Javier Torrox, la historia más reciente de Cataluña vista por un periodista - El Sol Digital
Javier Torrox, la historia más reciente de Cataluña vista por un periodistaJavier Torrox, el autor

Javier Torrox, la historia más reciente de Cataluña vista por un periodista

Vicente Almenara.-  Javier Torrox ha escrito un libro de actualidad, Golpe a la Nación. Crónica de una conjura consentida, pero con un acervo de documentación propia de un libro de historia. Naturalmente, estamos hablando de Cataluña, y hablar de Cataluña y seguir las páginas de este texto es indignarse del principio al final, lo que posiblemente resulte inevitable con la clase política que dirige la Nación y la que se le opone, aunque hay grados, por supuesto.

Lo bueno de un libro de estas características es que, tras leerlo, podremos apoyar en hechos lo que la mayoría sentimos, no consuela, pero fortalece la razón. El autor se encerró, si no en un convento si en su casa, hasta que tuvo lugar el parto, aunque después había que publicarlo, que esa es otra. Ahora toca, armados con el libro, hacer lo que se pueda, que es, por otra parte, lo que siempre ha sido.

Javier, ¿cómo y por qué este libro, Golpe a la Nación?

Inicialmente, este no era el libro que yo pretendía escribir. Quería escribir un análisis de cómo la sociedad había reaccionado al golpe que habría anulado la rebelión de la Generalitat de Cataluña y pretendía analizar cómo y por qué la sociedad se había revelado ante esa rebelión, cómo la sociedad había generado por sí misma y sin que nadie la impulsara una contrarrebelión, por así decir.

¿Qué sociedad, la catalana, la española?

La sociedad catalana y la española en general. Para poder exponer esto necesitaba, previamente, exponer qué era lo que había sucedido, y eso pretendía que fuera un capítulo inicial de la obra final pero, claro, cada vez que iba descubriendo nuevas cuestiones, que hasta ese momento eran desconocidas para mí, me encontraba con que un acontecimiento me obligaba a buscar otro acontecimiento previo o concomitante, y de este modo, lo que iba a ser el primer capítulo, acabó por convertirse prácticamente en toda la obra.

Los acontecimientos te arrastraron de alguna forma.

No sólo me arrastraron, sino que la visión inicial que yo tenía y la intuición inicial de lo que había acontecido y los hechos me probaron que, por suerte, había acertado en mi análisis inicial de que la rebelión de la Generalitat constituyó un golpe a la nación, pero se me abrieron una serie de caminos que para mí eran totalmente insospechados, y en los que tuve que ir, a medida que iba elaborando la obra, reconduciendo no la conclusión global pero sí los detalles de las conclusiones a las que había llegado, porque no es lo mismo hacerte una idea de conjunto con la primera noticia que tienes sobre un acontecimiento que una vez que ya conoces el acontecimiento por completo.

Conocemos lo que ha pasado, pero ¿por qué se ha permitido que pase?

Esa es una de las claves que apunto en el libro y, de hecho, por eso lleva el subtítulo de Crónica de una conjura consentida. Todo lo que ha sucedido, la rebelión de la Generalitat, ha sido posible sólo y exclusivamente porque los poderes del Estado han consentido que haya llegado a producirse, porque en sus manos tenían los medios y la capacidad para haber evitado no sólo que llegara a producirse, sino que ni tan siquiera hubieran podido los rebeldes atisbar la posibilidad de llegar a realizarla.

Los poderes del Estado en distintos momentos históricos y el Estado con gobiernos distintos…

Así es. Por eso, me refiero a los poderes del Estado, al margen de quién ocupara los cargos en cada momento. El pistoletazo de salida a la crisis final, esto se ha repetido ya en innumerables ocasiones, y yo coincido con ese análisis, lo dio José Luis Rodríguez Zapatero cuando todavía era tan sólo el secretario general del PSOE, y en unas elecciones en noviembre-diciembre del año 2003, elecciones autonómicas catalanas, que fue cuando ganó Pascual Maragall las elecciones y se formó el tripartito con Esquerra Republicana y con Iniciativa per Cataluña. Apenas 48 horas antes de esos comicios autonómicos en Cataluña, en el Palau Sant Jordi, Rodríguez Zapatero dijo que si él era presidente del Gobierno él iba a apoyar cualquier estatuto que pudiera aprobar el Parlamento catalán. En ese momento él no tenía ni la más remota idea de la posibilidad de que pudiera llegar a ser presidente cuatro meses después. Ese fue el pistoletazo de salida y, a partir de ahí, tanto con Zapatero en primer lugar como presidente del Gobierno y con la mayoría en las Cortes, como con posterioridad Mariano Rajoy, que tuvo mayoría absoluta en el Congreso y una mayoría absoluta en el Senado, absolutísima, de hecho Rajoy ha sido el presidente del Gobierno que ha tenido mayor poder en España desde que se inició el régimen del 78, incluso más que Felipe González en su momento, por el número de alcaldías, diputaciones y comunidades autónomas que controlaba el Partido Popular en ese momento.

