La ciudad aeroportuaria y los polígonos, amenazados

La ciudad aeroportuaria y los polígonos, amenazados

La ciudad aeroportuaria que se proyecta en Alhaurín de la Torre situaría nuestras terminales aún en mejores posiciones competitivas que las de hoy porque se convertiría en la tercera gran plataforma aeroportuaria española y figuraría entre los aeropuertos más importantes de Europa. Pero más allá de las buenas palabras entre los alcaldes de Sevilla y Málaga y los corifeos de turno, la mano negra que obstaculiza el desarrollo de esta interesante iniciativa hace su trabajo de zapa. El proyecto existe y solo falta que la Junta de Andalucía lo apruebe. Ya en su momento se argumentó que había que proteger unas aves y cuando se contestó que no era probable que AENA recomendara aves en las proximidades de un aeropuerto –por el grave peligro que representan para la seguridad aérea- se olvidó esa excusa y ahora impera el silencio.
Lo cierto es que Sevilla no se conforma con ser el segundo aeropuerto andaluz, tras el de Málaga. La ciudad aeroportuaria podría albergar un hotel para las tripulaciones, reparación de aviones, industrias auxiliares, catering… lo que el desarrollo industrial de Málaga necesita y, lo que es más importante, 15.000 puestos de trabajo directos y unos 25.000 indirectos; es decir, industria y empleo, lo que nos falta.

Pero la pregunta es si podría la normativa autonómica de inundaciones impedir que este proyecto viera la luz, a la vez que condena a muerte al Polígono Guadalhorce y a otros. Esta sospecha empieza a anidar en algunos políticos y empresarios de Málaga. Produce escalofríos pensar que se tomen decisiones de este calado con el objetivo de impedir el desarrollo económico de la provincia y queremos creer que no es así. Decisiones que, incluso, no siempre se adoptarían en los despachos oficiales.
Los empresarios de los polígonos industriales explicaron el pasado viernes sus reivindicaciones para mantener las empresas e invertir en las mismas con normalidad, pero, a falta de un trámite del Consejo de Ministros, la espada de Damocles podría caer sobre estas zonas industriales y de distribución ahora amenazadas.

Existen estudios privados de inundabilidad que invalidan los de la Junta de Andalucía y hay que recordar que el encauzamiento del Guadalhorce se hizo para evitar, precisamente, las inundaciones y si no basta lo sensato es completar las infraestructuras necesarias y no hacer proyecciones en el tiempo que cercenan la actividad económica ya muy maltrecha tras la crisis.
Málaga puede y debe competir libremente con Sevilla y con cualquier otro territorio, pero una legislación que afecta sobremanera a nuestras empresas no puede interpretarse más que como una agresión. Una cosa es que se construyan casas en los lechos de los ríos, lo que es una barbaridad que debe evitarse a toda costa, y otra que lleguemos a la paralización empresarial por unas inexplicadas razones. Como dice un empresario con nave industrial en el Guadalhorce, Amsterdam es inundable en su totalidad y ninguna Administración ha proyectado cerrar la ciudad.

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