La Regenta

La Regenta

La pasada semana hicimos la crítica de “Fortunata y Jacinta” de Pérez Galdós y dejamos para esta la de “La Regenta” de Clarín, así como las semejanzas y divergencias entre ambas. Richerdios.

La Regenta es una obra muy larga; junto con Fortunata y Jacinta de Galdós es, tal vez, la más larga, de importancia, del pasado siglo. Fue publicada en 1884-1885, mientras la de Galdós lo fue en los años 1886-1887, con lo que tan solo las separan un año, o dos, de diferencia. Ha sido considerada por algunos como la mejor novela del siglo pasado y, con cierta exageración por otros, la mejor de la literatura española tras el Quijote. Es, en todo caso, un juicio subjetivo. También ha habido sus detractores, especialmente entre los coetáneos de Clarín. Pero no se debe olvidar que éste ejercía la crítica literaria con bastante severidad y no es extraño que tuviera poderosos enemigos y adversarios que no le quisieran bien. Lo que sí es cierto, y pocas dudas caben al respecto, es que ambas obras son las más perfectas y densas -no por el argumento, que en las dos es sencillo, sino por la forma del relato- del siglo pasado, en el cual las obras novelísticas de mérito se publicaron todas en el último cuarto de la centuria, el cual fue especialmente fértil en obras de calidad y en autores que llegaron, en esta época, a su mejor nivel de creación y algunos comenzaron con fuerza a escribir y publicar en estos años. La acción que se presenta en la novela abarca tres años de las vidas de sus personajes, pero muy desigualmente repartidos a lo largo del relato, pues mientras se dedican muchos capítulos iniciales a describir a los personajes y la vida ciudadana, así como a narrar la historia anterior de los protagonistas y aun algunos secundarios, después, la historia, en la parte central, se alarga ya más en el tiempo y se dejan pasar los años, con los altibajos de los escarceos amorosos y con las aproximaciones, tanto del Magistral como de don Álvaro, en su intento de hacerse con el amor de la Regenta.Los cambios en la actitud y en la postura anímica de la misma se relatan con detalle y morosidad, pero también hay periodos en que se efectúan saltos en el tiempo, que se despachan con escasas líneas. Sin embargo, el final se precipita de forma veloz y apenas en cuatro capítulos se presenta el desenlace de una manera rápida y muy concisa. El planteamiento y el nudo de la cuestión se dilatan y la conclusión se apresura. No por ello pierde vigor la novela y su morfología no se resiente lo más mínimo, ni el interés decae, pues tan apasionante es el final, en que los acontecimientos toman ritmo vertiginoso, como los planteamientos iniciales que son completos relatos dentro del relato, o como el nudo central en el que los continuos avances y retrocesos de los dos aspirantes al amor de doña Ana se suceden. Hay también en la novela abundantes anécdotas que forman verdaderos cuentos, o gérmenes de cuentos, a los que tan aficionado era Clarín. Éste es un escritor magistral describiendo tanto los paisajes como las personas. Da una lección permanente al hacer el retrato de los personajes con mimo y cuidado y haciendo que nos representemos a la persona que describe como si la estuviéramos viendo. Igualmente pasa con los paisajes, tanto urbanos como campestres, en que la morosidad con que detalla cada cosa nos hace vivirla. Sin embargo, es más hábil en la descripción de zonas rústicas y fenómenos naturales que en la de los lugares urbanos, si bien Vetusta la detalla con mimo, pero no así sus calles y lugares especiales, ni sus costumbres populares y la vida cotidiana, como hace Galdós con su Madrid. Lo que no hay en toda la novela, a pesar de su subido erotismo en la trama, es ni una sola descripción de actos eróticos de ninguna especie y sólo se apunta que suceden y además, a veces, con circunloquios. Esto es, de todas formas, una constante en los escritores españoles de la época, que eran pudibundos y no se atrevían a reflejar con crudeza los actos más naturales. Eran más realistas que naturalistas, en lo cual estaban lejos de los de otras nacionalidades, en especial de los franceses.

En la novela de Clarín hay pocos personajes que sean encomiables

Se ha hablado mucho del anticlericalismo de La Regenta, pero eso no es en absoluto cierto, pues si bien la mayor parte del clero es tratado en la obra con dureza, ya que, aparte del obispo, ninguno de los demás se salva, bien sea por su lujuria, por su ambición, por su maledicencia, o por su envidia… o por una mezcla de todos esos defectos, no salen mejor librados los personajes de la burguesía y la aristocracia, en los que pinta estos o parecidos defectos y los flagela a todos por igual denunciando sus vicios. La verdad es que en la novela de Clarín hay pocos personajes que sean encomiables y ya hemos hablado de esto y de que, tal vez, sólo dos, el obispo y Frígilis, sean dignos de admiración. Para terminar diremos que esta novela, llena de virtudes y algunos defectos como toda obra humana, fue acusada en su época, incluso por su mismo autor que así lo reconocía en alguna carta, de demasiado extensa. Pero esto, que pone de manifiesto Baquero, lejos de ser algo negativo realza el valor del relato, pues nada sobra en el texto y todo es importante y viene a completar la obra y hacerla definitivamente maestra. Clarín se excusaba diciendo que iba enviando el original conforme lo escribía, suponemos que para que fuera impreso, y no se quedaba con copia por lo que olvidaba a veces lo que había escrito antes. Si esto es así, tenía una memoria prodigiosa, pues no hay repeticiones y nada de lo que se dice es superfluo, sino que más bien contribuye a dar brillantez al nudo central de la acción: la caída final de la Regenta en manos del tenorio huyendo del clérigo y el drama final que esto origina.
Comparación entre Fortunata y Jacinta y La Regenta
Son las dos novelas españolas importantes más largas del siglo pasado, pero además, y eso es algo indudable, son las dos mejores, e incluso se encuentran entre las de más altura de toda la literatura española. Ambas plantean triángulos amorosos, o mejor cuadrángulos como antes dijimos. Mientras en La Regenta el triángulo es de una mujer y dos hombres que quieren poseerla, independientemente del marido que forma la cuarta persona, en Fortunata y Jacinta se trata de un hombre que desea a dos mujeres alternativamente, una de las cuales es su esposa y la otra termina casándose y traicionando también a su marido, con lo que existe doble adulterio. En La Regenta, al hacerse ésta amante de Mesía sólo se produce un adulterio. Además en La Regenta los preparativos para la traición marital se están gestando durante la mayor parte de los capítulos, y sólo se produce en los últimos en los que se concentra la mayor parte de la acción. En Fortunata y Jacinta el adulterio de Santa Cruz comienza en los primeros capítulos y se repite varias veces, alternándose con otras de arrepentimiento, pero cuando Fortunata se casa ocurre el doble adulterio y éste lo es también de forma repetida. Ambas mujeres terminan dramáticamente, pero, mientras en La Regenta la caída de la esposa es por el abandono del marido y los deseos carnales de ella, y además existe el arrepentimiento final por esa acción; en Fortunata y Jacinta, la primera se entrega a Santa Cruz, soltera o casada, porque es el hombre de su vida, al que quiere con ansias primitivas y por él puede llegar a dar la vida. Juega en este caso la diferencia de clases entre uno y otro, mientras en La Regenta la mujer traiciona a su marido con uno de su misma esfera social y económica.

La Deriva

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