Y en este tiempo que llevamos de Sánchez tanto estando en el Gobierno de pleno derecho como en la actualidad en funciones, los poderes del Estado, y me refiero al ejecutivo y al legislativo especialmente, porque el legislativo tampoco ha hecho nada, ninguno de los dos poderes ha hecho absolutamente nada para impedir que la rebelión llegara a producirse. Todas las acciones políticas, que desde el año 2010 inicia Artur Mas, hasta el desenlace final de la rebelión en septiembre y octubre del 2017, todas las acciones políticas que realizaron no recibieron ni una sola de ellas, una sola contestación política, no hubo por parte de los poderes del Estado ninguna reacción política.

¿Y el 155 y la convocatoria de elecciones?

La aplicación del artículo 155 más que una respuesta política, desde mi punto de vista, fue una reacción autoritaria equivocada, porque yo no creo que el artículo dé al Gobierno capacidad para tomar las decisiones que tomó, destituir a un presidente de una Comunidad Autónoma, para disolver su legislatura.

El Consejo de Estado dijo que sí.

Bueno, el Tribunal Constitucional también dice que la ley violencia de género es constitucional. Yo creo en la ley de la gravedad, esa no falla nunca.

¿Y cómo cabe calificar a cada uno de los protagonistas de esta tragedia?

Pues no sabría decir. A veces tengo dudas de si han actuado como lo han hecho por inconsciencia, por temeridad, o simplemente por cobardía. La verdad es que no soy capaz de decidir cuál de estas tres o si quizás la combinación de las tres posibilidades.

Pero por los hechos los juzgaremos. Ahí ha habido una colaboración con el golpe . Con ese dejar hacer.

Sin duda. De hecho, la rebelión de la Generalitat si no es con la cooperación por omisión de los poderes del Estado no hubiera sido posible. Ha sido la inacción de los poderes del Estado la que ha permitido la realización de la rebelión de la Generalitat. Y el concurso de esta inacción ha sido esencial en la realización de la rebelión.

Si la aplicación del 155 es una reacción autoritaria, la declaración del estado de excepción…

Eso es lo que hubiera sido adecuado.

¿Y esa no habría sido autoritaria?

No, porque eso es lo que está contemplado en la Constitución.

Y el 155 también está en la Constitución.

Pero está para que el Gobierno central mine a un poder autonómico a hacer o dejar de hacer lo que hace o está dejando de hacer. Si destituyes a ese poder autonómico, no puede hacer nada.

Primero le dio un plazo…

Sí, pero ese es el procedimiento. El artículo 155 no prevé esa capacidad de acción por parte del Gobierno. Si fuera un instrumento extraordinario de acción del Gobierno frente a los gobiernos autonómicos, no sería 155, sería 116.

No digo que el 155 sea la medida más adecuada para el tratamiento de un enfermo tan grave, quizá correspondía el estado de excepción, pero esa fue la medicina que le administró el médico de turno de entonces, que era Rajoy.

Sí, esa fue la medicina que se aplicó. Yo creo que fue equivocada. Pero, en cualquier caso, de lo que no cabe duda es que desde el inicio de la aplicación del artículo 155 al fin de su vigencia las relaciones de poder no han cambiado un ápice. Hemos vuelto al punto de partida. El poder autonómico ejecutivo del Gobierno de la Generalitat de Cataluña tiene hoy exactamente la misma capacidad de acción que tenía 24 horas antes de la aplicación del artículo 155, y el Parlamento de Cataluña se encuentra exactamente en la misma situación.

Ahora bien, ¿la situación política y la correlación de fuerzas, no han cambiado? Las fuerzas independentistas están más divididas entre sí.

