La Sonrisa de Gioconda - ESD151 - El Sol Digital
La Sonrisa de Gioconda – ESD151

La Sonrisa de Gioconda – ESD151

Es evidente, al menos para mí, que el mundo entero vive en el presente una nueva época de pérdida de valores de todo tipo, muy diferente a la que disfrutamos, al menos en occidente, unos veinticinco o treinta años antes. Tengo bastante idea de las causas que han provocado esta crisis en las conciencias y en las situaciones de toda índole, y me gustaría explicitarlas; pero es escasa esta columna para hacerlo, a no ser que lo ejercite en unas cuantas. Voy a atreverme a ello, pero, dado que abarcar el planeta entero daría lugar a un libro, me voy a constreñir a España y, acaso, de pasada, y por nuestra pertenencia al club de países más avanzados, al mundo occidental y en especial a Europa. Es una labor ardua el constreñir en unas líneas los precedentes históricos, los resultados y la conclusión final de cuál es el motivo, y cómo y por qué, entiendo yo, hemos llegado a esta situación. No obstante, lo voy a intentar, aunque la aventura sea singular y difícil. Para encuadrar históricamente el asunto he de decir primero que nuestra querida España nunca ha estado desarrollada, ni en lo cultural, ni en lo social, ni en lo político, ni en lo económico -tal vez hace unos años ha comenzado a estarlo, al menos en alguno de estos aspectos-; ni siquiera cuando éramos los dueños del mundo occidental, los amos por el poder de la fuerza, del terror que imponían nuestros ejércitos, enviados por reyes con visión de Imperio y al mando de sagaces estrategas. Pero todo eso fue de puertas afuera; en el interior una Castilla deprimida, depauperada y miserable, mal que bien, pagaba y daba de comer a los tercios mientras el resto del país malvivía bajo los umbrales de la pobreza, al tiempo que sólo unos cuantos potentados detentaban las riquezas, y el mayor de ellos la Iglesia. Luego vino la decadencia con los postreros Austrias, se mantuvo el tipo con los primeros borbones y se cayó en la sima con los últimos, antes de la Gloriosa. La zanja comenzó a cavarla Fernando VII, aquel rey baboso y cobarde que se rebeló contra su inepto, abúlico y cornudo padre, para convertirse después en un servil acólito, en un vasallo, un títere y un adulador de nuestro invasor, Napoleón, en la dorada jaula de Valençay, en la cual el emperador le tenía recluido (seguirá). Richerdios

 

CABRA DE LUNA ABOGADOS

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