Mascarillas e improvisación. Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Abogado y doctor en Derecho y Sociedad - El Sol Digital
Mascarillas e improvisación. Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Abogado y doctor en Derecho y Sociedad

Mascarillas e improvisación. Carlos Ramírez Sánchez-Maroto. Abogado y doctor en Derecho y Sociedad

El día que China alertó oficialmente a la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la existencia de una neumonía de origen desconocido, evidenció la censura ejercida por Pekín durante la crisis del coronavirus, un control de la información que, según Reporteros Sin Fronteras (RFS), contribuyó a la expansión del SARS-CoV-2, el nuevo virus que ha infectado a cerca de 400.000 personas en todo el mundo.

RFS ha analizado los acontecimientos ocurridos en los inicios de la epidemia y su nula repercusión en los medios de comunicación de China, un país al que sitúa en el puesto 177 —de un total de 180— en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa.

Una investigación publicada el pasado 13 de marzo por la Universidad de Southampton (Inglaterra) desvela que Pekín podría haber reducido en un 86 por ciento el número de contagios si hubiera impuesto dos semanas antes las medidas de confinamiento que adoptó el 22 de enero. Sin embargo, el primer caso documentado de una persona infectada por el nuevo coronavirus se remonta al 17 de noviembre, un hombre de 55 años de la ciudad de Wuhan, según el South China Morning Post.

Pero aun cuando en ese momento los médicos solo hubieran podido certificar una “neumonía de origen desconocido”, un mes después, el 20 de diciembre, las autoridades ya sabían que al menos 60 pacientes en Wuhan sufrían una “neumonía desconocida similar al SARS” y que varios de ellos habían frecuentado el mercado de pescado de Wuhan.

El doctor Lu Xiaohong, jefe de gastroenterología del Hospital de la Ciudad de Wuhan Nº5, el 25 de diciembre ya tenía sospechas de que el virus se podía transmitir entre humanos ante los casos de personal médico infectado.

Sí asumió, en cambio, el riesgo que conlleva ese deber moral el director del departamento de emergencias del Hospital Central de Wuhan, Ai Fen, y un grupo de médicos, que lanzaron el 30 de diciembre una alerta sobre un “coronavirus similar al SARS”. Ocho de ellos, incluido el doctor Li Wenliagn, que murió contagiado por la Covid-19, fueron detenidos y encarcelados cuatro días más tarde por difundir “falsos rumores”.

También fueron represaliados, en este caso con el cierre de su laboratorio, los investigadores que filtraron en plataformas de código abierto información sobre la secuencia del virus. Ocurrió el 11 de enero, el equipo del profesor Zhang Yongzhen, en el Centro Clínico de Salud Pública de Shanghái, había logrado seis días antes, el 5 de enero, secuenciar el virus. Si las autoridades chinas fueran transparentes, habrían comunicado inmediatamente la secuencia del genoma del coronavirus a los medios científicos, ahorrando un tiempo esencial en su investigación para el desarrollo de una vacuna.

Solo cuando los ciudadanos son informados de los hechos por una prensa libre tienen más herramientas para protegerse y, a su vez, para exigir a las autoridades que tomen las medidas necesarias para proteger a la población, en especial a los que tengan más factores de riesgos.

En España, en unas semanas se ha pasado de la desinformación, ocultación de evidencias de pandemia y ausencia de medidas durante al menos desde finales de febrero al 12 de marzo a las conocidas ruedas de prensa oficiales.

El penúltimo fiasco, quizás, es que el proveedor sanitario de mascarillas  tras la noche del día 21 de marzo, tras anunciar Pedro Sánchez  que iba a repartir 500.000 mascarillas entre los profesionales sanitarios y 800.000 entre pacientes, estalló. Consideraba que “Sánchez no compró a tiempo”. Había pasado una semana desde la declaración del estado de alarma, el 14 de marzo, y ese número de mascarillas equivalía en el caos de los hospitales de Madrid y de parte de España a la luz de una cerilla en la noche cerrada.

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, acababa de detallar en rueda de prensa un despliegue económico sin precedentes, con la compra en el bazar chino de 550 millones de mascarillas, 5,5 millones de test rápidos para potenciales contagiados, 950 respiradores y 11 millones de guantes. En total, 432 millones de euros.

La cuestión principal es que se empezó tarde y mal desde el principio, y cambiar el paso de la historia de un virus agresivo, es muy complicado.

