La Sonrisa de Gioconda - ESD155 - El Sol Digital
La Sonrisa de Gioconda – ESD155

La Sonrisa de Gioconda – ESD155

Terminamos la columna anterior con la segunda guerra mundial (sigue). En nuestra guerra, fuimos los propios españoles los que representamos los dos papeles: el de las democracias occidentales, léase los republicanos y el de los fascistas o nazis, léase los nacionales de Franco. Y esto como reducción ideológica. Y también aquí tuvimos como ensayo el comunismo combatiendo junto a las democracias. Pero, aún más en nuestro país, la guerra fue un enfrentamiento entre totalitarismos a causa de la no intervención-intervención foránea. Alemanes e italianos aprontaron sus armas de todo tipo, aviones y soldados en ayuda de sus correligionarios; franceses, británicos y norteamericanos se abstuvieron de forma significativa, salvo la, más testimonial que efectiva, participación de las Brigadas Internacionales y algún armamento que se coló de extranjis, eludiendo el comité de no intervención. Y así el peso del apoyo al bando republicano vino de la mano de Stalin. Si fracasó fue porque de nuevo apareció el vicio nacional del individualismo hispano: cada español se creía un rey o un dirigente y enarbolaba el estandarte de su propia ideología, creando dentro del territorio cada vez más reducido de la República banderías y facciones que, en forma de partidos o mini partidos, llegaron enfrentarse y tapizar alguna ciudad como Barcelona de muertos, en una minúscula y localizada guerra civil dentro de la gran guerra civil. Y así hasta el infinito. La sangría se prolongó tres años, porque de esa guisa lo quisieron los franquistas, que rodearon Madrid y lo mantuvieron en tal forma de desgaste para que la victoria fuera sangrienta y aleccionadora, y al fin vindicativa. Y lo desearon y favorecieron los alemanes, los italianos, los británicos, franceses y soviéticos. Éste era su laboratorio, donde experimentar a placer lo que podía pasar y luego pasó para su castigo. Nosotros fuimos sus conejillos de indias, y el Pacto de Múnich, en 1938, con el entreguismo británico y francés ante la petulancia de Hitler apoyado por Mussolini, el punto de inflexión tras el cual la República podía darse por definitivamente perdida. (seguirá). Richerdios.

 

CABRA DE LUNA ABOGADOS

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