Libia está en África. Ramón Echeverría p.b. - El Sol Digital
Libia está en África. Ramón Echeverría p.b.

Libia está en África. Ramón Echeverría p.b.

Interminable guerra civil, dramas en el Mediterráneo, emigrantes retenidos en condiciones inhumanas, subsaharianos vendidos como esclavos, grupos yihadistas, tráfico de armas para los terroristas que pululan en el Sahel… Esa es Libia hoy. Leo en una “Guía Rápida sobre los principales actores en Libia” publicada en junio de 2016 por el Consejo de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, Consejo Europeo: “Se trata en su mayoría de actores locales. Aunque algunos tengan relevancia a nivel nacional, representan ante todo los intereses de su región o de su ciudad. Y muchos de esos actores mantienen lealtades tribales”. Se diría que esa atomización Libia la lleva en sus genes. Durante las guerras civiles de Roma, Tripolitania (al Oeste, junto a las actuales Túnez y Argelia) apoyó a Pompeyo y Marco Antonio, mientras que Cirenaica (al Este, junto a Egipto) sostuvo a Cesar y Octaviano. El árabe dialectal que se habla en el Oeste se aproxima al de Túnez, mientras que el del Este se asemeja al de Egipto. Fueron los Otomanos quienes consideraron Fezzan, zona semidesértica al suroeste, como una provincia, junto a Tripolitania y Cirenáica. Libia como entidad política con Trípoli como capital, fue creada por los italianos en 1934. Entre 1943 y 1951 los británicos administraron Tripolitania y Cirenáica, y los franceses Fezzan. Libia se independizó en diciembre de 1951 como “Reino Unido de Libia”. Su primero y último rey fue Muhammad Idris as-Senussi, jefe de la cofradía sufí “Senussi” y emir de Cirenáica durante el mandato británico. El coronel Muammar Gaddafi tomó el poder en 1961. Fue derrocado (con la participación de Gran Bretaña, Francia y USA) y asesinado en 2011. Siguió la guerra civil que aún perdura. El embrollo imposible entre las instituciones y centros de poder actuales refleja el fracaso del acuerdo mediado por la ONU en diciembre de 2015. En Trípoli se encuentra el “Consejo de la Presidencia”, presidido por Fayez al-Sarraj, del que depende el “Gobierno de Salvación Nacional” con Khalifa Ghwell como primer ministro. Aunque éste gobierno fue nombrado por el “Congreso General Nacional” (elegido en 2012 y ahora inexistente), según el acuerdo de 2015 tiene que ser refrendado por la Cámara de Representantes basada en Tobruk (Cirenáica), que aún no lo ha hecho. En su lugar, la Cámara de Representantes designó primer ministro a Abdullah al-Thinni, que dirige su gobierno desde Bayda, también en Cirenáica. Y las autoridades de Tobruk y Bayda se han alineado con el general Khalifa Haftar, jefe del Ejército Nacional Libio, que se define como “anti-islamista”, justificando así su lucha contra las autoridades de Trípoli a las que apoyan algunos grupos yihadistas. Entre tanto en Trípoli el poder real es ejercido por Fayez al Sarraj. Aplicando la resolución de la ONU, los países occidentales reconocen a las autoridades de Trípoli. Qatar y Turquía las sostienen económicamente. Rusia, Egipto y los UAE ayudan a Khalifa Haftar. ¿Y qué dicen los países africanos?

Muammar Gaddafi participó activamente en la UA, la Unión Africana (Organización para la Unidad Africana hasta 2001). Por su oposición a los países occidentales y por los dólares que distribuyó con gran munificencia, se ganó la admiración de muchos dirigentes africanos, algunos de los cuales no han perdonado todavía a los occidentales la caída del líder libio. “Libia era un país africano atacado por potencias extranjeras y habríamos debido intervenir, dar una lección a esa gente”, afirmó el presidente ugandés Museveni en el programa Newsday de la BBC con ocasión de la Cumbre UK-África del 20 de enero. Y refiriéndose a la situación actual y la creciente presencia extranjera en el conflicto libio: “África tiene potencia para expulsar a los invasores. Derrotamos a los portugueses, y también a los Boers”. “Todo intento de resolver el conflicto libio que marginalice al continente africano será ineficaz y contraproducente”, había declarado el 6 de enero Denis Sassou Nguesso, presidente del Congo y presidente del comité de la UA para Libia, ante los diplomáticos acreditados en su país. Pero sin contar con la UA, Rusia y Turquía se reunieron en Moscú el 13 de enero para estudiar un alto-el fuego en Libia (Acudieron Sarraj y Haftar, pero no se encontraron entre ellos). Y de nuevo el 20 de enero se reunieron en Berlín, invitados por Angela Merkel, siempre para hablar de Libia, los presidentes de Rusia, Turquía, Francia y Egipto, así como el Secretario de Estado de EEUU Mike Pompeo y Antonio Guterres, secretario general de Naciones Unidas. A esta reunión sí fue invitado en el último momento Denis Sassou Nguesso. El 17 de enero, Le Point.fr analizaba lo que publicaba la prensa africana sobre los intereses de los europeos en el conflicto libio. Según el Ahram Online (Egipto) “la política sobre Libia refleja sus divisiones”. “Si Roma apoya a Sarraj, Francia favorece a Haftar”. “No se dice, pero se trata del petróleo… Buscan participar en el reparto de las riquezas del país” (Le Pays, diario burkinabé). “Los servicios de información extranjeros luchan en una guerra por procuración para controlar el gas y el petróleo” (Noureddine Taboubi, secretario general de la UGTT tunecina en Al Wasat de Libia). Para el guineano Le Djely “Nada ha cambiado desde 2011. Entonces como ahora, muchos dirigentes no estaban de acuerdo, pero pocos se atrevieron a decirlo, especialmente tras la reciente intervención turca”.

Le Djely exageraba, puesto que el pasado 23 de enero se reunieron en Argel y condenaron toda injerencia extranjera en el conflicto libio, los ministros de Exteriores de Argelia, Túnez, Egipto, Chad y Malí, así como diplomáticos de Sudán y Niger y el ministro de exteriores alemán Heiko Maas. Y el 30 de enero se reunieron con Denis Sassou-Nguesso en Brazzaville los presidentes de Mauritania y de Yibuti, y el primer ministro argelino. Estuvieron presentes delegados de los dos hombres fuertes libios Sarraj y Haftar. “Silenciar los fusiles” fue el tema propuesto el año pasado por la Unión Africana para 2020. Ayer domingo 9 de febrero, en su discurso de apertura de la asamblea  general de la UA, el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa, nuevo presidente de la UA, designó la resolución de conflictos, en particular los de Sudan del Sur y Libia, como una de las dos prioridades de la UA (siendo la otra la implementación del área africana de libre comercio).

Dos cosas, sin embargo, están claras. Primero, como opina Thomas Schiller, encargado del Sahel en la Fundación Konrad Adenauer, que “no puede haber solución puramente africana”. De hecho, ayer mismo Antonio Guterres ofreció a los africanos la ayuda de Naciones Unidas. Y, en segundo lugar, citando las palabras de Nicolas Sengoba que reaccionaba en el diario independiente ugandés Daily Monitor a las declaraciones atronadoras de Museveni en Londres: “Aún tenemos que crear ejércitos nacionales, pagar decentemente a los militares y formarlos adecuadamente. Lo que todavía se hace en buena parte con fondos que vienen de donantes”.

 

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