“Lo sencillo hay que trabajarlo mucho”

“Lo sencillo hay que trabajarlo mucho”

Javier Caballero Baza, diseñador gráfico

Vicente Almenara Martínez

– Javier, te dedicas al mundo editorial, la edición gráfica… Pero este es un mundo muy amplio. Explícanos qué haces.
-Bueno, toco varias áreas, sobre todo lo que es el diseño gráfico, lo que es publicidad en papel, diseño de logotipos, folletos, todo tipo de libros, revistas, y dentro del editorial, libros, maquetación de libros y la realización de todo eso siempre con vistas a la impresión en papel.
– ¿Cuantos años llevas en este oficio?
-Más de 25 años.
-Desde entonces se ha producido una revolución tecnológica.
-Cuando yo estudié y empecé en la Escuela todo lo hacíamos a mano, es decir, los diseños los hacíamos con el rotring y con la tinta. Hacíamos los dibujos con el compás. Eso era, por así decirlo, un trabajo de chinos. Es verdad que nos dio mucha soltura para hacer esos trabajos.
-¿Cómo era el proceso?
-Al principio, todo lo hacíamos en la repromáster. Hacíamos los textos con letraset, que era lo que teníamos para hacer las letras perfectas, componíamos los textos a mano con una cuadrícula para que estuvieran alineadon y después en la repromáster lo hacíamos al tamaño que nos interesaba colocar en el montaje. El montaje era un corta y pega, como un recortable. Eso ahora lo llaman collage, y es algo artístico, pero en ese momento todo se hacía así. Y a partir de ahí se empezó a hacer con la fotomecánica que existía, pero era manual. Había una máquina donde hacías un negativo para poderlo pasar a positivo…
-La fotomecánica es un mundo.
-Sí. Es un mundo aparte. Realmente, yo no he conocido todo el proceso, porque un poquito antes que yo ya lo hacían todo, pero he pillado el proceso de cambio y ha sido muy rápido. La tecnología ha experimentado una evolución rapidísima y lo digital ya ni te digo.
Empezamos a hacer todos los diseños a mano con otro tipo de máquina. Hacíamos lo mismo, los textos con letraset y entonces se le daba con rotulador para darle el color a la letra, se metía en una máquina, que se llamaba copiplus, en un cuarto oscuro, el contacto lo hacíamos y así sacábamos el papel en el tamaño que nos interesaba para hacer los titulares y los textos, que muchas veces eran ficticios para la maqueta y después con unas máquinas inmensas que tenían dos tipos de letras, se hacía el texto al tamaño que querías. Era todo a base de pulgadas…
-Yo conocía entonces en los periódicos, en El Sol de España, las picas de IBM como unidad de medida. Uno tecleaba con la vieja máquina, la Olivetti, pero después había unos señores picando para perforar unas tarjetas que después se introducían en un ordenador.
-Lo curioso de esto es que ha sido una evolución, como de picar piedras a mano y pasar a la máquina.
-Primero fue Gutenberg, después internet y lo digital.
-Así es.
-¿Eres un manitas?
-En la familia nos gusta el dibujo. Casi todos mis hermanos dibujan y se les da bien. Mi padre es arquitecto y una hermana también. Un sobrino mío, hijo de mi hermana mayor, ha terminado Bellas Artes, ha estudiado en la Massana, Madrid, terminó en Sevilla la carrera, ha aprendido mucho y sabe bastante. Se ha pasado también ocho años estudiando, así que se ha formado bien. Ahora está en Ceuta trabajando y, de momento, muy bien.
Yo empecé biología en Granada, la dejé y me fui a hacer la mili. A la vuelta de la mili, como estaba en Madrid, pedí el traslado y me metí en Arquitectura, en la Complutense. Como no me aceptaron a principios de curso pues me volví a Málaga. Hice un recurso y en enero o febrero me llegó la resolución, sí que me aceptaban. Había perdido todo el trimestre, me tenía que volver a Madrid, total que decidí dejarlo y entonces volví a Biológicas y volví a dejarlo. Y un día me encontré con un profesor del colegio que era el que daba clases de dibujo, de Málaga, Manolo Hernández, y me preguntó que qué hacía y le respondí “bueno aquí… a ver si hago algo…” . La verdad es que me llevaba muy bien con él y me dijo “vente a casa que yo estoy allí pintando y te voy a enseñar a pintar“, tenía un estudio en plan bohemio. Total, que un día me fui. Empecé a ir allí.
-¿Dibujo artístico?
-Él había sido profesor mío y a mí se me daba un poquito bien. Entonces empezó a ponerme naturalezas muertas. Pintábamos al óleo, a lápiz. Era un tío muy simpático y nos reíamos mucho.