El que las fuerzas separatistas puedan estar unidas o enfrentadas entre sí, es un hecho, pero el problema no es ese, evidentemente. El que estén enfrentados entre sí los esquerras y los puyolistas es una buena noticia para la nación española, porque mientras discuten entre sí o se pelean no nos atacan a los demás, pero eso no da una solución al problema, al conflicto, porque estoy de acuerdo cuando los separatistas dicen que aquí hay un conflicto político, y que necesita una solución política. El conflicto político es su rebelión. Y la solución política es la suspensión inmediata del Estatuto de Autonomía de Cataluña.

De aquellos polvos estos lodos, citabas el hecho de aquellas declaraciones de Rodríguez Zapatero como inicio de lo que sucede, pero quizás tengamos que remontarnos más, al propio Estatuto de Autonomía, a la España de las Autonomías…

A la propia Constitución, claro, su artículo segundo, es una oración con dos proposiciones coordinadas que están en conflicto entre sí. Porque la primera afirma que la Constitución se fundamenta en la unidad indisoluble de la Nación Española, esto quiere decir que es la Nación la que genera la Constitución, y que la Nación es indivisible. Pero, a continuación afirma que la Nación está integrada por nacionalidades y regiones. Una Nación no es un concepto geográfico, es una comunidad política. Las regiones sí son un concepto geográfico o administrativo. Y las nacionalidades es lo que viene en los pasaportes. En cada pasaporte sólo viene una nacionalidad, salvo que alguien tenga carta de naturaleza y pueda tener más de una nacionalidad conforme a la legislación vigente de las dos nacionalidades que pueda tener, evidentemente. Pero una Nación no puede estar compuesta ni de más naciones ni de nacionalidades en plural, eso es un absurdo, y eso está en conflicto con la afirmación de que la Nación española es indisoluble y, además, genera el problema actual, porque si la Nación está compuesta de nacionalidades, eso lo van a usar siempre los separatistas para decir que la Constitución dice que somos nacionalidades, luego somos Nación, acaba de afirmarlo Iceta, que dice que cuenta naciones, el primer secretario del partido de los socialistas catalanes. Si hay más de una Nación, España no es una Nación. Una de las cualidades de las naciones es su unicidad, su singularidad, una Nación es una, y no contiene más. Del mismo modo que un círculo o una circunferencia en términos geométricos, no contiene más circunferencias, habrá otras circunferencias, pero una circunferencia no está constituida por otras circunferencias. La circunferencia es la línea que delimita la figura geométrica, el círculo es su área, es su interior, si alguien ataca los puntos espaciales que integran su área y toma una porción de esa área, ese círculo deja de ser un círculo, se rompe la figura geométrica, será otra cosa, pero ya no es un círculo.

Pero se puede objetar, siguiendo la propia letra de la Constitución, que si la Nación está constituida o formada por nacionalidades y regiones, es por nacionalidades y regiones, no por naciones, porque dice nacionalidades y regiones, no dice naciones y regiones. Y, por lo tanto, serían términos políticos distintos, la Nación de las nacionalidades.

Sí, pero la nacionalidad es la cualidad del nativo de una Nación determinada. La categoría política no es la nacionalidad, es la Nación.

¿Y esto tiene arreglo a estas alturas de la historia? Digo arreglo para la Nación española, arreglo para los independentistas claro que tiene.

Pues faltaría más. El problema que se está creando aquí con esto es lo siguiente, porque hoy si no me equivoco una información de El Mundo se refería a una pretensión que pudiera tener el PSOE, si la información es correcta, la posibilidad de que el Congreso vote la creación de una mesa de diálogo en la que se aborde la cuestión del conflicto que han creado los rebeldes de la Generalitat. Entonces, si esta información es cierta, lo que el PSOE y el señor Sánchez pretende es que el Congreso vote a favor de que una entidad privada usurpe las competencias de las Cortes españolas. Yo no sé si en el PSOE se dan cuenta de las barbaridades que hacen, porque lo que están pretendiendo es usurpar las competencias de las Cortes. ¿Qué pretenden, hablar sobre la integridad de la Nación española en una habitación a oscuras sin que nadie oiga ni sepa lo que se habla, lo que ahí se discute y lo que ahí se acuerda? Se trata de la Nación, que son nuestros derechos y nuestras libertades, pero el problema de que se ataque a la Nación es que se ataca en última instancia los derechos políticos y las libertades de los ciudadanos.

¿Se puede decir que hay Estado o ya no, en Cataluña?

Claro que hay Estado, por supuesto.

Aunque no ejerza, sea silente e inactivo.

