Los mayores errores de un empresario (y II) - El Sol Digital
Los mayores errores de un empresario (y II)

Los mayores errores de un empresario (y II)

Pablo Romeo
Director Smile Málaga

Empresario: ¿cuál es tu rol en tu empresa?, ¿tienes planificadas las acciones que corresponden a tu rol?, ¿cuánto tiempo y energía dedicas a lo que realmente es clave y cuánto a “descargar camiones”? No es que yo te lo diga: tú sabes que si no haces lo que debes, los resultados de tu empresa no serán mejores.
¿Te atreves a hacer lo necesario?, ¿aunque sea incómodo?, ¿aunque te duela en tus sentimientos?, ¿aunque te dé pavor enfrentarte a ello? Si eres empresario, no puedes tener dudas.
Tercer error: la improvisación.
Somos seres organizados, no tenemos más remedio. Lo que ocurre es que queremos mejorar nuestra organización improvisando constantemente. O recurriendo a herramientas diversas con la esperanza de que nos indiquen el camino a seguir, sin esfuerzo. Pero ya sabemos que no existe el éxito sin esfuerzo y menos si ese esfuerzo está carente de rumbo. La mayoría de las personas que (creen que) planifican tienen la reuniones, citas y eventos anotados en su agenda, bien. Algunas personas, pocas, incluyen en su planificación hitos importantes para evitar incumplir plazos, muy bien. Muchas menos fijan fechas para realizar tareas, magnífico. Casi nadie utiliza su planificación para establecer las acciones necesarias para alcanzar los objetivos, excepcional. Porque nadie les ha enseñado a hacerlo. Cada vez hay más herramientas para ayudar a mejorar la productividad personal, al menos eso prometen, pero casi todas son simples listas de cosas a hacer, con colorines, alarmas y etiquetas diferentes. O sea: un intento más o menos eficaz para ordenar tareas. La verdad es que no conocemos a nadie al que le haya cambiado la vida (a mejor) por tener una app de organización personal o una agenda superchula requetemotivadora.
Porque eso no es planificar, a lo sumo es agendar, ordenar tareas, clasificar o entretenerse intentado cuadrar el círculo de lo que debería estar haciendo… La planificación inteligente tiene más que ver con un método estructurado de descomponer en acciones concretas los retos que me he planteado para conseguir mis objetivos. Tiene que ver con la priorización de esas acciones. Tiene que ver con la disciplina en la ejecución de esas acciones. Tiene que ver con hábitos relacionados con esas acciones y con adquirir consciencia de mi uso del tiempo para lo que debo hacer. Y esto tiene poco que ver con herramientas más o menos sofisticadas. Vaya, que de nada sirve tener todo perfectamente etiquetado y listado si no se hace.
Cuando una persona planifica puede experimentar estas consecuencias:
1- (Al fijar objetivos concretos) se puede enfocar en una determinada dirección.
2- (Al identificar retos que me acercan hacia esos objetivos) se puede concretar un rumbo para la acción.
3- (Al fijar metas) se puede establecer un plan de acción específico.
4- (Al seguir una disciplina diaria) se identifican obstáculos y se pueden poner en marcha estrategias para superarlos.
5- (Al repetir tareas previstas en el plan de acción) se van fijando hábitos muy útiles.
6- (Al priorizar) se consigue anteponer las primeras cosas a las segundas y a las terceras.
7- (Al medir la consecución de esas tareas) se toma consciencia del alcance de mi actividad y esto motiva.
8- (Al trabajar de forma ordenada y premeditada) se evita improvisar cuando toca actuar.
9- (Al realizar mi misión) se evita la frustración, el sentimiento de culpabilidad que aparece cuando no soy capaz de hacer lo que me había propuesto.
10- (Al conseguir los resultados) se sabe que las cosas no se producen por casualidad, sino por hacer bien lo correcto.
Hay más consecuencias, pero estas son muy poderosas, ¿no crees? Y tú: ¿planificas o improvisas?

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