La Riña - ESD130 - El Sol Digital
La Riña – ESD130

La Riña – ESD130

Que en el Vaticano se libra una sorda batalla entre los prelados partidarios del Papa Francisco y otros contrarios a determinadas reformas, no es un hecho nuevo en estos cinco años de pontificado.

El pasado 21 de diciembre, el Papa atacó a “los traidores” de la Curia romana y su “desequilibrada lógica de las intrigas”, lenguaje que extraña en un Santo Padre en el que deben primar más las palabras de amor fraterno que las descalificaciones, aunque se refieran a quienes no están de acuerdo con él, máxime si se trata del tradicional discurso de Navidad.

Francisco no ha escatimado críticas a los sectores conservadores, liderados por el cardenal alemán Gerhard Müller, que fue apartado en julio de su cargo como prefecto de la Doctrina de la Fe. Los discrepantes a la calle, ese fue el mensaje en su momento. Y seguía diciendo el sucesor de San Pedro: “Permitidme que diga dos palabras sobre otro peligro, que es el de los traidores de la confianza. Han sido seleccionados con cuidado para dar mayor vigor al cuerpo y a la reforma pero -al no comprender la importancia de sus responsabilidades- se dejan corromper por la ambición o la vanagloria”. Palabras que Francisco entenderá que pueden ser respondidas, al menos, con la misma dureza que él emplea. Sobre todo por la silenciosa labor que el actual Papa está haciendo en el colegio cardenalicio para situar a sus partidarios y así que sus reformas tengan continuidad tras su muerte o retiro. Estas reformas, debe entender el Papa, no pueden ser correspondidas con un cheque en blanco. Iglesia es ecclesia, asamblea, y en ésta todos sus miembros tienen derecho a defender sus opiniones, como él defiende las suyas.

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