Ejerce y con una potencia como no lo hace el Estado en ningún otro lugar de España. El Estado es omnímodo en Cataluña, es omnisciente, es ubicuo, está en todas partes, y es el Estado español. El problema es que los rebeldes catalanes, utilizan el Estado español y los recursos de los que se proveen a través del Estado español, para atacar a la Nación española. Este golpe a la Nación que se está produciendo es realizado por el Estado, dado que la Generalitat es una institución del Estado. Tanto la Generalitat como el Parlamento autonómico catalán son instituciones del Estado, son órganos del Estado, y lo que tenemos son órganos del Estado atacando a la totalidad de la Nación. Esto es una rebelión, un golpe a la Nación, realizado por el Estado, desde el Estado y sufragado con recursos económicos aportados por los contribuyentes en toda España.

Es un bien entendido de que uno deposita su confianza mediante el pago de sus impuestos en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para que no le atraquen, en los tribunales para que juzguen a los que incumplen las leyes, etc, etc., pero si esto no sucede en la práctica podemos decir que no existe el llamado contrato social, de tal forma que los ciudadanos, y ahí viene mi pregunta, ¿estarían legitimados para recuperar el Estado de derecho?

Desde mi punto de vista sí. Y eso fue lo que sucedió en las últimas semanas de septiembre de 2017, y tuvo su momento álgido el 8 de octubre de 2017 en la manifestación convocada por Sociedad Civil Catalana y otras entidades en Barcelona. Me preguntabas antes sobre la posibilidad y legitimidad de una reacción popular, esa reacción se produjo en el momento de máxima excitación provocada por la rebelión de la Generalitat. La sociedad no reacciona de esta forma con esa magnitud y esa intensidad, salvo que la pongan contra las cuerdas. La gente no se levanta por las mañanas a desayunar pensando que hoy va a ser un héroe.

En cualquier caso, ¿qué ocasionó esa reacción?

La gente se sintió atacada en lo más íntimo.

Sí, pero a efectos prácticos, ¿nos ha salvado del peligro?

No ha ocasionado nada, porque ha sido desactivada y neutralizada por los poderes del Estado, por la forma en la que Rajoy aplicó el artículo 155, desactivó esa ola de españolidad, porque el problema que tenía para él y para el resto de actores políticos del sistema del régimen del 78, era lo que se vio en aquella manifestación del 8 de octubre de 2017 en Barcelona, era una situación prerrevolucionaria, era la fuerza arrolladora del poder constituyente que amenazaba con arrasar el sistema, porque la gente ya decía que hasta aquí hemos llegado, basta. Esto es insoportable, no soportamos ni un instante más, que una institución que es nuestra, nos ataque, porque la Generalitat de Cataluña es una institución de todos los catalanes, no de unos.

“La rebelión de la Generalitat ha sido posible sólo y exclusivamente porque los poderes del Estado han consentido”

¿Se daba ese nivel de conciencia, seguro?

No era su propósito. Las personas que acudieron a esa manifestación no fueron con una agenda pensando que iban a provocar la caída del régimen, por supuesto que no, pero lo que allí se vivió fue esa situación prerrevolucionaria, cuando los poderes constituidos dejan de ser respetados por la sociedad. La Generalitat había dejado de ser respetada por la gran mayoría de la sociedad, en toda España por supuesto, y en la mayoría de Cataluña también, porque los separatistas son minoría, por más que ellos puedan decir lo contrario. Y, por otro lado, los separatistas, que eran los que habían iniciado esta situación prerrevolucionaria llevaban y llevan años y continúan desacreditando todas las decisiones de la autoridad de los poderes constituidos. Esa es la clave para dar lugar a una situación prerrevolucionaria. Que no quiere decir que se pueda llegar a producir una revolución, para eso hace falta una chispa, que no se puede prever el devenir de los acontecimientos de esa chispa, puede suceder o no.

¿El trabajo de documentación cómo ha sido?

Ha sido tan largo como la exhaustividad me ha obligado a que sea. Creo que no he pasado por alto ningún documento relevante, me atengo exclusivamente a documentos oficiales, me valgo también de hemerotecas de distintos medios de comunicación, pero la fuente principal son fuentes primarias, esto es, boletines oficiales, diarios de sesiones, autos judiciales, instrucciones de fiscalías, escritos de fiscalías…

¿De qué fecha a qué fecha abarca el análisis del libro?

