“La belleza es para mí, cada día más, la serenidad” - El Sol Digital
“La belleza es para mí, cada día más, la serenidad”

“La belleza es para mí, cada día más, la serenidad”

Conversaciones de El Sol Digital (I)

José Manuel Cabra de Luna, presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo

Vicente Almenara

– ¿Por qué aceptas la presidencia de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo?, ¿en qué momento de tu vida llega?

– Pues mira, cuando ya creí que se había terminado todo porque, prácticamente, estoy jubilado de mi profesión de abogado, aunque en realidad me he quedado en una especie de padre prior en mi pequeña comunidad que es el despacho. No actúo directamente en nada, aunque me gusta saber de casi todo lo que allí se cuece y en lo que puedo doy algún consejo, que proviene más de la experiencia que de la ciencia. Pero, en fin, también los místicos decían que el conocimiento místico es un saber de experiencia que no de ciencia, lo cual quiere decir: a, que no es trasmisible y b, que no es reproducible. Exactamente así.

– ¿Has llegado ya a un estatus en el que puedes presumir de prescindir del no ejercicio del derecho?

– Desde el punto de vista intelectual/espiritual he llegado a un momento en el que me interesa más la sabiduría que el conocimiento. Entendiendo por sabiduría el conocimiento aplicado al vivir. Si lo que sabemos no nos sirve para vivir para qué coño nos sirve, con perdón de la expresión. Y desde el punto de vista material, tengo una teoría vulgarizada en la manera de expresarme, pero creo que es lo suficientemente expresiva, que es la teoría del plato de gambas. Cuando yo tenía treinta años me comía un plato de gambas entero. Con el tiempo, la capacidad de comer gambas fue decreciendo y hoy me tomo cuatro o cinco y con ellas casi seguro que duermo más.

–  Además de esto, ¿cómo manejas el arte del vivir cotidiano?

–  Tengo la suerte de haber podido vivir o convivir con joyas, que nunca las he llamado así ya que las he llamado milagros. Con lo mejor de cada uno. Para mí, una obra de arte es el mejor momento de la vida de ese artista. Hay muchos buenos momentos e intento rodearme de ellos. Me ayudan, me sirven, me consuelan y desde luego, cada vez más, quisiera vivir, y esto es una paradoja, por un lado, en un ambiente de mayor austeridad, y por el otro en un ambiente de mayor belleza, hasta que no sea capaz de unir máxima belleza con máxima austeridad no estaré cumplido. Mientras, necesito de ese grabado que me emociona. De ese pequeño milagro de minotauro que me deja anonadado, de aquel azul que sigue siempre sorprendiéndome. Esta es la suerte de las obras de arte.

– ¿La felicidad implica el acompañamiento de la belleza?, ¿la belleza en sí está más en las personas o en los lienzos?

– Bueno, las personas intentan dar, en el caso personal mío, que es de lo que estoy hablando, lo mejor de sí en un lienzo, poema o texto literario. A lo mejor, en un discurso filosófico, por qué no.
La belleza es para mí, cada día más, la serenidad. He tenido la suerte inmensa de hacer un viaje a Sicilia, hace poco, donde dicen que están los templos griegos mejor conservados de toda la historia. A mí me sigue pareciendo un verdadero milagro y una bendición el haber podido ver eso, porque creo que la historia en ese momento, el arte, la arquitectura, las formas, se correspondían con un mundo de belleza suma con lo menos posible, con los menos elementos. Para mi esa es la gran bendición, la felicidad, la serenidad.

– Me pregunto, ¿la belleza de un cuadro puede superar la belleza de una persona al lado de uno?

– Nada como la vida, nada como la vida. Lo que pasa es que un cuadro tiene una trampa y es que al ser una creación abstracta, es una creación del espíritu humano y lo puedes fijar en el “no tiempo”, mientras que la belleza de una persona está sujeta al tiempo hasta el punto de que éste la hace y la destruye.

– ¿La belleza de un lienzo es contemplación y la belleza humana es acción?

– El arte es contemplación, y diré como escribían los filósofos clásicos: entiendo por contemplación esa actitud del espíritu que consiste en plantarse ante algo y dejarse penetrar por ello. Eso es para mí contemplar.

– Es pasivo, ¿no?

– No. Vamos a ver, en la cópula humana el ser penetrado no es pasivo. No lo es. Pues eso mismo nos ocurre con una obra de arte. Dejarnos penetrar por ella.

