“Los hijos de este mundo son más astutos que los hijos de la luz.” Ramón Echeverría p.b. - El Sol Digital
“Los hijos de este mundo son más astutos que los hijos de la luz.” Ramón Echeverría p.b.

“Los hijos de este mundo son más astutos que los hijos de la luz.” Ramón Echeverría p.b.

Tras las elecciones del pasado 30 de diciembre (presidente y parlamentarios), y las de este 15 de marzo (senadores), la República Democrática del Congo, elegirá el próximo 26 de marzo a los gobernadores provinciales. Con ese motivo, los obispos de las nueve diócesis de la provincia eclesiástica de Kisangani (Nord-Este) han publicado un documento condenando la corrupción de los políticos. Ya en tiempos de Mobutu Sese Seko, derrocado en 1997, la Iglesia Católica fue la única institución que pudo mantener una cierta independencia. La tirantez con el entonces Cardenal Malula (1917-1989) fue extrema entre 1972 y 1976. En febrero de 1992 numerosos católicos se manifestaron pidiendo democracia y libertades. Hubo cuarenta muertos. Cediendo a la presión, Mobutu aceptó que el arzobispo de Kisangani Laurent Monsengwo  (arzobispo de Kinshasa 2007-2018) presidiera entre 1992 y 1996 la Conferencia Nacional Soberana encargada de reformar la Constitución, así como el Consejo Superior de la República. Más que de “oposición” al régimen, se trataba entonces de acompañar y consolidar los esfuerzos por reformarlo. La oposición se convirtió en hostilidad tras la llegada al poder de los Kabila, Laurent-Désiré (asesinado en 2001) y su hijo Joseph Kabila Kabange. Este, que asumió la presidencia a la muerte de su padre, fue reelegido en 2006 y 2011. En 2014 los obispos le pidieron que respetara la Constitución y no se presentara en 2016. “¿Cuenta todavía la Iglesia en la política congoleña?”, titulaba Afrikarabia.com el 2 de julio de ese año.

En apariencia sí, a juzgar por las declaraciones de los obispos, las manifestaciones de los católicos, y lo que las agencias de prensa han ido publicando. “La Iglesia le echa un pulso al poder”, titulaba Aleteia el 20 de enero de 2018. “La Iglesia católica en primera línea contras Kabila”, explicaba RTBF el pasado 10 de enero, refiriéndose a la declaración de la CENCO (Conferencia episcopal) en la que se afirmaba que los resultados publicados por la CENI (Comisión electoral), dando la victoria a Felix Tshisekedi, no se correspondían con los datos recogidos por los 40.000 observadores católicos. La Iglesia católica representa el 40 por ciento de la población, y, al contrario de muchos servicios estatales, está presente en todo el país. Tras las manifestaciones de septiembre y diciembre de 2016, en las que hubo 1.000 arrestos y 290 personas resultaron heridas, la Iglesia supervisó el diálogo que llevó al acuerdo gobierno-oposición del 31 de diciembre de 2016. Colectivos católicos se manifestaron pidiendo su implementación en diciembre de 2017 y enero de 2018. Y también los obispos han seguido insistiendo en que Kabila tenía que aplicar lo acordado.

Pero en realidad, las elecciones que, finalmente, han tenido lugar a partir del pasado 30 de diciembre, dejan la impresión de que la astucia de Kabila ha podido con las declaraciones bienintencionadas de los obispos. Desde que comenzaron las presiones internacionales (y las episcopales), nunca se opuso Joseph Kabila a la celebración de elecciones, pero insistió en que sería la misma RDC quien las organizara, sin ayuda logística y financiera internacional, ni siquiera de la MONUSCO (Misión de la ONU presente en el país), y que se haría lo posible para cumplir los plazos constitucionales. Evidentemente, la CENI carecía de medios para cumplirlos, y las elecciones han tenido lugar con dos años de retraso y en las condiciones que quería Kabila que, entretanto, se aseguró el control de la CENI; cambió la dirección de los servicios de seguridad para que ésta controlara mejor a sus adversarios; puso en el Tribunal Constitucional a jueces que le eran favorables; dividió a la oposición negociando con parte de la misma, y se aseguró de que aún no presentándose como candidato a la presidencia, el poder seguiría en sus manos. Oficialmente, el opositor Felix Tshisekedi ha sido elegido presidente con el 38,57 por ciento de los votos seguido por el también opositor Martin Fayulu (34,8 por ciento). Éste ha acusado a Kabila y Tshisekedi de coaligarse para amañar las elecciones y ha recurrido al Tribunal Constitucional, que no le ha dado la razón. Por su parte Felix Tshisekedi declaraba tras ganar las presidenciales: “Rindo homenaje al presidente Joseph Kabila. En adelante no debemos considerarlo como un adversario, sino como un socio en la alternancia democrática del país”. ¡Qué remedio! Según la CENI, la plataforma política presidida por Kabila (Frente Común para el Congo) ha obtenido la mayoría absoluta en el Parlamento, entre 261 y 288 escaños, según cálculos de AFP, de los 485 en litigio (los diputados son 500, pero se han retrasado las elecciones en las regiones de Beni, Butembo y Yumbi). Según la constitución, Tshisekedi, cuya coalición obtuvo 68 diputados está obligado a nombrar primer ministro a un miembro de la mayoría parlamentaria.

¿Y los obispos entre tanto? Los obispos denunciaron irregularidades en las elecciones presidenciales y parlamentarias, y afirmaron que los resultados anunciados por la CENI no correspondían a los datos que ellos tenían. No han publicado, sin embargo, esos datos. A los pocos días, seis de los ocho obispos de Kasai, región de la que los Tshisekedi son originarios, reconocieron la victoria del nuevo presidente. “La CENCO ha ido demasiado lejos en sus declaraciones”, dijo Gerard Mulumba obispo emérito de Mweka. “En este nuevo Congo, la Iglesia no tiene que ser partisana”, escribieron los seis obispos. Y, sin embargo, tras las elecciones al Senado, en las que la coalición de Kabila obtuvo 80 senadores contra los 3 de Tshisekedi, los obispos de la provincia eclesiástica de Kisangani han reaccionado con una dura declaración contra la corrupción de los políticos. Parece que la corrupción ha sido tal que el mismo procurador general de la República pido a la CENI, sin obtenerlo, tiempo para investigar las acusaciones.

¿Será la astucia de Tshisekedi mayor que la de Kabila? Por el momento, ya ha liberado a unos 700 prisioneros políticos, prometido luchar contra la corrupción y retrasar la instalación de los senadores. Cuando escribo estas líneas, aún no se ha elegido primer ministro, pero sí ha licenciado a varios miembros del antiguo gobierno y nombrado a un centenar de consejeros de la presidencia. En Nairobi, en donde se reunió la semana pasada con los presidentes francés y keniano, éstos le invitaron a liberarse de la influencia de Kabila (¡Injerencia indebida!, protestaron algunos partidarios del expresidente). Nos toca ahora esperar.

 

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