La Sonrisa de Gioconda - ESD125 - El Sol Digital
La Sonrisa de Gioconda – ESD125

La Sonrisa de Gioconda – ESD125

Como ya anuncié en la pasada entrega, continúo hoy con el asunto de los papeles del Paraíso. En esta semana pocos nombres destacados han sido novedad. En España ninguno que me llame la atención. No porque no sean famosos, sino porque no es sorprendente que hubieran defraudado. Fuera de nuestro país sí hay uno que me asombra y me impacta desagradablemente. Se trata de un personaje al que todo el mundo consideró un paradigma de la ética. Me refiero a Nelson Mandela. Y es que, aunque, como se indica, tuviera la cuenta y el dinero para obras de beneficencia, eso no le exime de pecado. Defraudar a la Hacienda de tu país es en casi todos ellos un delito; y él, más que nadie, debería haber dado ejemplo. No olvidemos que se trataba de un premio Nobel. Claro que no es el primero: también Vargas Llosa. Si bien en la concesión de este galardón ha habido controversias, en el caso de Mandela no las hubo. Al parecer, las enormes sumas de dinero están casi siempre manchadas. Recordemos la frase de Balzac, en su obra “La Posada Roja”, que luego recreó en varias novelas de “La Comedia Humana”. Aunque la expresión “detrás de toda gran fortuna siempre hay un crimen” puede ser demasiado absoluta y genérica, lo que sí resulta cierto es que el dinero obtenido desmesuradamente fue casi siempre logrado con malas prácticas, poco legales y escasamente éticas. Pero es que, además, esos grandes acumuladores de riquezas son de forma casi absoluta de una codicia que resulta anormal. Lograda cierta cantidad de recursos -los suficientes para vivir con todo lujo el detentador, en muchos casos, y sus descendientes por varias generaciones-, la codicia de conseguir más anotaciones bancarias, pues el dinero físico ni siquiera lo ven, resulta, desde mi punto de vista, una anormalidad psicólogica que no soy capaz de definir en términos iátricos y que otros especialistas psicólogos o psiquiatras podrían encuadrar mejor. A ellos les dejo el calificativo apropiado. Yo me quedo con el de insolidarios con el hambre mundial, viles, rastreros y acaso, y sin acaso, afectados por una frenopatía.. Richerdios

CABRA DE LUNA ABOGADOS

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