Leyendas no escritas. Carlos Ramírez. Abogado - El Sol Digital
Leyendas no escritas. Carlos Ramírez. Abogado

Leyendas no escritas. Carlos Ramírez. Abogado

Hay un leyenda aceptada por gran parte de la sociedad española, que en los EEUU el Estado no atiende a sus ciudadanos debidamente, y que los acuerdos entre los dos grandes partidos, a pesar de sus enormes diferencias en multitud de temas es casi imposible, y más aún con Trump de presidente.

Hace dias, sin embargo, tras el fallido impeachment contra Trump por los demócratas, el Congreso de Estados Unidos acordó la aprobación del plan de rescate económico más potente de la historia, cerca de dos billones de dólares en ayudas a empresas y ciudadanos para tratar de contener los estragos económicos del coronavirus.

Gobierno y oposición buscan evitar una debacle económica y social. Ya hay más de 55.000 contagiados en el país, más de 800 muertos. El coronavirus es “la amenaza más seria para la salud de los estadounidenses en un siglo y probablemente el mayor riesgo para el empleo y la prosperidad de EE UU desde la Gran Depresión«, asevera el jefe de la mayoría republicana en el Senado.

Tras el voto del Senado, deberá ratificarlo la Cámara de Representantes. El primer conjunto de medidas anunciado por Donald Trump suponía movilizar un billón de dólares y una semana después, roza los dos billones. El jefe del Consejo Económico de la Casa Blanca, Larry Kudlow, detalló que la estrategia global alcanzará los seis billones, al sumar los cuatro más de capacidad de préstamo por parte de la Reserva Federal.

El plan contempla el envío masivo de cheques a la mayor parte de ciudadanos estadounidenses. Hasta ahora se había hablado 1.200 dólares por adulto y 500 por menor de edad. En total, esta inyección puede alcanzar los 500.000 millones. Los legisladores se han puesto de acuerdo también en una línea de préstamos de 367.000 millones para pequeñas y medianas empresas y un fondo de 500.000 millones para industrias, ciudades y estados.

El proyecto de ley final ayudará a compensar el salario de los trabajadores despedidos durante cuatro meses. Los trabajadores recibirán lo que su Estado pague habitualmente por desempleo más un extra de 600 dólares.

La Casa Blanca ha aceptado incorporar la figura de un inspector general y consejero de supervisión que controle las decisiones de préstamos. Sería un cargo similar al que se creó en la debacle financiera de 2008, cuando el Congreso aprobó el gran rescate a la banca (TARP, por sus siglas en inglés) aún bajo la Administración de George W. Bush. Aquel primer programa de auxilio movilizó 700.000 millones de dólares.

Esta inyección se suma a un programa de estímulos sin precedentes por parte de la Reserva Federal. Morgan Stanley calcula que en el segundo trimestre la economía estadounidense puede caer un 30 por ciento, Goldman Sachs lo deja en el 24 por ciento y JP Morgan parece incluso optimista: estima una contracción del 14 por ciento.

En cuestión de días, Wall Street había perdido todas las ganancias acumuladas durante la era Trump y las previsiones para el mercado de trabajo se han tornado muy peligrosas para un país de escasa red social: la Casa Blanca advierte de que el paro puede llegar al 20 por ciento.

Pese a toda la incertidumbre, Wall Street cerró la sesión del martes con fuertes subidas, animado por la proximidad de un acuerdo político sobre el programa de estímulos. El Dow Jones se disparó un 11,36 por ciento, su mayor avance desde 1933. El S&P creció más de un 9 por ciento y las tecnológicas del Nasdaq más de un 8 por ciento.

En otro tema, el reconocido investigador Manuel Velasco Laguna en “Breve historia de los vikingos” indica que combatían en estado de trance y demostraban una ferocidad extrema contra el enemigo. Hasta tal punto obviaban el pavor a ser traspasados por una espada que acudían a la batalla sin armadura y, enajenados por la ira, mordían sus escudos como una suerte de ritual previo al baile de los aceros.

¿Cómo conseguían llegar a ese trance?. Un nuevo estudio elaborado por el doctorando Karsten Fatur (etnobotánico de la facultad de farmacia de la Universidad de Ljubljana) ha afirmado que existe una planta cuyos efectos secundarios se ajustan mucho más a los síntomas que los berserkers habrían mostrado en batalla: el “Hyoscyamus niger” o beleño negro. Sus conclusiones, que ya habían sido expuestas en un artículo publicado el noviembre del pasado año bajo el título “Sagas of the Solanaceae: Speculative ethnobotanical perspectives on the Norse berserkers”.

Aún hay más, durante cuatro siglos, la tradición británica presumió de la victoria de Isabel I de Inglaterra y del pirata Drake sobre la Armada Invencible enviada por Felipe II a Inglaterra.