– ¿Y qué encontraste en la Academia al llegar? Un páramo, un bosque…

– Pertenecía a la Academia desde hace tiempo. Pero como me ha ocurrido en otras instituciones, en las que he estado antes sentado a un lado de la mesa y luego al otro, he visto lo diferentes que son las actitudes en las distintas posiciones. No, no es lo mismo estar a un lado que estar al otro. Me encontré un concepto de Academia que no entiendo, con mi respeto para las personas, como siempre. Creo que la Academia, como cualquier otra institución, tiene que ser algo abierto, que muestre a la sociedad en general lo que las personas que hasta allí han llegado están haciendo, han hecho o están en trance de hacer.
Es muy importante significar en este punto una cosa. Una Academia no es un club al que uno se apunta, no es una asociación a la que uno quiere pertenecer y va a cumplir sus estatutos. Una Academia es un lugar proveniente del pensamiento ilustrado al que llegan personas que han debido demostrar, teóricamente así es, una capacidad o un hacer importante en las distintas facetas. Ese hacer es una especie de reconocimiento de la excelencia, y por eso las academias son números clausus, son los que son y no más. Y son elegidos por los mismos miembros que las componen. Eso tiene un beneficio y un grave perjuicio. El beneficio es que, en principio, sólo deben llegar las personas con un prestigio y un bagaje intelectual, artístico, espiritual, etc., importante. Una Academia, además, es democrática en su funcionamiento interno, pero no externo, es decir si una población enorme dijera “queremos que sea académico Juanito Pérez “pues si los señores miembros de la Academia no lo eligen pues el señor Juanito Pérez no es académico, y punto.

– Los podemitas no están de acuerdo.

– Claro, pero es que los podemitas y yo no compartimos la misma imagen del mundo. La democracia es un instrumento político de primera categoría. No parece que se conozca ninguno mejor pero eso no quiere decir que todos los estamentos sociales, todas las instituciones sociales, con independencia de que sean internamente democráticas tengan que funcionar de la misma forma. Eso son dos cosas diferentes. Las ideas tienen que estar claras y en este momento que estamos viviendo tienen que estar más claras que nunca.

– Es como si a una persona que está siendo sometida a una operación a corazón abierto se la somete al escrutinio de los allí presentes.

– El líder, que es en ese caso el que opera, toma decisiones. Y ha llegado ahí por algo.

– ¿Cuáles son los ámbitos del conocimiento presentes en la Academia?

– Bueno, antes teníamos unos cuantos más delimitados que ahora. Aunque parezca mentira, en la Academia estaba la pintura, la música, la literatura, la escultura…. Y luego había un campo genérico, porque estamos hablando de Academia de Bellas Artes, que es la que estoy presidiendo. Había un cajón de sastre que era “amigos de las Bellas Artes” en el que entraba un coleccionista o un historiador. Ahora se han creado dos secciones nuevas interesantes porque se ha divido la literatura y la poesía.

– ¿Y la fotografía?

– La fotografía está en audiovisuales. Que puede ser el cine, como el caso de Carlos Tallefer. Ha ingresado un profesor de diseño, Sebastián García Garrido.

– ¿La moda?

– Hay mucha discusión sobre si la moda es o no arte. Yo creo que “arte es todo aquello que los artistas dicen que es arte”. Con esto he dicho todo y no he dicho nada, pero entiendo que la moda es una manifestación de la creatividad y como creo esto entiendo que la moda forma parte del acervo cultural de cada sociedad y por eso para mí la moda debe de alguna forma estar representada en la Academia. Como creo que también debe estar la Cocina desde la perspectiva de la creatividad.

– ¿La cerámica sería una disciplina?

