La primera expedición de Colón toca América, germen de la Hispanidad. Alejandro González Herrera. Vicepresidente de la Fundación Civilización Hispánica - El Sol Digital
La primera expedición de Colón toca América, germen de la Hispanidad. Alejandro González Herrera. Vicepresidente de la Fundación Civilización HispánicaAlejandro González Herrera. Vicepresidente de la Fundación Civilización Hispánica

La primera expedición de Colón toca América, germen de la Hispanidad. Alejandro González Herrera. Vicepresidente de la Fundación Civilización Hispánica

El 12 de octubre de 1492, la expedición comandada por Cristóbal Colón al mando de dos carabelas (la Niña y la Pinta) y una nao (la Santa María, donde iba el Almirante) llegaron a Guanahaní (las actuales islas Bahamas), junto con un centenar de hombres. De los cuatro viajes que Colón realizó a América, sólo en el tercero llegó a tocar tierra continental, en la actual costa de Venezuela, quedando impresionado de la belleza de su paisaje. Del primer viaje de Colón, solo regresaron dos carabelas, la Niña y la Pinta, y esta última fue la primera en arribar al puerto de Bayona (Pontevedra), el 1 de marzo de 1493. Era la culminación de un proyecto iniciado años antes por el propio Colón. Su obsesión de ir hacia las Indias por el oeste se encontró con el rechazo de la corona portuguesa. Entonces Colón emprendió viaje a Castilla para pedir apoyo a su reina, pero los consejeros científicos de los Reyes Católicos también rechazaron el proyecto. La providencia quiso que a última hora la reina católica Isabel de Castilla cambiase de opinión, y decidiera financiar la aventura colombina. El éxito del viaje cambió la humanidad para siempre.

Sin lugar a dudas, la fecha del 12 de octubre, es considerada de forma unánime como una de las más importantes de la historia universal. Dentro de mil años se seguirá hablando de ella.

 Fue una epopeya sin parangón: descubrimiento, colonización y evangelización. Protagonizada por españoles curtidos en ocho siglos de reconquista del territorio peninsular, antes dominado por los musulmanes. Como decía el filósofo Julián Marías, España se «injertó» en América. Esto dio lugar a un nuevo concepto: la Hispanidad. La brillante pluma de Ramiro de Maeztu lo desarrolló material y espiritualmente.

De la semilla hispana brotó una raza nueva, la mestiza. Se exportó un idioma universal hoy hablado por 600 millones de personas, sin menoscabo del mantenimiento de las lenguas autóctonas, como el guaraní. Igualmente,  se pusieron los cimientos para expansión del mensaje de Cristo a través de la religión católica. Como expresó el Papa Juan Pablo II, “me urgía reconocer y agradecer ante toda la Iglesia vuestro pasado evangelizador. Era un acto de justicia cristiana e histórica”.

Con este colorario, la ingente labor cultural de la monarquía hispana retrata las vergüenzas de otros imperios. Podríamos decir, que la universidad española conquistó el Nuevo Mundo. Los monarcas católicos hispanos fundaron en América hasta el siglo XIX, medio centenar de universidades y colegios mayores, además de incontables escuelas, como la de San Pedro de Gante (México) que llegó a tener mil alumnos. La primera universidad fue en la temprana fecha de 1538 (Santo Domingo, República Dominicana). Ningún imperio puede compararse al español en cuanto a número de universidades fundadas durante su dominio. Por ejemplo Portugal, no creo ni una sola universidad en Brasil. Como asegura, la historiadora Elvira Roca Barea, «hay que sumar la totalidad de las universidades creadas por Bélgica, Inglaterra, Alemania, Francia e Italia en la expansión colonial de los siglos XIX y XX para acercarse a la cifra de las universidades hispanoamericanas durante la época imperial española».

No quiero terminar, sin la bella poesía sobre España, del gaditano José María Pemán, caballero de la Insigne Orden del Toisón de Oro,

Cuando hay que descubrir un Nuevo Mundo o hay que domar al moro, o hay que medir el cinturón de oro del Ecuador, o alzar sobre el profundo espanto del error negro que pesa sobre la Cristiandad, el pensamiento que es amor en Teresa y es claridad en Trento, cuando hay que consumar la maravilla de alguna nueva hazaña, los ángeles que están junto a su Silla, miran a Dios… y piensan en España.

(J.M. Pemán, Poema de la Bestia y el Angel, fragm.)

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