La guerra entre Felipe II e Isabel I –que es posible que tuvieran ciertos vínculos sentimentales– se debió a un cúmulo de agravios entre Madrid y Londres debido a la presencia española en Flandes, perjudicial para el comercio inglés. Los británicos, en consecuencia, apoyaron militar y económicamente a los neerlandeses; enviaron decenas de expediciones contra enclaves españoles en América e impulsaron la piratería  contra los galeones que navegaban entre España y America. Todo eso llevó a la confrontación entre Felipe II, y su cuñada anglicana, que ordenó ejecutar a la reina de Escocia María Estuardo, en 1587.

María Estuardo, fue reina desde los seis días de vida, ya que su padre el rey Jacobo V de Escocia murió en una batalla contra los ingleses. Se tuvo que contentar con ser solo Reina de Escocia, donde volvió tras la muerte de su marido Francisco II rey de Francia para tomar posesión de su trono. Sin embargo, nunca renunció al trono de Inglaterra, al considerar ilegítima a Isabel, por haber sido el fruto de una mujer de la corte que había sido deslegitimada y repudiada por su propio marido Enrique VIII y condenada a muerte después del juicio que se le hizo por adúltera y por practicar la brujería.

María Estuardo, la católica reina de Escocia, sobrina nieta de Enrique VIII, sirvió de detonante para despertar las conciencias de los católicos del reino, los que se habían resistido a acomodarse a la nueva situación religiosa impuesta por el régimen de Isabel y su gobierno protestante. Más aún incluso desde que en 1570 la reina Isabel fue excomulgada por el Papa Pío V.

La excomunión de un monarca por el papa desligaba automáticamente a cualquier súbdito de seguir manteniendo la obligación de obediencia y sumisión hacia dicho monarca, y en este caso, la medida papal que estaba pensada para hacer el máximo de daño al régimen de Isabel, pretendía empujar a los católicos a la desobediencia civil, a elegir entre la obediencia a su reina o al Papa.

Para terminar con el problema, Felipe II ordenó reunir en Lisboa una Gran Armada que navegara hasta las costas flamencas, embarcara a 20.000 hombres de los Tercios de Flandes a las órdenes de Alejandro Farnesio y los condujera hasta Inglaterra. La escuadra zarpó el 30 de mayo de 1588 con el resultado conocido: tiempo adverso, fuerte oposición inglesa, y la decisión de regresar para recomenzar la empresa, pero el retorno fue terrible a causa de los temporales.

De los 130 navíos que partieron regresaron poco más de 80, aunque la mayoría de los perdidos fueron mercantes o barcos menores y volvieron casi todos los buques de guerra que salieron, de modo que siguieron seguras las rutas de América y Felipe II recompuso su poderío naval en apenas un año.

Fue Londres, quien burlescamente bautizó como “Invencible” a la armada, y preparó la Contraarmada, 150 barcos y 30.000 marineros y soldados, mandada por Norris y Drake, que fracasó ante La Coruña y volvió a hacerlo ante Lisboa. Las pérdidas inglesas fueron de 42 barcos y no menos de 18.000 hombres. El informe secreto reconocía: “La expedición ha sido no solo una catástrofe financiera sino, también, estratégica”.

Y heroes olvidados son  el sevillano Francisco de Saavedra, cuya actuación fue clave para que Estados Unidos venciera en la batalla de Yorktown . Saavedra fue un enviado especial de Carlos III que se encargó de gestionar toda la ayuda económica. Sin embargo, se hizo famoso porque proporcionó más de un millón de pesos al ejército franco-estadounidense para que sus tropas combatieran en Yorktown.

Veinte años después, nunca pensó el almirante inglés Horacio Nelson que su ataque a la isla de Santa Cruz de Tenerife, en el verano de 1797, le iba a costar casi la vida. En primer lugar, por la elección de Santa Cruz de Tenerife como objetivo de su ofensiva. Una decisión pésima cuenta el escritor e historiador Víctor San Juan en su último libro, “Veintidós derrotas navales de los británicos”.

La escuadra británica estaba formada por nueve navíos de guerra y 3.700 soldados, mientras que las defensas isleñas se componían de 1.600 hombres. La estrategia de Nelson era tomar el puerto de Santa Cruz de Tenerife, y conquistar el resto del archipiélago canario.

Aquel primer plan se truncó desde el inicio debido al fuerte viento que había: las tres fragatas que partieron hacia tierra tardaron mucho tiempo en lograr aproximarse. El segundo ataque, fue aún más devastador, Nelson perdió su brazo derecho.

Nelson reconoció la generosidad de los artífices de su derrota: «Justo es que reconozcamos la noble y generosa conducta de Juan Antonio Gutiérrez, el gobernador español. Tan pronto como se aceptaron las condiciones, hizo que nuestros heridos fueran a los hospitales y que se diera a nuestra gente las mejores provisiones. También hizo saber que los barcos ingleses quedaban en libertad de mandar hombres a tierra y de comprar los víveres que necesitaran mientras permanecían en la isla».

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