– La artesanía no es arte, pero el arte se puede manifestar en la artesanía. En la artesanía alguien pretende hacer un objeto bello, pero sin mayor pretensión. César Paternosto, un maravilloso pintor argentino, que tiene una obra preciosa, habla de “El paradigma amerindio” y dice más o menos: “En la Europa culta la abstracción es la consecuencia de una evolución y, por tanto, una actitud derivativa de las formas naturales o reflejadas, o lo que intenta reflejar una mesa, una silla, etc. hacia la abstracción”. Abstraer es un proceso mental, que miremos el diccionario, supone lo contrario de lo que normalmente utilizamos. Abstraer es reducir a formas simples y elementales algo complejo y algo que es figurativo. Pero lo que dice Paternosto es que hay un fallo tremendo de la cultura occidental, porque relega al mundo de la artesanía la generación de formas en sociedades que han evolucionado por otra vía. Es decir, una alfombra de los indios tarahumaras no sería una obra de arte pero una obra de Albers sí. Simplemente, lo segundo lo vemos como un cuadro, como un arte mayor y la alfombra la vemos como un subproducto, o producto artesano. Pero esto no es así. En muchos pueblos, a la abstracción se ha llegado no a través de un proceso derivativo sino a través de enfrentarse el autor, por ejemplo, con las formas en las que se realiza un tejido. Pero eso no lo hace de menor calidad. No le quita cualidad artística.

– ¿La Naturaleza convive bien con el arte?

– Yo creo que de difícil manera.

– Es un asunto político.

– Y lo es por necesidad. Pero esa pregunta me la he hecho en la playa de la Concha, donde están las esculturas de “El Peine del Viento”, de Chillida. Cuando he visto una ola, y la espuma del mar estrellarse contra esa obra del hombre, yo pensaba “no se pude competir, la ola es más bella siempre”. Para mí fue una cura de humildad tremenda y en el fondo, que me perdone don Eduardo Chillida, creo que fue un acto de soberbia competir con la ola. Quizá no era ni consciente. Pero es un acto de soberbia.

– ¿Era una competencia o era una cópula de la naturaleza con la obra del hombre?

– Siempre va a ganar la naturaleza. Dentro de quinientos años, ¿qué habrá de la obra de Chillida? La ola estará ahí siempre.

– Eso si vive el planeta.

– Pero eso es otra cosa. Si no vive el planeta, nada de lo que hablamos tiene sentido. Pero aún no he terminado. Esto tiene dos visiones más a mi juicio. Hay dos momentos en la historia del arte del siglo XX que intenta enfrentarse/hermanarse/apropiarse de la naturaleza como lugar del arte o incluso instrumento artístico, y eso se llamó el LandArt. Y hay otro que es el que se hacía con el cuerpo del propio artista o el Body Art. Son movimientos que tienen mucho más de teóricos que de otra cosa. Por ejemplo, Gilbert & George, los dos inglesitos que han pasado por aquí, desnudos y subidos en lo alto de una mesa con la boca llena de agua y en un momento dado expulsando el agua como si fuesen una fuente humana. Yo no estoy ni a favor ni en contra de esto.

– Volvamos a la Academia. Con tu entrada en la Academia se vivió un cambio revolucionario. Pasando páginas hacia atrás, por las biografías de las personas que han estado al frente de esta dignísima institución, ¿no hay currículas parecidas? Esto lo digo con todo el respeto. Aprecio un cambio de signo.

– Mi actitud es clara. Vamos, que si no lo hay con todos mis respetos me iré. Resumo con una frase, que ya he usado pero que me resulta significativa, “yo no quiero que por haber entrado en la Academia se me vaya poniendo la cara de retrato ovalado”. En absoluto. El Arte es libertad, la Cultura es libertad, que tiene que articularse, o que no está mal que una parte se articule, a través de ciertas instituciones.
En el momento en el que yo viera que se merma, no sólo mi libertad personal sino mi libertad respecto a la idea de Arte o de Cultura, lo dejaría. A mí el mundo de la cultura oficializada no me interesa mucho.

– También estás en el Círculo Mercantil, ahora resucitado.

– Tuvo una vida.

– España tuvo muchos círculos mercantiles. Ustedes han traído a personas como José Ignacio Wert, tan denostado.

– Costó mucho. Es un hombre con muy buena cabeza, muy buena. Me sorprendió extraordinariamente. Del segundo de embajada ruso que era ministro consejero, me pareció una persona extraordinariamente bien formada, muy precisa en su argumentación y muy riguroso. Y no sabía hasta qué punto el mundo ruso estaba enfadado con el mundo occidental, con Europa. Yo no me di cuenta, pero tuve la corroboración de José María Luna, que es el director de la Colección Museo Ruso. Ha estado muchas veces en San Petersburgo y es quien me ha contado el enfado que tienen con Europa, y llevan razón porque los hemos tratado muy mal.

– ¿Tiene actualidad el Círculo Mercantil?

