“Malinche sí, López Obrador no”. Alejandro González Herrera. Fundador y patrono de la Fundación Civilización Hispánica - El Sol Digital
“Malinche sí, López Obrador no”. Alejandro González Herrera. Fundador y patrono de la Fundación Civilización Hispánica

“Malinche sí, López Obrador no”. Alejandro González Herrera. Fundador y patrono de la Fundación Civilización Hispánica

La carta del presidente Andrés Manuel López Obrador, al Rey Felipe VI, en la que le insta a reconocer los atropellos que las actuales autoridades mexicanas consideran que se cometieron durante la conquista y a pedir disculpas por ello, además de impertinente y difamatoria contra España, es gravísima contra México, pues niega su propia identidad como pueblo.

Por elevación, éste nieto de cántabro que de indígena tiene poco, podía haber arremetido igualmente contra el imperio romano, pues España romanizó gran parte de América y llevó sus instituciones al otro lado del Atlántico. El uso político de la Historia convenientemente manipulada y la estulticia de analizar hechos de hace más de 500 años con la mentalidad del siglo XXI ha convertido a López Obrador en un “pendejo político”.

“El 13 de agosto de 1521, heroicamente defendida por Cuauhtémoc, cayó Tlatelolco en poder de Hernán Cortés. No fue triunfo ni derrota, sino el doloroso nacimiento de ese pueblo mestizo que es el México de hoy”. Así reza la inscripción que preside la Plaza de la Tres Culturas en México DF. Por mucho que se empeñe el izquierdista López Obrador y sus palmeros comunistas y separatistas en España, el muñidor del México moderno, otrora Virreinato de Nueva España, fue un español nacido en la localidad extremeña de Medellín, llamado Hernán Cortés, que con 530 hombres y 16 caballos, penetró en tierra ignota para conquistarla y sembrar los tres pilares que la civilización hispánica legó al Nuevo Mundo: una lengua, una religión y la creación de una raza, la mestiza.

La fuerza inusitada de la figura militar y política de Hernán Cortés, que con un puñado de hombres y gracias a una inteligente política de alianzas y pactos con otros indígenas, derribó el mayor imperio de América del Norte, sólo es comparable con el gran Alejandro, que el siglo III a.c., cruzó Europa y Asia venciendo militarmente y fundiendo la cultura griega con las tradiciones locales.

En el propio Cortés se dan los tres elementos catalizadores de la hispanidad. Exportó una lengua que en aquellas fechas solo se hablaba en un trozo de península ibérica. Ahora, la lengua vehicular del siglo de oro es hablada por más de 600 millones de personas, la décima parte del planeta azul, y autores como García Lorca, obras como El Quijote y corrientes como el realismo mágico con García Márquez a la cabeza, son estudiados en el mundo entero.

Con respecto a la religión llevada al otro lado del mar Atlántico, Roma le debe todo a España, algo que reconoció expresamente Juan Pablo II, pero no así el Papa Francisco. El descubrimiento y la conquista van indefectiblemente unidos a la evangelización. La labor de los agustinos, dominicos (también de franciscanos y mercedarios) y posteriormente jesuitas fue sobrenatural. Aprendieron lenguas nativas para llevar el mensaje de Cristo a las gentes y en cierto modo se mantuvo independiente del poder civil, lo que les otorgó gran autonomía para llevar a cabo su apostolado. Asimismo, fueron los promotores de un hecho único en la historia de la humanidad, a saber: partiendo de bases teológicas cristianas se pararon todas las nuevas conquistas en territorio americano hasta debatir y analizar si éstas eran justas y conforme a los derechos humanos. Fue la denominada Controversia de Valladolid (1550-1551) y enfrentaron con luz y taquígrafos a Bartolomé de las Casas y a Ginés de Sepúlveda. De esta disputa surgió el moderno ius gentium (derecho de gentes), precursor de los actuales derechos humanos (el testamento de Isabel la Católica podría considerarse un catálogo de los mismos), se avanzó en las Leyes de Indias y se creó la figura del “protector de indios”.

Todo este caldo de cultivo, fue escenario ideal para que lo hispano se injertara en América de forma definitiva: la creación de una raza nueva, la mestiza. Utilizo el verbo injertar y también trasplantar, pues fue la preclara mente del filósofo Julián Marías, la que introdujo ese término de la botánica para explicar las dos formas de presencia europea en América.  En su parte norte, por obra de los ingleses se realizó un” trasplante”: sociedades europeas fueron trasladadas a suelo americano para fundar sociedades también europeas, en definitiva, no hubo mezcla. En cambio, España, llevó a cabo un “injerto”: porciones vivas de sociedades españolas se introdujeron en suelo americano, modificándolo; no eran españolas sino americanas hispanizadas.

Por ejemplo, el mismo Hernán Cortés tuvo un hijo, Martín, con Malinche (o Doña Marina), una hermosa nativa. Martín Cortés es considerado uno de los primeros mestizos de la conquista de México. El papel de Malinche fue trascendental para el devenir de la conquista de México y las crónicas de la época se refieren a ella como una gran mujer. Era náhuatl, de clase alta y ámbito cultural maya. Hizo una labor fundamental de intérprete, consejera y mediadora. Para que nos hagamos una idea de la importancia de su figura, en las negociaciones de Hernán Cortés, los aztecas hablarían a Malinche en náhuatl, quién traduciría las palabras al idioma maya, que entendía uno de los lugartenientes de Cortés, quién a su vez lo trasladaría al castellano. Malinche o Doña Marina, a veces maltratada por la historiografía antiespañola, se ha convertido con el tiempo en una imagen mítica por su aportación a la nación mestiza que es hoy México.

Estas uniones de facto entre hombres españoles y mujeres indígenas en ningún caso se vieron como negativo o reprochable, de hecho en 1514 una Real Cédula permitían los matrimonios mixtos.

Es cierto que con esta polémica se ha podido vislumbrar una luz en el horizonte, parece que algo está cambiando y para bien en nuestra piel de toro. Poco a poco se está combatiendo la venenosa Leyenda Negra que tanto daño nos ha hecho y que ha minado nuestra autoestima durante siglos. No se trata de decir que todo fue rosa, pero ni mucho menos fue negro. Hubo luces y hubo sombras, y sin calificativos que adornar afirmó el mexicano  Octavio Paz (Premio Nobel de Literatura), “el descubrimiento de América es el origen del mundo actual”.

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