La Jauría Humana - El Sol Digital
La Jauría Humana

La Jauría Humana

Esta semana hemos ido a la filmoteca para ver la película “La Jauría Humana” de Arthur Penn. Richerdios

La Jauría Humana

La Jauría Humana es además de una obra cumbre e indispensable del cine, una poderosa radiografía de nuestra sociedad, a través de la historia de un pequeño pueblo americano que utiliza a un presidario huido de la cárcel como chivo expiatorio de todas sus inseguridades, miedos y carencias. La película tiene un retrato de personajes conciso y ejemplar, incluso en los papeles más pequeños, y su intensidad dramática va creciendo a medida que avanza la espiral de violencia en la que se sume el pueblo.

La historia de un hombre sin suerte que acaba pagando por los pecados de todos los demás, está interpretada por un joven y creíble Robert Redford, y supone una pesimista reflexión sobre la condición humana y moral de la sociedad, donde las personas prejuzgan a los demás y viven sumidas en una orgía de banalidad para evitar afrontar sus problemas reales. Todo ello ambientado en un pueblo asfixiante donde el racismo y el clasismo forman parte del engranaje de una bomba de relojería a punto de estallar y donde tan sólo la integridad del sheriff parece querer poner orden al caos y detener la inminente explosión de odio y sangre.

El sheriff está interpretado magistralmente por Marlon Brando, en uno de sus mejores papeles, ofreciendo complejidad y doble fondo a su rol. El resto del reparto también brilla a gran altura y cada personaje que sale tiene gran importancia en la trama, formando una especie de puzzle del entramado que a Penn le interesa explicarnos más allá de lo que sucede en la historia. Con la ayuda del espléndido guion y del texto en que se basa, el sabio director nos hace una crónica social en formato de despiadada crítica para avisarnos de hacia dónde se dirige el género humano, tal vez por eso en su momento no fue excesivamente bien acogida y es que a veces resulta demasiado duro contemplar las miserias del ser humano e identificarse en ellas.

Todos esperaban grandes cosas de esta historia. Al poco de comenzar el rodaje, Brando se dedicaba a “tirarse” a toda chica que no se moviera lo bastante rápido. Roger Vadim tenía prohibida la entrada en el Estudio para no distraer a su sexy novia Jane Fonda. Robert Redford debutaba en una película grande sin apenas relacionarse más que con los técnicos, siempre en exteriores. El director se vio reducido a funcionario a las órdenes de un productor. Hubieron de pasar años antes de que esta película superara la expectativa que defraudó al estrenarse, para que la crítica posterior reconociera sus méritos: una radiografía de la violencia que latía en la América profunda a mediados de los años sesenta.

El motor de la película fue su productor Sam Spiegel, el mismo de “El puente sobre el río Kwai”, “La reina de África”, “La ley del silencio” y “Lawrence de Arabia”. Varios directores consagrados, William Wyler, David Lean, Mankiewicz, Kazán o Zinnemann, dijeron que no por diversas razones. Penn tenía 42 años, criado en televisión, poco cine pero con una candidatura al Oscar por “El milagro de Ana Sullivan”, aunque nunca había hecho una película tan convencional, era un director con ideas propias.

A favor tenía un izquierdismo intelectual que le ayudaría a llevarse bien con unos actores que le consideraban un director para los nuevos tiempos y que dos años más tarde revolucionaría el cine con “Bonnie and Clyde”. Además de la potente presencia de Brando, que como siempre se roba por completo la pantalla se contrató a un conjunto de actores con futuro, Jane Fonda, Angie Dickinson, James Fox, Robert Duvall y, en su primer papel importante, Robert Redford. La que más peleó por esta película fue Jane Fonda, quería el papel de la mujer de Redford, el fugitivo. Pero era Candice Bergen la que el productor prefería. En cuanto a Redford, fue una segunda opción, cuando Peter O’Toole le dijo con mucha claridad a Spiegel que había tenido suficiente con “Lawrence de Arabia”. Redford tenía veintisiete años y más experiencia de teatro en Broadway que en el cine. Arthur Penn ni siquiera le conocía. La otra chica de la película es Angie Dickinson, haciendo de esposa comprensiva de Brando.

La Deriva

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