?

 

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