La industria que necesitamos

La industria que necesitamos

Uno de los elementos comunes del análisis de la economía provincial es, inevitablemente, su falta de diversificación –concentrada como está aquélla en el sector servicios– y su escaso desarrollo industrial. Según los datos disponibles de la Encuesta de Población Activa, solo el 4,4 por ciento de la población trabaja en la industria, mientras que la media nacional es del 14 por ciento. De tomar el dato de la aportación del sector industrial al PIB provincial nos encontramos con un 5,7 por ciento, porcentaje muy similar al anterior, aquí también la media española es muy superior, el 15,8 por ciento.
El cierre de muchas industrias auxiliares de la construcción explica, en parte, la anemia industrial de Málaga, pero hay otras factorías que cesaron en su actividad y nada tienen que ver con el ladrillo, por ejemplo Isofotón.
El caso es que Málaga necesita ampliar la variedad de sus fuentes de riqueza. La gran ventaja de la industria es que se imbrica con el territorio a largo plazo porque una fábrica no se instala, dada su complejidad, para una corta vida; además, el empleo está más especializado y los sueldos son más altos. Este empleo de calidad le vendría muy bien a la provincia.
Es cierto que tenemos un interesante número de empresas tecnológicas y que el PTA es hoy un importante polo de desarrollo económico, pero es insuficiente. Hay práctica unanimidad en los especialistas económicos en que el sector agroalimentario es el mejor situado para experimentar un importante crecimiento, porque industrias con alguna clase de impacto medioambiental perjudicarían el atractivo turístico de la Costa del Sol y del interior de la provincia en general. Pero hay que añadir que el proyecto municipal de una zona franca en Campanillas podría albergar alguna clase de industria de montaje.
Para iniciar ese círculo virtuoso sería muy conveniente alguna importante empresa tractora que estimule el establecimiento de otras y, para este fin, se necesita suelo industrial, a buen precio y comunicado. Además, claro está, de unas administraciones públicas más ágiles en las correspondientes tramitaciones burocráticas. Aquí también tenemos mucho que mejorar.

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