– Si estuviésemos en una sociedad anglosajona esta pregunta no se haría. Pero en este caso la pregunta es oportuna. Por qué digo esto, pues porque en un mundo anglosajón una institución que haya durado ciento cincuenta o doscientos años, por si misma ya tiene una razón de ser. Porque quiere decir que hay un hilo de pensamiento en la sociedad que intenta pervivir y mantenerse. Este tipo de instituciones no dan más que la pequeña honrilla de pertenecer a ella, de verse de vez en cuando, etcétera.

– ¿Eso se rentabiliza después?

– Bueno, eso cada cual. Hay muchas personas que tienen una habilidad extraordinaria para que, si van a comer hoy con alguien, automáticamente dan la tarjeta, lo llaman por teléfono, vuelven a conectar y ya siguen su rumbo de conexión. Y están las personas que no tenemos esa habilidad, pero tenemos otras, como, por ejemplo, que vamos a oír a un señor como al segundo de la embajada rusa y nos parece verdaderamente importante lo que está diciendo, que contrasta profundamente con la idea que teníamos.
No olvidemos que es el Círculo Mercantil el que crea la Cámara de Comercio Industria y Navegación de Málaga. La burguesía industrial fue la que dijo “hay que ponerse en marcha.” El pensamiento ilustrado, en una palabra.

– ¿Estamos en un fin de etapa de lo que algunos cursis llaman “un nuevo tiempo”?

– Eso de “un nuevo tiempo” es una expresión política que me da un poco de miedo porque me recuerda al fascismo. Esa es la tentación de todo pensamiento que intenta instalarse y ocupar todos los espacios.

– Yo le preguntaba a Ignacio Gómez de Liaño, que conoces perfectamente, y creo que tiene una buena cabeza, de la irrupción de Podemos y sus otras marcas y lo que esto significa. ¿Es un nuevo tiempo porque se ha agotado la revolución francesa y estamos en otra etapa de la evolución política de la Humanidad?

– No es que crea que estemos en un nuevo tiempo, es que creo que lo que viene, lo que estamos empezando a vivir, y no sabemos por qué, las formas de pensamiento, que son las claves de todo, han dado un giro copernicano. Una de las cosas que nos enseñó el marxismo es que la cantidad hace calidad y eso es así, o ¿no?

– Esto lo dice el marxismo, pero yo creo que no es verdad.
– En determinados campos del conocimiento. Yo tengo un problema y es que muchas veces mi pensamiento tiende al lenguaje abstracto de la filosofía. Muchas veces eso no se compadece bien con el leguaje práctico de lo político, no en el sentido de la política actual, si no de lo que interesa a la “polis”. Lo otro es una disgresión.
En lo que sí creo es que el cambio que estamos viviendo es de tal magnitud que la geografía ha desaparecido, no existe. Se está desarrollando tan rápido que no somos conscientes de él, pero los medios tecnológicos nos han cambiado los conceptos. Por ejemplo, la geografía antes era no sólo una rama del conocimiento humano, sino una tremenda limitación desde la perspectiva que implicaba distancia, y por tanto tiempo, y por tanto capacidad de transmisión de información. Y hoy eso es cero, no hay geografía. Es decir, mi hijo está en Auckland y yo estoy hablando con él en tiempo real y para que él se sienta de algún modo en casa le dejo encendido el Skype y hablamos.

– No sé si tú y yo lo veremos, en pocos años vamos a pasear con ciborgs. Esto no es ciencia ficción. Y van a pagar impuestos, Hacienda ya lo está estudiando.

– Lo sé.

– Los avances de la robótica y de la Inteligencia artificial van a entrar en nuestra vida íntima.

– Hombre, totalmente. Esto lo veremos o no, pero eso es otra cosa.

– ¿Y Barbadillo, por ejemplo, que fue un gran artista y pionero en las aplicaciones informáticas al arte?, ¿no habrá robots que nos pinten cuadros?

– Según Manolo no hacía falta que fuera así. Pero eso es impresión, lo suyo es impresión.

– Yo digo pintura.

– Voy a hacer una confesión. Manolo cuando ya era mayor y tenía siempre muchos problemas, enfermo de corazón, etc… la mayoría de sus cuadros no los pintó él. Él los concebía y lo pintaba un ayudante que tenía, que yo sé quién es, y Jane la mujer. Sol Lewitt no pintó casi nada. Los murales, ninguno.

– También es tu caso. Porque en la Facultad de Derecho tienes un mural espléndido del que yo he gozado con su contemplación…

– Yo no lo he pintado. Ni Miguel Ángel pintó la capilla Sixtina.