El libro arranca con la vuelta a España de Tarradellas, pero hago un repaso, incluso una breve mención, a la Generalitat de Cataluña en la Segunda República, al Estatuto inicial, cómo aquello fue reconducido por las Cortes hasta el Estatuto catalán que se aprobó finalmente, porque ya en el Estatuto se previó que Cataluña era un Estado integrado en el Estado español. Lo que se pretendía al inicio de la Segunda República, por algunas facciones, en toda España, no sólo en Cataluña, era repetir la experiencia federalista de la Primera República, que dio lugar al fracaso de la misma en doce meses. Es un enfrentamiento entre unitaristas, partidarios de un Estado central único, y federalista, partidarios de un Estado federal. Hago un repaso también de los años 70 y de cómo en Cataluña hubo terrorismo y bandas terroristas que cometieron atentados y asesinatos. El grueso del libro abarca desde la llegada al poder de Pascual Maragall, hasta el fin de la aplicación del 155.

¿El libro es una exposición histórica y cronológica?

Te diría que el libro es un compendio de prácticamente todas las técnicas narrativas periodísticas, hay crónica parlamentaria, hay crónica de actualidad, crónica de tribunales, relatos de investigación, hay información reportajeada, hay de todo. Ese es el grueso del libro, prácticamente el 95 por ciento del libro. Todo el libro es una enorme crónica, salvo el capítulo de conclusiones a partir de los hechos expuestos.

¿Y en las estanterías de las librerías de España hay otros textos sobre este período que tú analizas?

Sí, hay muchísimos libros. Se han escrito decenas de libros. Lo que ya no te sabría decir es si el resto de libros analizan el conflicto con la profundidad que lo hago yo, con la documentación exhaustiva que utilizo. He ojeado diversos libros en librerías, he adquirido alguno, les he echado un vistazo, pero la mayoría de lo que he visto que se ha publicado es opinión. Lo que unos determinados autores opinan acerca de unos acontecimientos. Este libro no es opinión. Es una exposición de hechos.

¿No opinas en ningún momento del libro?

No es mi opinión, es un análisis político, basado en los hechos, no en opiniones. Quiero decir que en el capítulo de conclusiones no expongo lo que personalmente opino acerca de las cosas, sino lo que los hechos me han llevado a concluir.

¿No piensas de un modo distinto a lo que se lee en el capítulo de conclusiones?

No, pero antes de escribir el libro sí pensaba cosas de forma distinta, porque ahora tengo conocimiento de todos los hechos, y en un primer momento pues tenía una primera noticia de lo que habían sido los hechos. Ahora creo conocerlos todos en profundidad.

¿Y mañana qué? Esa es la pregunta.

Pues esto tiene muy difícil solución, porque los separatistas se han quedado sin salida, se han cerrado todas las salidas posibles. Quien pretende ser investido presidente en estos momentos, el señor Sánchez, se ha puesto en una situación en la que tampoco tiene salida, porque sólo le cabe pactar con quien quiere romper la Nación, y él quiere ser el presidente de un Gobierno para el que no va a quedar Nación si él cumpliera las exigencias que le van a pedir aquellos que lo pueden investir presidente. Y si los separatistas pudieran llegar a tener éxito, hay una cosa y es que los objetivos que persiguen son inalcanzables sin el concurso de la violencia. Es imposible que Cataluña ni ningún otro territorio español, se secesione y se constituya en un Estado y Nación libre, sin el concurso de la violencia. Quiero hablar muy claro. Una declaración de independencia, por su propia naturaleza, es una declaración de guerra. Y pretender otra cosa es engañarse.

Pero si el otro contrincante no quiere ir a la guerra, no habrá guerra.

Claro, ellos quieren el laurel de la victoria, pero sin dar la batalla. Lo que ya puede ser inaudito es que tengamos un Gobierno o unas Cortes dispuestas a capitular sin que le den batalla, es lo que parece que tenemos.

Y el Rey sin poder alguno.

El Rey quizás está demasiado callado, estoy echando de menos que el Rey en estos últimos meses se haya pronunciado.

¿No es mejor que esté callado, para que cuando hable tenga más fuerza?, como el discurso del 3 de octubre.

En aquel discurso hubo un par de pequeños errores, pero en conjunto estuvo muy bien, te voy a decir una cosa, prácticamente todos los creadores de opinión, los medios de comunicación, hablan de ese discurso en unos términos que a mí me da la impresión de que quién habla en esos términos no ha entendido nada del discurso, porque es esencialmente una bofetada que el monarca le da a los poderes del Estado para que reaccionen de una vez, es una auténtica bofetada en la que el Rey se dirige al Gobierno, a las Cortes, al poder judicial, diciéndoles: solucionen ustedes esto de inmediato porque esa es su responsabilidad, no mía, la suya.

 

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