La chica del cable - ESD133 - El Sol Digital
La chica del cable – ESD133

La chica del cable – ESD133

Hago “click” y aparezco a tu lado

Brenda Saavedra Casiano

Qué difícil era antes comunicarse. O que complicado lo vemos ahora con todos los aparatos y avances que nos permiten hoy en día estar en contacto con el resto del mundo -de manera literal-. Cartas de toda la vida con tinta por testigo, telégrafos con puntos y rayas cargados de palabras invisibles, y el teléfono con la voz como protagonista, entre otros medios capaces de acercar a las personas. En España, la primera empresa de telefonía llegó en los años 20, con esas telefonistas encargadas de acoplar cables en diferentes clavijas, con sus cascos puestos, para establecer comunicaciones entre sus clientes o incluso, más adelante, con el resto del mundo. En ese entonces, cualquier avance era como hacer magia. Ahora, vivimos en una era tan avanzada que el mayor truco sería hacer llegar una carta sin que la desesperación se apodere del emisor -y también, por qué no, del receptor-. Un siglo de las tecnologías en el que con un “click” apareces al lado de quién quieras en el lugar del globo terráqueo que desees.

Después de las chicas que con sus cables lo conectaban todo, llegó la cabina telefónica pública, un salto importante que sólo fue el primero de muchos posteriores. Así hasta los móviles, primero con un tamaño casi similar al de la cabina y una antena más larga que un día sin pan, y ahora táctiles, con aplicaciones que tienen funciones de asistente personal y personalidad propia, y un sistema de desbloqueo del terminal que lee la huella dactilar o reconoce el rostro de su dueño. Sí, decirle a alguien del pasado que esto iba a ocurrir es como plantearnos que un futuro los unicornios sustituirán los aviones -que nunca se sabe-.

Pero el aparato en sí no es lo único que ha evolucionado, ya que llamar es lo menos que se hace hoy en día con los teléfonos móviles. Dejando de lado prácticamente los mensajes de textos que cada vez son menos aquellos que los usan, la mensajería instantánea como WhatsApp trae al mundo pegado al cachivache. Si bien una llamada hacía más llevadera la distancia, ahora los kilómetros que separan casi no se palpan con el icono verde incesable que hace llegar información sobre la marcha. Eso de irse de viaje y desconectar también ha quedado en el olvido para la mayoría, y es que además de las compañías que ya permiten a sus clientes hablar y conectarse a internet desde cualquier parte del mundo sin costes adicionales, está la posibilidad de wifi en cada esquina, acercando a los que están lejos y alejando a los que están cerca.

Subir a la red constantemente lo que se está haciendo y publicar vídeos y fotos de forma diaria se ha convertido en rutina habitual de las últimas generaciones. Así, los niños ya no nacen con un pan, sino con un móvil debajo del brazo. De hecho, las publicaciones a través de las redes sociales -ya sean relacionadas con el deporte, la alimentación, la escritura o la moda, entre un campo infinito de posibilidades- se ha convertido en la manera en la que los que más brillan -luz que se refleja en forma de seguidores- se ganan la vida. De ahí salen los famosos influencers, blogueros y/o vlogueros de los que prácticamente todo el mundo habla y que se han convertido en el referente de muchos otros a los que les gustaría correr su misma suerte.

Es cierto que exponerse así resta privacidad y trae como consecuencia malos ratos como aquellos casos en los que se lleva a cabo suplantación de identidad o utilización de fotografías ajenas de manera inapropiada y sin permiso, entre una infinidad de riesgos que se corren cuando abres tu vida al mundo entero. Un “click” en la red es el gesto más fácil, insignificante y a la vez poderoso que existe, con tanta capacidad para destruir -como casos en los que problemas de este tipo han afectado de manera muy importante en los que los sufren-, como para demostrar que toda moneda siempre tiene dos caras.

Y estaban esas ya casi mujeres -que se conocieron cuando eran niñas a través de un foro en internet de una serie de televisión que las dos seguían y admiraban- en una cafetería de Málaga fundidas en un primer abrazo -con lágrimas incluidas- después de casi diez años imaginando como sería ese momento. Con unos 12 se conocieron hablando de sus actores favoritos, del maravilloso Fran Perea que las tenía enamoradas con sus canciones y de la serie Los Serrano, que cada martes les robaba un poquito más el corazón, como a millones de espectadores. Lo que comenzó con mensajes en el foro acabó con correos electrónicos casi a diario, más tarde Messenger e incluso cartas postales con fotos e historias ya inmortales que las acercaba a sus familias y forjaba un poquito cada vez más su amistad -creada, sobre todo, gracias a la voz y a las letras sublimes de Perea-.

Una en Yunquera (pueblo de Málaga) y otra en Gran Canaria con una promesa en común: conocerse algún día. Destino o casualidad, la canariona se fue a estudiar a la ciudad malagueña y, después de unos tres años sin contacto con su amiga a distancia de la infancia, recordó lo prometido y comenzó a indagar. Así fue que recuperó su antiguo correo electrónico para hacerse con el de su amiga y probar a buscarla en Facebook. ¡Bingo! Aunque la de Yunquera apenas usaba esa cuenta, los planetas se alinearon en su favor y una alegría inmensa las inundó cuando contactaron de nuevo por mensaje a través de la red social. Ponerse al día fue como ver una película maravillosa sobre la vida de cada una, tanto como emocionante ser conscientes de cómo esas niñas ya eran más mujeres con objetivos alcanzados, experiencias por doquier y nuevos sueños. Hasta que llegó el día en el que hicieron realidad ese deseo de la infancia que un día crearon juntas navegando por la web a través de esos ordenadores de torres enormes con pantallas de culos aún mayores.

Como ésta, infinitas historias que tienen final feliz gracias a esta forma -relativamente nueva- de comunicarse. De amistad, de parejas, de amores platónicos y un sinfín de opciones que pueden existir cuando de la red se trata. De aquí a Pequín, o hasta donde se desee, en cuestión de segundos y con un sólo “click”. El mismo que es capaz de convertirse tanto en final como en principio. Y “chas” apareces al lado.

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