La incertidumbre nacional

La situación creada tras las elecciones municipales y autonómicas del pasado 24 de mayo, dibujan un panorama un tanto sombrío sobre la escena nacional. Si a esto añadimos la precariedad del gobierno andaluz y la proximidad de otras elecciones, las generales, la palabra incertidumbre es la que mejor puede definir este momento.

 

La irrupción de Podemos y Ciudadanos como nuevas fuerzas políticas que pretenden la defunción del bipartidismo traerá consecuencias hasta ahora nunca vistas. De momento, la capital de España y Barcelona están amenazadas por un movimiento que tiene mucho de antisistema –Podemos en sus distintas marcas “blancas”-, y en otros lugares serán decisivos para el gobierno, al igual que Ciudadanos, partido más templado que ha tranquilizado a una buena parte de la mayoría silenciosa de este país frente al temor que provoca el partido de Pablo Iglesias.

 

Mientras que Rajoy se ha apresurado a decir que aquí no pasa nada y que él es el mejor candidato para concurrir a las generales de noviembre, poco después no descartaba algunos cambios en la cúpula de su partido ante las críticas que su figura y su política generaban entre barones y afiliados en general.

 

La refundación del PP es urgente en extremo. Nuevos casos de corrupción le acosan. El viernes era detenido el delegado del Gobierno en Valencia por presunta corrupción. Es un suma y sigue que enlaza con la cerrazón del presidente del partido –que lo es también del Gobierno, en una desafiante bicefalia- a renovar estructuras y mensajes y acometer las necesarias reformas -ley electoral, sistema judicial… y quizá hasta la Constitución- que el país precisa para seguir un rumbo definido y no entrar en quiebros políticos que pudieran dar al traste con la tímida recuperación económica –y que es obra principal de este Gobierno, justo es reconocerlo- que atisbamos con tantas expectativas.

 

Si los políticos acaban con la economía, como ha sucedido hace sólo unos años con los gobiernos de Rodríguez Zapatero, el país se encontraría en una debilidad de preocupantes consecuencias. Por eso, en estos momentos, más que arrugarse por tan malos resultados, PP y PSOE tienen la obligación nacional de marchar unidos en lo esencial, la estabilidad política y la recuperación económica. Una política de pactos de PSOE con Podemos, lo alejaría definitivamente del gran espacio de centro que desde la transición hasta hoy ha garantizado la paz social en España. Pero nada de todo esto puede emprenderse sin reformas de calado que contendrían la inestabilidad de hoy y prepararían un futuro seguro.

RESIDENCIA

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