“La modernidad en la arquitectura puede ser un grito jubiloso pero nunca un berrido”

“La modernidad en la arquitectura puede ser un grito jubiloso pero nunca un berrido”

Salvador Moreno Peralta, arquitecto-urbanista

Maite Díaz Torres

Salvador Moreno Peralta es un firme defensor de una arquitectura simbiótica, que no sea presuntuosa. Cree en los edificios funcionales y tan adaptados al entorno que casi pasen desapercibidos. Su carrera profesional, sin embargo, no da pie a la modestia. Arquitecto-urbanista por la ETSA Madrid (1972), Moreno ha sido autor del Plan General de Ordenación Urbana de Málaga (PGOU) que fue Premio Nacional de Urbanismo en 1983 y de los planes generales de Mijas y Vélez Málaga. Este arquitecto ha sido Gerente Municipal de Urbanismo del Ayuntamiento de Málaga y autor del Plan Futures de Torremolinos en 1994. Es difícil pasear por Málaga y alrededores sin encontrarse con un edificio que no tenga su firma. Entre sus obras edificadas destacan el Ayuntamiento de Torremolinos, la Facultad de Derecho en la UMA y las sedes de BBVA, Oracle y Ericsson en el PTA. Gran adepto de Moneo y amante de la arquitectura nazarí, Salvador Moreno ha escrito numerosos artículos y ensayos en prensa diaria y en revistas especializadas.

-¿Cómo ha cambiado Málaga desde que redactó su Plan General de Ordenación Urbana?
-Málaga ha cambiado muchísimo. Los planes generales no siempre se llevan a cabo en su totalidad, pero de este plan se puede decir que se ha hecho mucho. Se han desarrollado todos los sectores de crecimiento programados, se ha construido toda la zona de Teatinos y el litoral oeste y además con bastante sujeción a lo que se planificó, aunque algunos dijeron en su día que era una locura, que Málaga no podía extenderse hasta Teatinos.

-¿Cuál es el secreto de este éxito?
-Los planes urbanísticos deben poder ir adaptándose a las necesidades de un mundo que varía mucho de un año a otro. No se puede considerar un PGOU como un corsé para veinte años, debe ser ágil y tener capacidad de respuesta. Algo que fue muy importante para la consecución de este plan fueron las riadas del año 1989. Esta catástrofe natural determinó que se calificara a Málaga como zona catastrófica, por lo que se dio una financiación extraordinaria a la ciudad gracias a la cual se pudo urbanizar de golpe todo lo que en circunstancias normales se habría tardado mucho más tiempo.

-¿Qué le falta al centro de Málaga en materia de urbanismo?
-Le falta un poco de sosiego. Podría acabar muriendo de éxito, aunque si hay que morir es mejor morir de éxito que morir de asco. Ha habido unas medidas en el centro de Málaga que han sido un gran acierto para su revitalización, porque estaba absolutamente muerto. Dos factores fundamentales han sido la peatonalización de la calle Larios y la incorporación a la centralidad del Muelle 1 y el Muelle 2. Lo que falta ahora es añadir a la centralidad todo lo que hay por encima de calle Carretería, me refiero a los barrios de La Goleta, San Rafael y Lagunillas. Estos barrios pertenecen al centro de hecho pero no de derecho, ya que forman parte del centro histórico, pero nadie los ha contemplado como tal, no han tenido el mismo cuidado ni atención que todo lo que se encuentra al interior de la calle Carretería.

-¿Qué se puede hacer con estos barrios?
-Sencillamente, tratarlos con el mismo cariño y respeto con el que se ha tratado el espacio que comprende desde Carreterías hasta el centro. Me refiero a la rehabilitación de viviendas, potenciación de monumentos, urbanización de calles, una oferta residencial para jóvenes… en definitiva revitalizarlo, no solamente rehabilitarlo. Quiero decir, es necesario hacer un cambio en el modelo social de la zona, no solamente un cambio arquitectónico. Hay que incorporarlo de alguna forma a esa vitalidad enorme y desbordante (quizá un punto en exceso) que tiene hoy el centro de Málaga en el entorno de calle Larios.

-En barrios como La Goleta y La Trinidad y Lagunillas hay una falta absoluta de zonas verdes. Además, hay numerosos solares abandonados que se utilizan como parkings ilegales ¿Cómo cree que se podría evitar?
-El plan de Lagunillas no se ha llevado a efecto y el plan Trinidad-Perchel se dejó a medias. Por eso, aún existen muchos solares que deberían ser ya casas creadas para un nuevo modelo de población. Casas para gente joven, elementos dinamizadores del tejido social. Hoy en día la demanda residencial es muy variada y podría cubrirse en esa zona si se hubiera desarrollado el plan al completo.

-¿Qué recomienda hacer en la ciudad?
-Málaga lleva un buen ritmo, es una ciudad que ha cambiado muchísimo, no solamente en el centro, que es una pequeña mota comparada con la enorme extensión que es la ciudad. La periferia de Málaga está muy bien urbanizada en parte a causa del PGOU. Tiene zonas verdes, colegios… el problema es que estas zonas están inhóspitas durante el día porque no hay una descentralización de los equipamientos. Falta un cierto reequilibrio de usos y actividades para que los barrios periféricos tengan la vitalidad que tiene el centro de la ciudad.

-¿Qué hay del río Guadalmedina?
-Con el río Guadalmedina ha pasado lo mismo que ha sucedido con los Baños del Carmen y con determinados espacios de Málaga. Por el retraso en abordarlos, estos espacios se han llenado de tanta carga emocional que al final, prácticamente, no se puede actuar sobre ellos, ya que cada malagueño tiene una idea diferente y el espacio se crispa de forma tal que si alguien hace algo defraudará a los ciudadanos. En el caso del río, ya un arquitecto ganó un concurso para rehabilitarlo.

-Y, sin embargo, no se ha comenzado la obra aún.
-Yo creo que lo importante es que se empiece a hacer y si lo que se está construyendo provoca nuevas ideas siempre se podrá cambiar. Lo que es absurdo es pensar que el urbanismo es como el Corán. El urbanismo, igual que la Constitución de los EEUU, debe adaptarse a los tiempos. Con el balneario de los Baños del Carmen sucede lo mismo. En este caso, no hay que hacer nada, solamente rehabilitarlo y construir unos espigones para proteger la playa. En este tipo de cosas se ve perfectamente cómo la burocracia crea sus propias trampas hasta el punto de bloquear por completo la ejecución de algo muy sencillo.

-¿Cuál es su toque personal como arquitecto?
-Yo soy un poco camaleónico. Mi modelo es Rafael Moneo, como él también creo que cada lugar exige su adaptación al mismo. No quiero tener una imagen de marca como tienen otros arquitectos. Muchos de los grandes arquitectos del momento, como Frank Gehry, Renc Johan, o Calatrava construyen el mismo edificio en todas partes porque es su imagen de marca. Yo entiendo la arquitectura de una manera más simbiótica con el sitio en el que está, es decir, creo que la arquitectura tiene que responder de alguna manera al entorno en el que está porque del modo contrario sería como decir que el lugar soy yo. Un edificio debe adaptarse a las condiciones del lugar, no crear un lugar a partir de lo que yo haga. La Alhambra, por ejemplo, se adapta de forma maravillosa al monte en el que ha sido construida. Eso es un ejemplo de arquitectura orgánica, una arquitectura que intenta dialogar con el lugar. La modernidad puede ser un grito jubiloso pero nunca un berrido.

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