“Juanita la Larga” de Juan Valera - El Sol Digital
“Juanita la Larga” de Juan Valera

“Juanita la Larga” de Juan Valera

Valera, Juan. Juanita la Larga. Alianza editorial, Madrid, 1986

Novela escrita por Valera en 1895 cuando el autor, nacido en 1824, ya tiene más de 70 años, su asunto es semejante, aunque no en su desenlace, al de Pepita Jiménez, publicada en 1874 cuando Valera sólo tenía 50. Esa diferencia de edad pensamos que le hace inclinarse aquí por un final más favorable al hombre de edad madura, en sus relaciones con una joven que podría ser su nieta, mientras en la otra novela se decanta por darle primacía en esos amores desiguales a la juventud.

Los personajes principales, como es natural, son el maduro don Paco y la jovencísima Juanita y sobre ellos debemos centrar nuestro comentario. Don Paco es un hombre importante en la comunidad de esa villa a la que pertenece y que en la realidad parece ser una mezcla entre Cabra, ciudad natal del autor, y Doña Mencía, ambas en la provincia de Córdoba y muy cercanas. Es un insustituible miembro de esa municipalidad, de mediana riqueza y mediana cultura, pero en ese medio pasa por ser una de las personas más importantes del lugar y sobre todo de un nivel social, dada la época, muy superior al de Juanita, que no deja de ser una bastarda, aunque por el momento decente pero, por su belleza, tal vez más propensa, según las ideas de tiempo y lugar, a caer en las tentaciones humanas y a convertirse en una piruja o en una coima de algún preboste local.

El que un hombre de tal edad se fijase con buenas intenciones en esa joven de tan pocos años, no dejaba de ser una garantía para Juanita, un seguro en su vida y una vacuna contra los peligros que la podían acechar. Aun así, las consideraciones de orden local y más aún las referentes a Inés, aconsejaban a don Paco y a Juanita ir con cuidado y sobre todo guardar las apariencias, pero por otra parte parece que Juanita no estaba muy inclinada a atender los requerimientos de don Paco, a causa, como ella misma decía, de la diferencia de edad. Mas luego, esa actitud negativa ante el ofrecimiento amoroso de don Paco, cambia y se troca -por arte del paso del tiempo, de una meditación tal vez más práctica, o de un cambio en las emociones fruto de algún azar o situación, como la escapada de don Paco- en un sentimiento amoroso por parte de Juanita en el que seguramente había también mucho de utilidad o conveniencia para su vida social y económica.

No todo parece ser romanticismo, al menos tal como se plantea la acción en la novela y, aunque no se explícita, sí parece haber mucho de interés en esa decisión final llevada a sus últimas consecuencias y con una decisión, digna de lo que pretendía, por parte de la joven. No hay que olvidar su astucia para aquietar las pasiones locales y entrar en la bienquerencia de su mayor enemiga y trocarla en amiga suya, y ello con una sutileza impropia de sus años y sí tal vez implícita en la sagacidad que se le presupone a su madre y que ella podía haber heredado de forma innata. Ahora no tiene ya inconveniente en enfrentarse al cacique en sus ansias amorosas, a pesar de que era más joven, rico y considerado socialmente que don Paco, pero es que ése no la pretendía con buenos fines y sí para pasar el rato y ella, ya puesta, lo que deseaba era una proporción que la llevara al altar y la dejara tranquila en todos los aspectos. Es un final que, tal como se plantea, resulta un poco forzado y es lo más débil de toda la trama, pues esa aquiescencia de Inés y del cacique y hasta su apoyo moral y material no dejan de ser una incongruencia en personas que tanto se han afanado por impedir aquello que ahora admiten de buen grado y hasta aplauden. La edad ya casi senil de Valera tal vez le haga desear este final más que el que le dio a Pepita Jiménez cuando aún era un hombre de mediana edad.

Esto no deja de ser una apreciación personal, pero que tiene fundamento muy lógico. Don Paco es, por otra parte, un hombre noble y honesto, que se prenda de una beldad muy joven y, como tiene medios, la quiere para sí y desea protegerla y darle su amor y su seguridad a cambio de disfrutar de la belleza y de la juventud, cosa por otra parte muy natural. No olvidemos, aunque a fuer de ser reiterativo, que las circunstancias de lugar y tiempo tenían mucho que decir en este asunto y la seguridad de Juanita estaba en el ofrecimiento de don Paco.

Otra figura destacable sería la de Inés, la beatona entrometida y manipuladora de las vidas ajenas, cuando en la suya propia, y me refiero a su marido, no podía dominar la situación y dejaba que aquel hiciera de su capa un sayo y hasta requebrara y ofreciera arreglos coyunturales, análogos a los que ofertaba el cacique, a Juanita. Es un prototipo de mujer metomentodo, apoyada además por el cura, al que todo le parecía bien en tanto ella lo dispusiera, ya que no atentaba contra las reglas de la moral al uso, si bien fuera una hipócrita redomada y una egoísta impenitente. Las demás figuras, aunque no desechables en la trama, alcanzan menos importancia y las vamos a obviar en este comentario para no hacerlo demasiado largo.

La Deriva

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