Empecé con aquello que me gustó, me empecé a sentir mejor. Y un día pasó por allí una chica que había sido alumna suya, y que estaba en la Escuela de Artes y Oficios, y charlando dijo “pues allí hay publicidad y decoración, se hace barro, cerámica, talla en madera, pintura… yo no tenía ni idea, no me había preocupado de buscar. Total, que me animó él, “oye porque no vas y te apuntas”. Fui allí, entré en la Escuela, aquello me encantó. Empecé a trabajar y, bueno con el tiempo… yo había terminado bachiller y allí se entraba con el bachiller elemental, con lo cual hice dos cursos en uno. Entonces, mi familia se fue a Barcelona y me trasladé a aquella ciudad. Estuve allí poco tiempo porque no llegué a terminar el curso. Entonces un amigo montó una especie de agencia aquí y me dijo si me quería venir. Entonces me volví, empecé a trabajar y a terminar la Escuela. Tenía poca idea, pero empezamos…
-¿Con cuántos años?
-Pues eso sería con 24 o 25 años, o sea que ya había pasado tiempo. Hicimos unos proyectos bonitos que después no tuvieron resultado porque nos pilló la época, preparando el 92, que fue la Expo y el V Centenario. De hecho, nosotros hicimos un proyecto que se llamaba IV Carabela. Éramos tres gatos…
-¿Cómo se llamaba esa empresa?
-Impromar. En Málaga.
-¿Sigues trabajando en Artigraf?
-Ya no
-Sorpresa…
-Estoy de freelance otra vez. Sigo haciéndoles algunos encargos. Te hice un folleto y unos boletines de una organización empresarial. Fue en los años noventa y tantos.
– Y el siguiente paso fue…
-Éramos los mismos, pero cambiamos de nombre porque hubo otras personas que pusieron el dinero para mantener la empresa. Se llamaba Asesoría de Marketing y Publicidad. Era muy rimbombante… hacíamos todo tipo de proyectos. Empezamos a hacer cosas de La Canasta, que es cuando empezamos con Antonio, el dueño, que tenía sólo La Canasta de Avenida de la Aurora.
-Se ha atrevido a abrir a la calle, por ejemplo detrás de El Corte Inglés, pan y pastelería…Pero le ha costado un gran trabajo con el Ayuntamiento. Tengo amigos camareros en La Canasta y este hombre crea empleo.
– Sí. Además, es una persona muy sencilla. Yo me acuerdo una noche, que nos la pasamos muy bien, haciendo las fotos allí dentro de La Canasta, cuando ya había cerrado, porque me dijo “hasta que no cerremos, no”. Puso allí los platos de salmón ahumado, los canapés. Hicimos las fotos y le dijimos “Antonio, esto se va a estropear” y nos lo tomamos allí. Genial. Además, es una persona que aceptaba todo tipo de sugerencias. Decía “mira yo no sé de esto, pero si tú me dices esto pues lo hacemos. Y esa fue la Asesoría de Marketing. Estuvimos en calle Salvago, en el centro.
-Sí, donde estaba El Café Español y La casa del Conde.
-Estuvimos allí un tiempo. Surgieron muchas cosas. Se empezaron a hacer cosas de fuera, porque con el que yo lo había montado, empezó a meterse en temas inmobiliarios. Seguíamos haciendo publicidad.
-Lo inmobiliario era lo más fuerte.
-Claro, estaba en ese momento de auge. Pero se dedicaron a temas inmobiliarios de venta de imagen, venta inmobiliaria. Hacíamos la publicidad también, pero era menos que lo otro. Y ya después como cambiaron totalmente la filosofía me fui de allí y entonces entré en Contacto, con el gran jefe Manolo Olivares. Una persona muy peculiar, muy estricta pero cuando lo entendías era muy agradable. Había gente que lo temía. Bueno (rie) la verdad es que cuando se enfadaba era terrible. Y allí estaba de director de Arte Paco…
-¿Villasana?
-No, Paco Villasana había montado la empresa que tiene ahora. Paco Fernández me parece que se llama. Él, había sido profesor mío en la Escuela, de diseño y publicidad, en la Escuela de Artes y Oficios. Estaba de director de arte por las mañanas y por las tardes daba clases. Pepe era el que hacía todos los carteles y las vallas de los cines, de las películas.
Hace mucho tiempo que no lo veo. Además, pintaba mucho vírgenes… Es impresionante ver las manos que tiene. Ver los carteles. Pintaba el del Alameda, del Victoria. Él se iba a mediodía y volvía por la tarde y en dos horas pintaba y hacía los carteles esos de 5 metros por 3, y te pintaba a Gary Cooper, bueno a Gary Cooper, o el que fuera el de la película, con una facilidad. Me quedaba impresionado.
-Después…
-Después de Contacto me fui de freelance. Fue cuando le pedí a un amigo que me buscara un ordenador.
-¿Qué ordenadores había en aquella época?, ¿te acuerdas?
