“Inversiones” alternativas (II) - El Sol Digital
“Inversiones” alternativas (II)

“Inversiones” alternativas (II)

Israel Mármol
Economista

La “inversión” en arte se basa en la búsqueda de artistas infravalorados para adquirir obras actuales y esperar que el tiempo las ponga en su lugar y aumenten el valor de lo adquirido. El problema es tratar de anticipar el rumbo del mercado en el futuro y apostar por las tendencias, estilos y artistas concretos que van a revalorizarse. Si somos capaces de hacerlo, seguramente nadaremos en la abundancia. Si no lo somos, que es lo más normal, tendremos una heterodoxa colección de obras interesantes y apreciables junto a producciones que harán que nos duelan los ojos cuando pasemos frente a ellas y el valor promedio será eso, promedio. Aquí siempre nos dicen que “la obra del siglo XVIII francés ha aumentado muchísimo su consideración por los expertos y el valor se ha disparado”. El problema con todas las tendencias es que o las coges cuando nacen o tratar de subirse al cohete que ya ha despegado es difícil y caro. Si nos apuntamos al XVIII francés el valor ya lo habrá exprimido el anterior propietario y lo que quedara el marchante. Sobre si tratamos de adivinar si el XIV italiano será el próximo XVII francés sólo puedo decir dos cosas, buena suerte y hazlo con el dinero que no necesites.

Maderas, vino, fotografía, incunables, ¡gramófonos antiguos!… Las posibilidades inventadas para tratar de desplumar al incauto son innumerables y las revistas ¡de inversión! las mencionan todas las semanas y los periódicos sacan un artículo ¡en sus páginas de economía regularmente!

¿He mencionado que las modas y “fiebres” por artículos y épocas concretas se pueden crear fácilmente por técnicas de marketing promovidas por los mismos a los que interesa vender esos artículos y esas épocas concretas como los nuevos destinos inmejorables de la inversión?

2. Todos los bienes tangibles que compremos para “invertir” llevan incorporados a su precio de venta un 21 por ciento de IVA, al que hay que sumar el margen del marchante, galería o distribuidor, que será como mínimo de un 30 por ciento. Así que si hoy compramos un maravilloso Buda Indio de 110.000 euros estaría pagando 90.909,09 de PVP más el IVA correspondiente. La agencia recibiría unos 27.272,73 como el 30 por ciento del PVP en concepto de margen de intermediación y si fuéramos a venderla al día siguiente la misma agencia nos diría que nos puede ofrecer, precio de amigo, 63.636,27 como mucho, y siempre que se la dejemos en depósito y no cobremos hasta que la venda. Si queremos el dinero en efectivo lo mejor que nos pueden ofrecer no superará los 50.000.

¿Exagero? Hagan la prueba.
El único modo de que nuestra antigüedad sea realmente rentable para nosotros será que la adquiramos por una miseria a alguien que desconoce su valor, que la encontremos paseando por el campo o que forme parte de la herencia de nuestra tía abuela, la del pueblo, pero adquirirla ahora con expectativas de que la revalorización haga rentable la inversión es ilusorio.
Si la venta se realiza mediante agentes o costosas redes comerciales, con gran apoyo publicitario y en lujosas oficinas no hay duda: se trata de una pirámide de Ponzi y hay que salir huyendo a toda prisa. Da igual que hayan repartido “rentabilidades” superiores a la media durante 27 años, precisamente cuanto más tiempo las lleven repartiendo más probable es que se encuentren a punto de colapsarse y dejarnos colgados de la brocha. Si al IVA y al margen comercial hay que sumar las generosas comisiones ofrecidas a los comerciales y los abultados costes de estructura, lo que nos queda en las manos no vale más que una fracción mínima del precio que pagamos. No nos confiemos, ahora mismo se está gestando el próximo Forum Filatélico, Gescartera, Nueva Rumasa o emisión de preferentes y alguien está a punto de caer.

3. Ahora vamos a hacer un desarrollo un poco más técnico: el precio de una inversión se calcula descontando a una tasa determinada (que será mayor cuanto más riesgo suponga el proyecto) los flujos de fondos que genere más el valor residual que se le pueda otorgar. En cristiano, debemos comparar: El importe que depositamos inicialmente (A), en este caso el precio que paguemos, con signo negativo. Los importes que recibamos periódicamente (Qi), serían los dividendos de una acción o el alquiler de una propiedad, restando los gastos que suponga recibirlos, con signo positivo. El valor final o residual que obtengamos o preveamos obtener con la venta (Qn), con signo positivo.

¡Lee la primera parte aquí!

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