Lluvias y ciudades. Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Abogado - El Sol Digital
Lluvias y ciudades. Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Abogado

Lluvias y ciudades. Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Abogado

En un artículo publicado en Meteored, se indica que en marzo ha habido lluvias un 95 por ciento por encima de la media; es el cuarto marzo más húmedo en lo que llevamos de siglo y el séptimo desde que comenzaron los registros, en 1965.

Con demasiada frecuencia en los últimos años, Málaga bate récord relacionado con el tiempo. El invierno 2018-2019 pasó a la historia por ser el más seco desde que la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) tiene registros oficiales en el Aeropuerto (1942).

Los informes climatológicos reflejaron que la anomalía negativa de precipitación en la estación que terminó el 20 de marzo ha sido la mayor en 77 años.

Ante el reto que supone como parte de un programa piloto para la conservación del agua, en Vancouver, Canadá, se entrega un subsidio para la compra de tanques plásticos para recolectar el agua de lluvia proveniente de los techos que luego es utilizada para regar los jardines, actividad que demanda alrededor del 40 por ciento del suministro de agua durante el verano.

En algunos estados de EE. UU se ha aprobado una legislación que exige la gestión del agua de lluvia (Maine, California, Oregón y Washington), en otros en los cuales falta el agua incluso se promueve la captación y se ofrecen incentivos en los impuestos o facilidades en prestamos (Texas, Arizona, California).

Pese a no haber conexión directa entre disminución de polución y aumento de lluvias, la menor existencia de contaminantes en el aire favorece que haya menos lluvia ácida, un fenómeno que acaba alterando el pH del agua de los océanos, con el consecuente daño a las especies marinas.

Se trata de un fenómeno natural causado por, entre otras cosas, la emisión de químicos durante las erupciones volcánicas. Sin embargo, la mayor incidencia de lluvia ácida en nuestros días es provocada por la acción humana, sobre todo debido al uso de combustibles fósiles (petróleo y carbón) que provienen de las fábricas, vehículos, centrales eléctricas y calderas.

La quema de estos combustibles genera óxido de nitrógeno y dióxido y trióxido de azufre, que pasan a la atmósfera. En ella, una reacción con el agua en suspensión y otras sustancias genera la lluvia ácida, la cual se puede propagar a lo largo de cientos de kilómetros.

Para conocer la acidez y alcalinidad de una sustancia de utiliza una escala de ph, considerándose un nivel de 7.0 como neutro. A partir de dicho nivel, cuanto más bajo sea, más ácida será esa sustancia.

La lluvia ácida provoca un cambio en su acidez que destruye las algas y el plancton, y aumenta la mortalidad de los peces. Las masas forestales son también víctimas de este fenómeno, al devastar los microorganismos que fijan el nitrógeno y destruir de forma directa las hojas y ramas por contacto.

No solamente los elementos orgánicos se ven afectados por la lluvia ácida: también lo sufren los edificios e infraestructuras. La acidez disuelve el carbonato de calcio y deteriora el mármol y la caliza, erosionando monumentos y esculturas. Además, se desioniza el suelo, empobreciéndolo y provocando estrés a las plantas, que las hace más susceptibles a las plagas.

En cuanto al impacto que tiene sobre los seres humanos, lo realmente peligroso son las partículas de nitrato y sulfato que se producen, las cuales se desplazan a través del aire posibilitando que las inhalemos. En este último caso, una larga exposición a este tipo partículas podría derivar en ciertas enfermedades respiratorias.

Este fenómeno se produce en numerosos países, sin embargo, los países que más concentración de lluvia ácida presentan son los asiáticos y Escandinavia y Alemania.  El país más afectado del mundo es China, debido a que su fuente de energía principal proviene de la quema de carbón, la cual ocasiona multitud de gases tóxicos.

Entre las soluciones propuestas para reducir la ocurrencia de este fenómeno los científicos proponen: Rebajar el nivel de azufre en los combustibles fósiles; Reducir el consumo de los combustibles fósiles; impulsar el uso del gas natural en industria; impulsar el transporte eléctrico; introducir el convertidor catalítico de tres vías; adición de compuestos alcalinos en las masas de agua para neutralizar el Ph; ahorro de energía en hogares, e incremento del uso de transporte público.

Un informe elaborado el pasado año por el Icona a instancias de la Comunidad Europea señalaba que al menos un 25 por ciento de la superficie forestal española se encuentra enferma, aunque no se establecía una relación causa efecto entre la contaminación atmosférica y los daños en los bosques.

Una de las regiones más afectadas es Andalucía y, concretamente, la zona boscosa del preparque de Doñana, donde se han medido altas concentraciones de azufre.

En 1963, se recolectó una muestra de lluvia en el Bosque Experimental Hubbard Brook en las Montañas Blancas de New Hampshire, Estados Unidos. Su descubrimiento en 1963 ayudó a crear conciencia y a identificar la causa de la lluvia ácida.

En general, la recuperación de lagos en Norteamérica se logró porque se atacó la fuente que daba origen a la lluvia ácida.

En el siglo XIX el auge de la producción en España de plomo, cobre y, sobre todo, de hierro, supuso un aumento de los conflictos sociales de origen ambiental en las cuencas mineras y sus entornos cercanos.

La contaminación atmosférica a donde llegaban por los vientos los humos y gases, afectaba a medio plazo a toda la sociedad.  Sin embargo, la falta de una voluntad intervencionista del Estado se hizo evidente, a pesar del conocimiento de los graves efectos respecto de la salud pública y la agricultura.

La permisividad de la Administración en relación a las actividades de las compañías extranjeras de minería metálica y metalúrgica y el escaso cumplimiento de la normativa minera y demás disposiciones específicas, serán notas características en este último tercio de siglo.

Una descripción de la realidad ambiental en la cuenca minera de Rio Tinto, en la provincia de Huelva, daba fe en un texto editado a propuesta de una comisión de propietarios en 1887, que relataba la grave situación en el periodo de 1870 hasta 1886, debido a los humos de las minas de cobre.

En 1870 el Gobierno creó una Comisión científica en relación a “Lo que son los humos”, que elaboró un dictamen en el que describe la realidad analizada, expresando al final, casi como conclusión, que “La vida vegetal se hace imposible; la  animal dificil.

Al respecto, las calcinaciones de mineral al aire libre trajeron las primeras lluvias ácidas en la historia España, con un resultado de cosechas seriamente afectadas, suelos improductivos y la corta desproporcionada de árboles para provocar la combustión del mineral.

Estás situaciones de degradación ambiental progresiva originaron el nacimiento de las denominadas “ligas antihumos”, que fueron asociaciones de propietarios de tierras afectadas por la calcinación del mineral al aire libre.

En 1879, una Comisión compuesta de ilustrados ingenieros de minas visitó la provincia de Huelva, y examinando la acción destructora de los humos sulfurosos y arsenicales en la salud pública los declara probados.

En los días anteriores a los sucesos trágicos que ocurrieron el día 4 de febrero del año 1888, tuvo lugar un acontecimiento relevante y es que los obreros unieron a sus peticiones de mejoras económicas, la prohibición de la calcinación del mineral al aire libre.

El origen de los sucesos estuvo en la modificación de los sistemas de explotación “de mina-túnel, por los de explotación a cielo abierto, convirtiendo la zona en un verdadero paisaje lunar”.

Este luctuoso acontecimiento, fue el primer movimiento de gran relevancia en la lucha por causas medioambientales, y evidencia un ejemplo de movilización obrera en defensa de la salud y mejoras ambientales, a diferencia de otros países europeos y americanos en los que la participación obrera no fue significativa.

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