Las compras de mascarillas las deberían haber realizado antes de anunciar el estado de alarma, el 13 de marzo, y aprobarlo al día siguiente. ¿Por qué? Sabían la que se les venía encima. Para estas fechas el mercado estaba colapsado y con todos los países en busca de mascarillas al país origen de la pandemia, China.

Se ha pasado de no tener mascarillas ni en los hospitales, con la pandemia disparada, con decenas de miles de contagiados, con casi un 15 por ciento del personal sanitario infectado por falta de material –un porcentaje superior al de cualquier otro país- a, de pronto, 550 millones de mascarillas que llegarán en los próximos dos meses, a razón de casi 70 millones a la semana. Quizás.

Surgen decenas de preguntas. ¿Qué planificación había cuando se declaró el estado de alarma? ¿Vamos a llevar mascarillas por la calle hasta cuándo?

Hasta el martes dia 24 el Ministerio de Hacienda no liberó dinero para comprar material sanitario imprescindible en China, 10 días después de la declaración del estado de alarma, tras una semana y media de agonía en los hospitales y en centenares de hogares.

¿Ignoraban cómo liberar el dinero o con quién negociar? Y otros países iban adelantándose y comprando. Se ha comprado tarde y mal. Duele al máximo  la ineficacia que está ocasionando tanto dolor. El 8-M, y también el 7-M, fueron la pista de despegue del contagio masivo.

Una propuesta: ¿Por qué no se aprovecha la capacidad de las 22.000 oficinas de farmacia que hay en España para recibir material de protección como sanitarios en primera línea de calle? Las 22.000 farmacias de España tienen una capilaridad inigualable para repartir millones de mascarillas y para realizar los test rápidos masivos, tan necesarios para identificar a contagiados, que son a la vez contagiadores.

Las farmacias reciben todos los días, por dos veces, medicamentos de grandes distribuidoras como Cofares o Bidafarmacia. Sólo con 10.000 oficinas de farmacia a razón de 100 test podrían realizarse más un millón de pruebas.

Los test rápidos se realizan con un gota de sangre, y en 15 minutos tienes el resultado y en pocas horas todos los resultados estarían en una base central de datos. No se congestionarían así ambulatorios y los hospitales.

Esta crisis de las mascarillas, los respiradores, los trajes de protección, etcétera, será una pandemia de muertes y de efectos económicos devastadores aún por concretar en decenas de miles de Ertes y despidos en todos los sectores económicos.

¿Se imaginan esta crisis gobernado PP y CS? La Sexta, TV5… las autonomicas, con la SER demoliendo cada día,  y minuto a minuto a fuego lento al gobierno por su falta de previsión y animadverdión a la sanidad pública…

Alrededor de 780.000 infectados en España, según el trabajo de Timothy Russell, que ha estimado qué porcentaje de detección de casos de Covid logra cada país: para España es un 5 por ciento, uno de los más bajos. Eso significa que 19 de cada 20 enfermos con síntomas no se registran, lo que convertiría los 39.000 casos confirmados en 780.000.

¿Cómo se obtiene esa cifra? Se basa en el número de muertes. Toman ese dato, lo corrigen por el retraso desde la infección —muy importante— y luego asumen que la letalidad del virus en España será parecida a la de China. Es decir, cercana al 1,4 por ciento de letalidad para persona con síntomas (CFR).

Además, podría haber un número similar de casos asintomáticos, según este trabajo del Imperial College. Para averiguarlo han tenido una idea brillante: mirar los análisis PCR que se hicieron a los extranjeros repatriados de China, que fueron testados sin síntomas.

Un cálculo B: Más de 300.000 infectados. La han sugerido expertos como Jeremy Farrar o Adam Kucharski. Pues bien, si se toma el 15 de marzo, hasta ese día se habían registrado 491 muertos en España, lo que daría unos 150.000 infectados. Si tomamos el día día 17 como referencia, cuando había ya 598 fallecidos, eso daría unos 300.000 casos hace una semana, más los contagios posteriores.

¿Cómo se obtiene esa cifra? Se basa en tres asunciones: 1) que la mortalidad por Covid rondará el 1 por ciento, 2) que la muerte tarda unas tres semanas en producirse, y 3) que los casos se duplican cada semana.

La fuente cultural de Europa no fue Grecia o Roma sino la siempre demonizada Edad Media cristiana, donde surgió la primera gran civilización de nuestro mundo. Occidente tal y como lo conocemos fue tallado por el cristianismo. Ahora más que siempore es tiempo de oración. Quien más nos amó y nos ama cada dia está al lado nuestro, solo debemos escucharle y hablarle.

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