La chica del cable - ESD138 - El Sol Digital
La chica del cable – ESD138

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Cuando te imponen querer a un hijo

Brenda Saavedra Casiano

¿Desde cuándo querer a un hijo se vuelve una obligación? Si partimos de la base de que querer a alguien no el sólo decírselo sino demostrárselo cada día con gestos que así lo corroboren, es coherente suponer que muchos padres no quieren a sus hijos. Cuando decides traer al mundo a alguien que pasa a depender de ti -probablemente hasta la eternidad-, sabes que se trata de una responsabilidad que traspasa lo mundano y que igual que trae consigo las cosas más maravillosas del mundo, todo no es de color de rosa, no es una tarea fácil criar y hacerlo todo bien, y, en muchas ocasiones, la tarea se complica. Todos queremos hijos sanos, felices y con una vida pletórica, pero, por desgracia, no siempre es así. Hace unos días un titular en prensa gritaba que la Audiencia Provincial de Córdoba impuso la custodia compartida a un padre que no quería cuidar de su hijo con diversidad funcional. A mí, sinceramente, me daría vergüenza que alguien ajeno me obligara a cuidar de una persona que no ha elegido ni existir ni hacerlo en esas circunstancias, sino que si está es porque yo, siendo consciente de lo que supone tener un hijo, he decidido que esté.
No es bueno juzgar al resto y, mucho menos, opinar de algo que no se conoce en profundidad, pero desde que la ley toma medidas de este tipo y un progenitor tiene que acudir a la misma para que otro asuma su responsabilidad como tal es de vergüenza. Quizás la pregunta ya no es la primera planteada, sino por qué la mayor parte de la sociedad da por hecho que las madres son las que tienen el mayor deber de ocuparse de sus hijos y -si no molesta al público que habla sin saber- éstas tienen que pedir ayuda al padre para quitarse un poco de carga. ¿Pedir ayuda de qué? Perdonen que me meta en donde no me llaman, pero un hijo es que es cosa de dos, mitad y mitad, al cincuenta por ciento de quiénes escriben sus apellidos detrás del nombre que eligen para llamarlo durante toda su vida, porque sí, un hijo es de dos, pero sobre todo para toda la vida. Y no, no se debería dar por hecho que la custodia debe ser en mayor medida para las madres, en caso de separación, y por defecto, sino que ésta debe ser compartida, porque esos niños necesitarán de ambos progenitores para desarrollarse y éstos nunca deberían ser una carga, sino seres que necesitan ser cargados de amor.
Ojalá este pequeño con diversidad funcional nunca sea consciente de que un juez ha obligado a su padre a que lo quiera, porque el amor es cuidar, es proteger, es regalar tu tiempo al otro, quitarte para dar, conseguir que la persona querida lo sienta con gestos que salen del alma y no porque un papel te lo imponga. Y las madres, querida sociedad, no tienen la obligación de tragar solas con algo que ha sido creado a medias, porque, aunque lo hagan con el corazón y no les pese para sus hijos, no se puede dar por hecho. Tampoco con esos varones que se ven en la misma situación, porque también los hay, aunque sean casos aislados, de ahí que se haga énfasis con las féminas.
En el mundo hay de todo y, entre ese campo infinito, hombres que también sufren por no poder pasar todo el tiempo que les gustaría con sus niños porque otro papel no lo permite. Padres que quieren a sus hijos y que quieren hacerse cargo, pero no pueden. Por esto y, sobre todo por el bienestar de los niños, hay que impulsar la custodia compartida para que tanto la palabra derecho como la palabra obligación desaparezcan cuando se trata de querer. Querer a un hijo.

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