-Yo me fui sobre el 89-90. Pero me compré un ordenador que era un 286. Ya que me voy a meter compré lo último.
-Eran carísimos.
-Me compré el 286. La pantalla era de 24 pulgadas. Era un mamotreto impresionante y, además, era en color. Una tableta para hacerlo todo. Dibujabas en la tableta. Una impresora, que me regaló, en color, de chorro de tinta. Era lo último que había salido. Me parece que le compré hasta el escáner. O sea, todo. Me costó dos millones y medio de pesetas. No sé cómo se me fue la cabeza. Me acuerdo que me llamó Manolo Olivares y me dijo muy serio… “que me han dicho que te has comprado media NASA”, le contesté “no, no, no” (se ríe). Todo el mundo se enteró que yo me había comprado aquello y empecé con el Coreldraw, que era lo único que había, que sería el 1.0. Venían un montón de fuentes, era una maravilla.
-En tu caso ¿qué crees que hay más, arte o técnica?
-Hombre, a mí el hecho de haber empezado a hacer las cosas a mano me dio mucha soltura. Ahora la gente se cree diseñador porque coge un ordenador y te hace un grabado. Coges el Photoshop y te hace maravillas. Yo considero a esa persona que es un artista, aunque lo haga con unos materiales que ….
-Es como la fotografía, que revelabas sin saber lo que iba a salir.
-Sí. Eso tiene mucho mérito. Y, encima, salía muy bien. Al principio te crees un poco artista y luego te das cuenta que la realidad es muy distinta y que tu función como diseñador es hacer no sólo lo que el cliente quiere sino hacer lo que es mejor para él, su negocio, su producto.
-¿Manual o digital?
-Bueno, ahora ya digital. En esta fase que ya no estoy en la empresa, he vivido una parte un poco más creativa, me he encontrado un poco más creativo y he ampliado mi campo del diseño a otras cosas, el diseño gráfico, que me gusta lo he ampliado a la decoración y la arquitectura. Lo he ampliado al diseño de, llamémosle entre comillas, “reciclaje”. Es decir, usar lo que hay y darle una función nueva. El otro día había unos troncos que habían cortado de un árbol, me parecieron maravillosos y los tengo allí en mi taller y quiero sacar de ahí unas lámparas, con el tronco de madera vivo…
-Tus ojos ven algo que no vemos los demás y dan lugar a objetos….
-A darle otra función. He ampliado lo que es el diseño.
-¿Cómo pasaste de lo último que me has contado?, cuando estabas de freelance.
-En esa parte aprendí mucho. Estuve trabajando con Ricardo Pau, que también estaba conmigo en Contacto. Congeniamos mucho, él era copy, en Contacto, pero ya empezó a ser más creativo y empezó a trabajar con Ignacio Fernández de Bobadilla, no sé si lo conoces…Empecé a trabajar con él, la Agencia IECB, en Málaga. No sé cómo empecé a trabajar con él. No sé si fue a través de Ricardo, porque cuando Ricardo se convirtió en Tuls Comunicación, ya estaba de creativo, y cogió a Unicaja y aquello era… Sí, sí. Además, había una cosa curiosa porque ellos tenían una parte que estaba aquí y luego otra, Tapsa, que estaba en Madrid. Y después no sé si al mismo tiempo estuvo Bassat.
-El director general de Tapsa estudió conómicas aquí y era de la tuna.
-Con ellos he hecho trabajos que tenía que facturar a Tapsa o a Bassat, tengo por ahí la facturación…
-Luis Bassat, de Barcelona, sefardí.
-El que hizo la Olimpiada. Es maravilloso. Ideó toda la olimpiada del 92 porque era el coordinador del tema. Yo era free lance, pero estuvimos trabajando con Ricardo y haciendo todo lo de Unicaja.
En 1996 entré en Artigraf y allí he estado 15 años como director de arte y diseñador, con clientes muy importantes, como El Corte Inglés en Málaga, Marbella, Algeciras, también restaurantes, clínicas, despachos de abogados… y la propia imagen de Artigraf, que es un camaleón.
Desde 2013 vuelvo a estar de freelance y he creado una marca, Diseñe, que está en desarrollo, lo que busco son aplicaciones para el merchandising, en ropa, complementos… Hay varias opciones, quizá buscar un inversor, hay que vender la marca, aplicarla y muchas cosas más.
-¿Tienes algún modelo que en diseño gráfico sigas o alguna referencia en especial?
– No tengo ningún modelo, me gustan muchas cosas, lo sencillo, pero lo sencillo hay que trabajarlo mucho y eso hay que tenerlo en cuenta. Me gusta Mariscal, aunque después desvaría. También Antonio Herráiz, que es de Málaga, es elegante y sencillo a la vez.

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