La chica del cable – ESD139 - El Sol Digital
La chica del cable – ESD139

La chica del cable – ESD139

“Quién esté libre de pecado que tire la primera piedra”

Brenda Saavedra Casiano

Paula tiene 27 años recién cumplidos. Es una trabajadora nata, amiga de sus amigos, siempre con una palabra de aliento entre sus labios y pura alegría que derrocha entre los que la rodean. Es todo esto y más, pero si se caracteriza por algo es por su capacidad de lucha, por ser una guerrera que, aunque ha estado muerta de miedo más de lo que debería para la edad que tiene, jamás se ha rendido y ha conseguido ser quién le corresponde, ver en el espejo lo que sólo ella vio desde un principio desde dentro, aunque le haya costado lágrimas vivas que nos han dolido a todos los que tenemos el enorme placer de tenerla en nuestras vidas. Paula es luz, una persona mágica y maravillosa capaz de hacer que todo el mal desaparezca sólo con su presencia. Pero hay muchos cuya ignorancia no les permite ver todo esto, sino todo lo que no es. Porque, en ocasiones, la naturaleza también se equivoca y las mujeres, como Paula, también pueden nacer con pene.

La historia de Paula se remonta a 1991, cuando en el registro civil le impusieron el sexo masculino con algo tan simple como una cruz pintada en una casilla. Sus maravillosos padres la llamaron Luis, pero lo que no sabían es que tenían en brazos a una preciosa princesa que pronto les haría saber lo que la naturaleza se encargó de ocultar. La pequeña fue creciendo y cada vez entendía menos lo que los adultos hacían de ella y lo que su interior le pedía, lo que le imponían y lo que quería, lo que sentía y lo que recibía. Si para un adulto ya es complicado entender la vida y hacer frente a problemas que no le permiten avanzar, cualquier persona coherente puede imaginarse el gran sufrimiento que puede suponer para un niño verse y no encontrarse, que nada tenga sentido y que relacione lo que le hace sentir bien con lo que otros dicen que está mal.

Pero Paula ha sido siempre una niña con suerte, la misma que todos en su situación deberían tener. Aunque se dio cuenta nada más tener uso de razón -y así lo supieron sus padres, que esperaron a estar seguros y que fuera su decisión elegir quién ser-, no fue hasta unos años después que decidió contar al resto cómo se sentía y quién era en realidad. No fue fácil. Las lágrimas en silencio fueron su día a día -y hoy, muchas veces, también lo son-, preguntarse el por qué a ella una constante y el miedo a decepcionar a los suyos un temor que no le permitió vivir durante mucho tiempo, porque existía, pero no vivía. Pese a ello, como si se tratara de la superheroína más fuerte del universo, decidió enfrentarse al mundo y, sobre todo, a sí misma, para ir en busca de su felicidad, porque, al final, a eso venimos, a ser felices.

Escribió una carta a su familia, esa que desde el primer momento le prestó todo el apoyo del mundo. Su hermano José, sólo unos años mayor que ella, la cogió de la mano durante todo el proceso y jamás la ha soltado. Sus padres sienten orgullo y devoción por la gran persona que es. Sus amigos no pueden adorarla más, y es que ningún capítulo de sus vidas es igual si ella no está presente. Pero, igual que toda moneda tiene dos caras, también están esos, los de la calle, que, sin pinchar ni cortar, se meten en la forma en la que ella debe o no vivir; que critican a los que la quieren por verla como la ignorancia los ciega a ellos; que juzgan sin conocer; que se creen dueños de tomar decisiones en una vida ajena; que hablan sin tener ni idea; y que, en especial, se empeñan en no dejar vivir.

