“Inversiones” alternativas (y III) - El Sol Digital
“Inversiones” alternativas (y III)

“Inversiones” alternativas (y III)

Israel Mármol
Economista

Todos los importes se deben dividir por un factor que será (1+k) elevado al año en que se reciba o pague el importe, siendo k la tasa de riesgo. En la ecuación se suponen tasas variables, pero se puede suponer constante. Este descuento refleja el riesgo de la inversión y el hecho de que un euro hoy vale más que un euro dentro de diez años, ya que lo puedo usar y consumir lo adquirido hoy y no asumo el riesgo de que en el futuro no lo tenga por cualquier razón.

Una vez obtenidos los valores corregidos los sumaremos y tendremos el Valor Actual Neto de la inversión y nos servirá para comparar inversiones alternativas prefiriendo las que tengan mayor VAN a las que lo tengan menor.

La ecuación es algo así:
El valor de la inversión es mayor cuanto

• mayores son los flujos futuros, tanto periódicos como residual
• menores son el precio (o desembolso) inicial y la tasa de descuento

Pues bien, en una inversión tangible

• el precio inicial suele ser elevado
• la tasa de descuento debe ser elevada ya que el riesgo de la inversión es alto, no suele haber mercados líquidos y eficientes de modo que los precios son manipulables y puede que tengamos que asumir pérdidas si queremos vender con urgencia
• no hay flujos intermedios, salvo que cedamos la pieza a algún tipo de exposición remunerada, caso no muy frecuente
• el valor final es difícil de conocer y para que la rentabilidad sea apreciable debe superar en mucho al de adquisición, lo cual se refleja en una tasa de descuento mayor, por la incertidumbre en que se cumplan las condiciones necesarias.

Por todas estas razones desaconsejo adquirir bienes tangibles con la esperanza de que supongan una buena inversión. Si nos gusta una pieza admirémosla y disfrutemos con ella sin pensar en que nos va a ayudar a la hora de jubilarnos. Si es así, miel sobre hojuelas, pero debería ser una casualidad que nos sorprenda, no un objetivo buscado porque tenemos muchas posibilidades de sufrir una amarga desilusión.

Anexo: ¿Inversión en metales preciosos? Oro, plata…

No me convencen. Sus precios son muy variables y sujetos a manipulaciones. Algo dentro de nosotros nos dice que son inversiones seguras y convenientes, sobre todo en estos tiempos de inestabilidad pero a esto argumentaría que

• los costes de almacenamiento y de seguridad suponen una carga sobre la rentabilidad final que la mermará considerablemente

• los precios actuales están disparados. Es muy peligroso tratar de alcanzar una tendencia en subida libre porque el impulso se puede terminar súbitamente y nos podemos encontrar en caída libre.

Veamos la evolución del precio del oro: un punto intermedio, el de 1983, que siguió a una moderada subida tras el batacazo de 1980 que corrigió los excesos inmediatamente anteriores. El que tuviera oro en 1983 no lo ha vuelto a ver al mismo precio hasta 2010… El que compró en 1980 pensando que la subida iba a durar siempre ha visto que sólo ahora, 32 años después, el precio se acerca al que el pagó. ¿No da un poco de vértigo la subida reciente? ¿Y la figura no se parece a la de hace 33 años? Esta semejanza de figuras no significa que la evolución vaya a ser igual, pero lo que sí es cierto es que una subida acelerada no puede ser eterna y el riesgo aumenta cuanto más empinada es la curva y cuanto más prolongada la subida.

Luego hay casos como el de los hermanos Hunt que en 1980 decidieron invertir en plata para especular y se estima que llegaron a controlar un tercio de todo el mineral existente en la época. Y en un sólo día se desplomó el precio un 50 por ciento y necesitaron una línea de crédito de 1.100 millones de euros para responder de sus contratos de futuros, aniquilando su propia compañía en las turbulencias que siguieron en esos años.

En un día la plata perdió el 50 por ciento de su valor. No es una cifra para tomar a broma.

¡Lee la segunda parte aquí!

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