La generación de 1980 busca trabajo más allá de la creación de rentabilidad

La generación de 1980 busca trabajo más allá de la creación de rentabilidad

Según el Informe sobre el desarrollo humano 2015, la rápida implantación de la tecnología en el entorno laboral obliga a los trabajadores a aumentar su capacidad de adaptación.

Maite Díaz Torres

La rápida implantación de la tecnología en el entorno laboral está modificando las actividades económicas. El conocimiento se ha convertido en un aspecto esencial de la producción, incluso en el sector manufacturero y en el comercio mundial de bienes y servicios, que ha aumentado significativamente sus componentes digitales según el Informe sobre el desarrollo humano 2015 de Naciones Unidas. Esto provoca que los trabajadores deban modificar hoy sus hábitos y tengan una mayor capacidad de adaptación a causa de la gran variabilidad que tiene el entorno laboral actual.
En los últimos años el conocimiento se ha convertido en un aspecto esencial de la producción. Según el IDH, el comercio de bienes, servicios y finanzas intensivos en conocimientos especializados tuvo un valor de casi 13 billones de dólares en 2012, lo que significa que creció 1,3 veces más rápido que el comercio de bienes intensivos en mano de obra.
Además, los trabajadores deben ser cada vez más flexibles y tener una mayor capacidad de adaptación, ya que tecnologías como la impresión en 3D, robótica avanzada, almacenamiento de energía y los sistemas de software inteligente “transformarán la organización y la productividad del trabajo y permitirán que millones de personas utilicen asistentes digitales inteligentes” comenta dicho informe.
La generación más relacionada con este nuevo mundo laboral es la nacida a partir de 1980, ya que ha alcanzado su mayoría de edad en una época en la que las tecnologías digitales y las tecnologías de la información ya “han penetrado en todos los ámbitos de la vida”, por lo que, según el IDH, “muchos jóvenes de esta generación buscan trabajo mirando más allá de la creación de rentabilidades y crean empresas sin pérdidas ni dividendos que aspiran a ser autosostenibles desde el punto de vista financiero”.

El rápido crecimiento de las tecnologías digitales experimentado en los últimos años fomenta la globalización mundial, lo que ha hecho que las empresas reubiquen o subcontraten algunas de sus funciones esenciales en otros países donde los costos son inferiores. Por poner un ejemplo, empresas como Apple que, según este informe, emplea solo a 63.000 de las más de 750.000 personas que diseñan, venden, fabrican y montan sus productos en todo el mundo.
Sin embargo, el acceso a la revolución digital “no es homogéneo entre las regiones, géneros y grupos de edad y existe una brecha entre las zonas urbanas y rurales” explica el IDH. En 2015, “el 81 por ciento de los hogares de los países desarrollados tenía acceso a Internet, frente al 34 por ciento en las regiones en países en desarrollo y el 7 por ciento en los países menos adelantados”. Esto significa que, si el acceso a Internet en los países en desarrollo fuese el mismo que en los países desarrollados, “podrían generarse 2,2 billones de dólares de Producto Interior Bruto (PIB) y más de 140 millones de nuevos empleos, de los cuales 44 millones se ubicarían en África y 65 millones en la India”, esto aumentaría la productividad a largo plazo en los países en desarrollo hasta un 25 por ciento.

Desigualdad de género en el entorno laboral mundial

Según el Informe sobre el desarrollo humano 2015 de Naciones Unidas, las mujeres trabajan más que los hombres, aunque una gran parte de este trabajo no es remunerado. Este informe divide el trabajo en remunerado y no remunerado, dando como resultado que el 59 por ciento del trabajo desarrollado a nivel mundial tiene una remuneración y el 41 por ciento no la tiene. Mientras el 38 por ciento del trabajo remunerado (desarrollado generalmente fuera de los hogares) lo realizan los hombres frente al 21 por ciento de las mujeres, la situación se invierte en el caso del trabajo no remunerado, ya que las mujeres representan el triple que los hombres (el 31 por ciento frente al 10 por ciento).

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