¿Quién es nadie para elegir cómo tiene que vivir Paula, la vecina del quinto o quien quiera, su vida? ¿Se mete alguna de estas personas en la suya? ¿Le importa a esta mujer -de los pies a la cabeza, con sólo 27 primaveras- si tiene el pelo negro o azul, si es del PP o del PSOE, o si prefiere potaje que macarrones para comer? Pues a todos aquellos que se crean con el derecho de opinar sobre la vida de otros, habría que dejarles claro que cada uno hace de su libro vital lo que le da la absoluta gana, que ya bastante sufren estas personas por culpa de la naturaleza como para que les sigan haciendo daño cuando deciden luchar contra el error de esta. Que, seguro, mucho tiene cada uno que corregir en su interior como para entrometerse u opinar sobre nadie, haciendo daño, y que ya bastante hiriente es la vida como para causar más dolor de manera gratuita a aquellos que no tienen la suerte de nacer como les gustaría, como se sienten o como el resto considera “normal” -una palabra que, sin duda, depende de los ojos del que mira-.

Que, aunque cada uno llega al mundo con su ser interno establecido, los niños no dejan de ser libros en blanco en relación a cómo se comportan en sociedad, y que si uno le inculca a su hijo que los niños tienen pene y las niñas vagina y que no hay más opción, éstos son los primeros que discriminarán a personas que, como Paula, no lo han tenido tan fácil y que, más que rechazo, necesitan amor incalculable y comprensión infinita, porque nadie elige nacer con tan tremendo sufrimiento -ya quisiera ella que todo hubiera ido sin errores-. A los pequeños hay que enseñarles que lo más importante en este mundo es el RESPETO y que ser buena persona está por encima de todas las cosas. Perdonen a los que les moleste que Luis nunca fuera Luis y sea Paula, pero los que la conocen no ven un nombre, una falda o un pantalón, un pene o una vagina, sino a un ser maravilloso cargado de luz y amor. Porque personas como ella se sienten diferentes porque la sociedad las hace sentir así, porque en el colegio los compañeros no están educados para el respeto y para dejar a un lado las etiquetas o los prejuicios, llevándose por el gran amiguito que pueden tener al lado y no por si lleva bragas o calzoncillos.

Cada padre quiere lo mejor para sus hijos y los de Paula se han esforzado para ello, aunque sea yendo en contra de un mundo irrespetuoso, entrometido y cargado de ignorancia, porque ellos prefieren pensar que no se trata de maldad y, al contrario, sí respetan el pensamiento y la opinión del resto -igual que lo respeta la chica del cable, a pesar de que le cueste entender, tanto como a esos otros, el punto de vista contrario-. Aunque su hija, con el gran currículum que tiene -responsable en hoteles de hasta cinco estrellas, jefa de sector en un restaurante internacional en Inglaterra o monitora de baile, entre otros empleos-  le haya costado en sus inicios encontrar un trabajo por haber nacido en el cuerpo equivocado; aunque todavía la discriminen en muchos lugares a los que va porque creen que se trata de una enfermedad; aunque muchos se opongan a que pueda hormonarse u operarse o a hacer libremente lo que quiera con SU vida. “Actualmente, tengo que dar las gracias porque todo está más normalizado y cada vez hay menos gente que discrimine en este aspecto. Además, estoy laboralmente insertada y nadie se imagina lo que me hubiese ayudado de niña o en la adolescencia saber que siendo una mujer transexual puedo trabajar en lo que quiero y no sólo en la prostitución, como gritan los prejuicios”, repite con orgullo y superación infinita Paula.

Mi madre siempre me dice que, si algo no me gusta, que mire para otro lado, pero que no me meta, y creo que es un gran consejo. “Sé madre y comerás huevos”, también me recuerda a menudo, pero considero que muchos que ya son padres prefieren romper los huevos en las cabezas de otros -o, en muchos casos, en las de sus propios hijos- que lo único que quieren es vivir felices. Sin meterse con nadie, sin opinar sobre la vida de nadie. Ser quién uno sienta ser no es un pecado, pero para los que crean que la elección de Paula lo es: “Quién esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.

Deja un comentario

El email no será público.