Las uvas de la ira de John Steinbeck

Las uvas de la ira de John Steinbeck

Esta semana hemos acudido a la biblioteca para leer el libro “Las uvas de la ira” escrito por John Steinbeck
RICHERDIOS

Describe el drama de la emigración de los componentes de la familia Joad, que, durante la depresión americana del 29, en medio del polvo y la sequía, se ven obligados a abandonar sus tierras, junto con otros miles de personas de Oklahoma y Texas, rumbo a la tierra prometida de California. Allí, sin embargo, las expectativas de este ejército de desposeídos no se verán cumplidas. Distinguida con el premio Pulitzer en 1940, hay, sin duda, en la novela algo que hoy sigue siendo realmente subversivo: el convencimiento de que en determinadas circunstancias la violencia es el único modo de alcanzar justicia o de seguir peleando por ella.
El título está tomado de un pasaje elocuente inspirado en el Apocalipsis: “En los ojos de los hambrientos hay una ira creciente. En las almas de las personas, las uvas de la ira se están llenando y se vuelven pesadas, […] listas para la vendimia”. Tom Joad, el joven protagonista ha estado en la cárcel por un homicidio y vuelve a matar ahora, en un instante de cólera, a un guardián violento que protege los intereses de los ricos. Steinbeck —su discurso moral— no le condena. El lector tampoco, pues comprende que, en el mundo nada irreal de la novela, ésa es la única vía que les queda a los desharrapados para defenderse. Tiene un final prodigioso que mezcla el horror y la esperanza: la hija mayor de la familia Joad, que por sus pésimas condiciones de vida acaba de dar a luz a un bebé muerto, amamanta con su leche a un hombre que está agonizando por el hambre.

Todas las grandezas y las desventuras de la naturaleza humana en un solo gesto simbólico. En la novela existen dos círculos concéntricos de amor: el primero lo forma el arraigamiento profundo a la tierra que alimenta al hombre y cuya labranza le da sentido a su vida; y el segundo círculo, que abraza al primero, es el amor por la familia. En el espacio de estas dos figuras geométricas, el amor a la tierra y a la familia se engarza y forma casi una sola unidad porque realmente no puede existir el uno sin el otro.
Es un libro brillantemente escrito que conjuga el género pseudo-periodístico, de un realismo literario que impresiona y sobrecoge, con un estilo más prosaico, de una prosa minuciosa que a veces roza lo lírico y a veces se torna seca y áspera como el mismo argumento de la novela. Se nota mucho que el autor era un consumado guionista cinematográfico y parecía presentir que la novela sería llevada al cine.

La Deriva

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