La Sonrisa de Gioconda - ESD114 - El Sol Digital
La Sonrisa de Gioconda –  ESD114

La Sonrisa de Gioconda – ESD114

He terminado de leer por enésima vez la novela corta de Miguel de Unamuno San Manuel Bueno, Mártir”. Trata del problema de la fe y el argumento es sencillo: un sacerdote aldeano, Manuel Bueno, muere en olor de santidad, pero la realidad es que antes ha confesado a un amigo que carece de fe, pero que prefiere morir dejando en la ignorancia de tal extremo a sus feligreses para que no pierdan la esperanza en la otra vida. Este relato me ha llevado a meditar en el problema de la fe, y en cuantos, como Manuel, sacerdotes y seglares, que presumen de tenerla, carecen de fe y son agnósticos o ateos. Es más frecuente de lo que parece entre clérigos, e incluso Papas como nos ha hecho conocer la Historia. Pero lo que quisiera analizar aquí es otro asunto: cuántas clases de fe hay. Según nos decía el catecismo, que estudiábamos de niños, fe es creer en lo que no vemos; y la RAE la define como “creencia y esperanza personal en la existencia de un ser superior”. Esto en su primera acepción y solo en el comienzo de la definición, que es más extensa. No hace falta más por el momento, pero es que además de la creencia en un Dios o varios puede haber la confianza ciega, la fe, en que existe cualquier otra cosa o determinado hecho, que no sea propiamente un ser superior. Así se tiene fe en que ocurrirá algo determinado o que tendremos fortuna en alguna aventura que iniciemos. Es pues muy amplio el concepto de fe, pero, ciñéndonos al aspecto religioso, hay una fe del carbonero, como vulgarmente se dice, y que es creer en algo superior sin haberlo razonado; y hay otra fe basada en raciocinios más o menos sedimentados: la fe auténtica y firme que tienen algunos seguidores de determinadas religiones. Y finalmente existe una fe fanática, en algunos, que les hace ser excluyentes de otras posibilidades y así terminar con la vida de los que no creen o piensan como ellos y recurren al terrorismo. No se les puede negar la fe, aunque sea integrista y aunque su comportamiento, como consecuencia, sea equivocado y condenable. No solo tienen una fe ciega, sino que además es perniciosa. Es un asunto que hay que meditar y que a mí me preocupa. Ejemplos de este comportamiento, o semejante, los ha habido en la Historia de multitud de pueblos, incluido el nuestro.

Richerdios

CABRA DE LUNA ABOGADOS

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