La Riña ESD42

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El debate de investidura de la pasada semana ha merecido generalizadas críticas no sólo de los medios de comunicación sino del ciudadano común. Más allá de las chabacanerías de Iglesias y Doménech besándose, o la demagogia de todos los intervinientes, sin excepción, lo verdaderamente importante fue la representación teatral de Pedro Sánchez y Albert Rivera. Sabían que no sumaban los votos necesarios e hicieron como si fuesen a arrancárselos a los diputados que ya habían manifestado su negativa a ser tan generosos. En cuanto a Mariano Rajoy, presidente del gobierno en funciones, mostró mejores dotes oratorias que el resto, pero a estas alturas de la película está herido de muerte por los últimos casos de corrupción de su partido, la falta de democracia interna y su falta de cintura para estar a la altura de las circunstancias; sin embargo, ahora se ha mostrado más inteligente que su principal rival al haber rehusado ir a su investidura, dejando que Sánchez arrostrara este anunciado fracaso.
El candidato socialista tendrá ahora que rendir cuentas ante los barones de su partido y, probablemente, los leones no dejen ni los huesos de su esbelta figura, que en el PSOE no se perdonan las derrotas, a diferencia del PP. Mientras tanto, sacaremos de nuevo las urnas y esperaremos a ver qué pasa el 26 de junio. Desde luego, esta incertidumbre no es nada buena, y depende de los resultados de esta nueva convocatoria que no empeore todo. Mientras tanto, los independentistas catalanes acechan, y los proetarras de Otegui velan las armas. Para no preocuparse.

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