Los mayores errores de un empresario (I)

Los mayores errores de un empresario (I)

Pablo Romeo. Director Smile Málaga

Primer error: aceptar todo. Lo común hoy es aceptar cualquier negocio “porque tal y como está el mercado…”.
La realidad es que esa justificación, que nos creemos sinceramente, esconde una verdad oculta: no tenemos criterios de decisión, “líneas rojas” que nos permitan aceptar o rechazar una propuesta, una reducción de presupuesto, una modificación de nuestra tarifa o minutas… Y eso es un problema. Es un problemón.
Cuando aceptamos trabajos, obras, prestación de servicios por debajo de nuestra línea roja, solo estamos contribuyendo a nuestra propia destrucción como empresa, pues nadie aguanta demasiadas piedras en su tejado. Al final siempre termina derrumbándose y siempre aplasta al mismo: a ti.
Muchas veces la falta de tiempo, ir con la lengua fuera, el estrés, solo esconde una verdad: tenemos tantos malos clientes que tienen condiciones por debajo de nuestra línea roja, que no nos podrá ir bien nunca. No hasta que les subamos el precio o los eliminemos de nuestra cartera de problemas.
¿Qué es más importante?, ¿facturar más o ganar más?, da igual lo que ganes: si ganas tiempo, ganas; si ganas más dinero, ganas.

1ª lección del empresario: define tus marcas rojas, especifica los factores clave de éxito de tu negocio.

Segundo error: todo es igual de importante
Cuando no hay un criterio establecido para discriminar qué funciones corresponden al rol de empresario, lo que ocurre es que el empresario sigue haciendo funciones de empleado.
¿Por qué ocurre esto? Casi todos los empresarios antes hemos sido empleados, pero aprendimos un oficio, desarrollamos habilidades, adquirimos por creencia personal o por la fuerza el “espíritu” de emprendedor y, finalmente, constituimos nuestra empresa.
Pero una cosa es dar el salto a empresario y otra cosa es serlo desde el primer momento. El gerente de una empresa de comunicación que antes fue director de departamento en una multinacional de comunicación domina tan bien el rol de director que continuamente estará bajando a su función anterior porque la domina, se encuentra cómodo, útil. En cambio, como empresario, está continuamente enfrentándose a sus miedos, a hacer el ridículo, a cometer un error con un cliente, a fallar en las expectativas creadas.
Nuestro corazoncito es delicado y no nos gusta estar siempre en la zona de riesgo y de oportunidades, aunque en los libros de autoayuda tanto se diga que esto es lo que de verdad mola. Entonces estamos continuamente retornando a la zona de confort, a nuestra guarida emocional.
Así somos. ¿Cómo salir de esta lucha interna? pues es relativamente sencillo:
1º – Dime que cosas aportan realmente valor al crecimiento de la empresa.
2º – Dime cual es tu papel en esas cosas.
3º – ¿Qué estás haciendo en concreto respecto a esas cosas?
4º – ¿Cuánto de tu tiempo de trabajo efectivo ocupan esas cosas?
5º – ¿Qué proporción ocupan esas cosas respecto a tu dedicación diaria?
6º – Del resto de cosas que estás haciendo ¿qué cosas pueden hacer otros mejor que tu?, ¿más rápido tal vez?
7º – ¿Cuál es tu Plan de Acción para cambiar lo que no te gusta?, ¿cuándo lo pones en marcha?

O sea: sin un proceso de reflexión serio y estructurado, nunca será posible focalizarse en lo rentable y nuestra productividad será una birria. Muchas veces una empresa no va mejor porque el gerente está haciendo fotocopias o descargando camiones (aunque el gerente dirá que no va mejor por la competencia, el mercado o los clientes). En su inconsciencia, el gerente realmente piensa que lo hace mejor que otros, pero la verdad es que no está aportando nada a mejorar los resultados.

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