¿Inseguridad ciudadana o sexismo? África Baeza Diaz. Ingeniera informática - El Sol Digital
¿Inseguridad ciudadana o sexismo? África Baeza Diaz. Ingeniera informática

¿Inseguridad ciudadana o sexismo? África Baeza Diaz. Ingeniera informática

En Actuall, 17 de diciembre, se publica un artículo de interés por cuanto aborda aspectos poco conocidos de la ideología feminista. Se parte de la base de que el feminismo considera que las agresiones sexuales a las mujeres no constituyen un asunto de inseguridad ciudadana, lo cual, la verdad, sorprende, porque objetivamente es inseguridad ciudadana, sin matices ideológicos, claro. El punto de vista de quienes defienden tan estrafalario argumento es que las víctimas son mujeres y, por lo tanto, ¡deben tener un trato diferente al que reciben, por ejemplo, las víctimas del robo a mano armada, que a menudo son hombres! Esa es la cuestión, que las mujeres merecen un trato diferente, aunque después se reclame la igualdad. La Constitución, que reconoce esa igualdad entre hombres y mujeres, castigada en un rincón porque no propicia el trato diferencial.

Para quienes defienden la ideología de género, las violaciones no son un claro ejemplo de inseguridad, sino de sexismo y tiranía patriarcal. Y ya está, resuelto el problema en un plis plas.

Las violaciones sirven así de herramienta para reivindicar privilegios. Por ejemplo, la llamada ley de violencia de género. De este modo, las mujeres no tienen responsabilidad sobre sus actos cuando se relacionan con los hombres.

Se lamenta una feminista de que “la petición de que nos responsabilicemos, tomando medidas de autocontrol, cala en nosotras”. ¿Y acaso no debería calar?, podemos y debemos preguntarnos. “¿No deben ser responsables de su comportamiento todos los seres humanos?”, se pregunta Actuall

Esta publicación apunta que el derecho a decidir comprende también decidir sobre la vida de los otros, como en el caso del aborto, podríamos añadir, y de suprimir la familia, la única estructura social que permite la reproducción de la especie en condiciones favorables. Así, el propio movimiento feminista, ante el supuesto yugo de la maternidad patriarcal, ha negado la propia maternidad, ha caído en un cierto discurso antimaternal y antirreproductivo; ha obviado la experiencia materna porque abordarla implicaba entrar en un debate complejo.

Para el feminismo actual “ser madre es desaparecer”. Si una mujer decide ser madre, deja de ser mujer. O algo así, lean:

“A la maternidad le hemos dado muchas vueltas, pero no hemos logrado desocuparla. Hemos luchado por desmontar la construcción según la cual no tener hijos nos convertía en no-mujeres, en mujeres venidas a menos. Ahora nos toca también dinamitar el concepto según el cual dejamos de ser mujeres precisamente al tenerlos y convertirnos en esa cosa abstracta, despolitizada, des-sexualizada y des-socializada que es La Madre”.

Pero el feminismo, al menos este feminismo violento, ataca la inteligencia y la capacidad crítica, enemigas de su ideología, pero que combata la inteligencia de los demás no excluye, ni mucho menos, una inteligencia estratégica, “el feminismo sabe que debe conquistar el poder adueñándose de los niños, adueñándose de su educación”, se señala en Actuall, que reproduce un interesante texto:

“La escuela también es, puede ser y debería ser, un espacio para la revolución social, para la transformación y la subversión, para cuestionar y cuestionarnos, para preguntarnos por qué las cosas son de ciertas formas y cómo podrían ser distintas, para desechar todos esos prejuicios y normas que nos dañan y nos excluyen, para pensarnos otras y pensar el mundo y sus ficciones de maneras distintas y mejores. Por eso, creemos en el potencial revolucionario de la escuela, en su poder de transformación y subversión. En unas pedagogías radicales, feministas, queer, que vuelvan la escuela un lugar extraño, alejado de la normalidad en la que está inmersa”. (Breve decálogo de ideas para una escuela feminista)

El feminismo solo defiende una igualdad que suponga privilegiar a un grupo en detrimento del resto, concluye Actuall, que añade que “junto a su carácter partidista, antisistema y antidemocrático (desigualdad), se diría que el feminismo de nuestros días no sabe nadar entre su propio chapapote sin recurrir continuamente al sexo:

«Está de moda la masturbación y está muy bien que esté de moda la masturbación, que se hable del sexo y que se hable del sexo femenino, pero sobre todo es muy importante que lo sigamos haciendo en catalán.” (Hay que masturbarse en catalán para que no nos invada el castellano)

Leonor Tamayo es madre de 10 hijos y presidente de la plataforma Women of The World y opina: “El ataque a la maternidad no viene de ningún heteropatriarcado sino todo lo contrario, viene del feminismo radical, ¡le sacan de quicio los hijos! y más aún las familias numerosas”.

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