– ¿Cómo se va a poder mantener el Museo Provincial de Bellas Artes?

– Creo que se hizo cuando España era rica. Se va a mantener con mucha dificultad, por varias razones, entre otras porque en España tenemos que ir cambiando la idea de que la cultura es gratis. Es que no es gratis. La cultura es una actividad humana como otra cualquiera, aunque cargada de connotaciones. Pero eso es una cosa y otra es que tenga que ser gratis. ¿Gratis? ¿Por qué? ¿Es gratis el autobús, el metro, el viajar?, ¿y por qué tiene que ser gratis la entrada a los museos?

– ¿Cultura para el pueblo?

– Y, además, ¿son gratis los libros, o los cuadros? Y si los libros los hacemos gratis quién le paga a quienes los hacen y a quienes los piensan. El discurso fácil de todo gratis es populismo y demagogia.

– ¿No tendremos que exiliar algún día de nuestro país?

– ¿A qué país?

– Tendrá que ser muy lejos. Tienes un hijo, al que he entrevistado para este medio, que se llama Miguel, vive en San Francisco. Podría ser allí. Tienes otro en Málaga.

– Sí. Miguel está en California. Él olió la cuestión catalana.

– ¿Hace cuántos años ocurrió eso?

– Pues hace doce o trece años. Y dijo “mis amigos me están empezando, siempre, a hablar en catalán y a mí me joroba mucho eso. Porque hemos hablado indistintamente en español y en catalán, o en castellano y catalán.”

– ¿Cómo se ve España desde allí?

– Bueno, desgraciadamente él ya la ve como un sitio dónde venir de vacaciones. Y el día en que su madre y yo faltemos, pues vendrá poco, desgraciadamente. O quizá no. La vida es como es. Pero Miguel no es nada idealista, es muy centrado y sereno.
Mira, lo que pienso es que esto es una vergüenza. Lo que está ocurriendo es una vergüenza. La sociedad no quiere lo que está ocurriendo. Tienen la obligación de ponerse de acuerdo, de buscar vías razonables de salida. Pero lo que está ocurriendo en España es lo mismo que el padecimiento de un enfermo grave. Un profesional con el que tengo alguna relación de tipo personal me decía, “yo voy a votarles porque de la crisis no nos saca quien nos ha metido”. Y yo le pregunté “¿y tú no tienes nada que ver con eso?, ¿no tienes nada que ver?, ¿las cosas las hacen siempre los demás?”. No, las cosas las hacemos todos. Esa es mi opinión. Es una cuestión de responsabilidad. España es una sociedad irresponsable que se complace en su irresponsabilidad.

– Y una pregunta que me parece fundamental. ¿Dónde están los intelectuales de este país? El otro día releyendo “Cuadernos de cárcel”, de Gramsci, que habla de los intelectuales orgánicos y bla bla bla… ¿Qué se puede hacer? ¿Dónde están los intelectuales, la Universidad? Por mucho que miro a derecha e izquierda no sé dónde están los intelectuales.

– La Universidad tiene mucha responsabilidad en lo que está pasando, en tanto en cuanto la Universidad es uno de los lugares en los que el pensamiento se debe residenciar. Me preguntas dónde están los intelectuales, pues yo veo con verdadera admiración y respeto, no tanto por la opción que haya elegido o no, en la que no entro, la actitud de Fernando Savater, que se ha presentado a unas elecciones.
Con independencia de todo lo que le rodea, esa persona me parece absolutamente coherente. Hoy yo creo que ojalá no llegue el tiempo en que los intelectuales tengan que estar en la primera línea de la batalla ideológica, porque ese es un mal tiempo. Con esto no quiero decir que el intelectual tiene que vivir en su mundo, ni mucho menos.

– ¿Las cosas pueden cambiar?

– Yo vivo en la esperanza de que cambie. Ya no tengo la pretensión de ser bueno sino de ser, por lo menos, lúcido, que creo que es más importante. La lucidez es una obligación. La lucidez de un intelectual hoy es la lucha por la lucidez, son tiempos confusos. Mira, a mis hijos les he dado muy pocas enseñanzas pero una de ellas siempre ha sido la salvación, que no deja de ser un término proveniente del catolicismo, y es siempre individual.
Uno tiene que luchar por salvarse, ante la vida….

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