Migración, éxodo y asilo

Migración, éxodo y asilo

Carlos Ramirez. Abogado

Miles de refugiados sirios se encuentran a las puertas de Europa, pidiendo asilo político tras la guerra de su país, mientras los de la Unión miran hacia otro lado, salvo Alemania, y dan largas al asunto. No voy a entrar, en este artículo, en las causas ni en las consecuencias del conflicto sirio ni en los aspectos sociales y humanitarios de esta situación dramática tan de actualidad. Solo voy a intentar hacer un repaso, somero y sin afán de exhaustividad, de lo que han sido en la Historia las migraciones masivas y las secuelas de las mismas. Distingamos, primero, entre los tres conceptos del título: la migración supone para una persona cambiar de residencia de forma temporal o permanente por causas voluntarias o no, en tanto el éxodo sucede cuando ese movimiento es efectuado por un grupo más o menos numeroso. El asilo es algo diferente: se produce cuando, por causas políticas o religiosas de manera primordial, alguien o más de uno piden ser acogidos por una comunidad o Estado que les dé refugio. Desde los albores de la Humanidad ya se produjeron migraciones masivas, o éxodos: en el paleolítico, de manera fundamental desde África, que al parecer fue la cuna del hombre, hacia otros continentes, buscando mejores condiciones climáticas y de alimentación y abrigo. Luego, en el neolítico, el hombre se hizo sedentario y migró para establecerse en lugares más apropiados para la agricultura. Por estas épocas debieron migrar bastantes gentes, probablemente cazadores en su mayoría, a América, a través del Estrecho de Bering, desde Siberia, en épocas más frías: cuando estaban helados los mares, y así poblaron todo el continente de norte a sur.

En la creación de los magnos imperios, desde oriente, Mesopotamia, Persia o Egipto, hasta Occidente, Cartago y Roma principalmente, hubo movimientos migratorios tras las invasiones, como los hubo en la época de los grandes conquistadores asiáticos, tales los hunos de Atila y los mongoles de Gengis Kan. Luego, los mismos pueblos que estaban en los límites de los estados, presionaron e invadieron, sobre todo en la caída del imperio romano ante las tribus germánicas y otros grupos ocupantes. Es de esta época, o algo anterior, el famoso éxodo, que narra la Biblia, de los judíos guiados por Moisés en busca de la tierra prometida. En la Edad Media, el feudalismo fue un nuevo motivo de movimiento de personas, que se sedentizaron, adscribiéndose a una tierra y fijándose allí. Posteriormente, las guerras entre feudos fueron otra causa de movilidad, creando con ello estados nacionales de nuevo cuño. También el nacimiento de las ciudades estado, como la liga hanseática en el norte de Europa, o en Italia con Venecia la cabeza, originaron flujos de personas hacia ellas y, por tanto, un éxodo rural de los muchos que hubo antes y después. Al inicio de la edad moderna los descubrimientos de las nuevas tierras americanas y su posterior colonización, desde el centro al sur y luego al norte, ocasionaron flujos de gentes que se trasladaron del Viejo Mundo al Nuevo y desplazaron a muchos de los que allí habitaban o los esclavizaron o los metieron en reservas, si bien posteriormente esta mano de obra fue sustituida en gran parte por otro movimiento de gentes, que fueron obligados a desplazarse: los esclavos negros cazados en África y llevados a las nuevas tierras, donde se quedaron en su mayoría para siempre. Con el desarrollo de la revolución industrial se produjo el mayor movimiento migratorio de la Historia, que aún no ha acabado por completo; se trata de un éxodo rural: del campo a las grandes ciudades en busca de mejores situaciones económicas, no siempre conseguidas, y que han dado lugar, incluso en países tercermundistas o en vías de desarrollo, preferentemente en ellos, a algunas de las mayores conurbaciones del mundo como Nueva Delhi, Shanghái, Bombay, Sao Paulo o El Cairo. El apogeo de las colonizaciones por los países europeos de los africanos y alguno asiático produjo igualmente movimientos de gentes, que fueron desplazadas, bien de grado o a la fuerza, para consolidar un mejor asentamiento según el criterio de los colonizadores. Muchos grupos étnicos se movieron en estos tiempos de sus hábitats.Pero durante el siglo pasado hubo también grandes desplazamientos de masas humanas con motivo de las dos grandes guerras; y más en la segunda con el éxodo de judíos antes del Holocausto, y durante ella en especial en la invasión de la Unión Soviética, que hizo huir hacia el este a muchos soviéticos y posteriormente, en sentido contrario, a gran parte de alemanes al escapar del ejército rojo. Tras la guerra, hubo también ajustes de fronteras, como los hubo en la primera, y con ello movimientos de personas hacia zonas más propicias para su entorno.

Por estas fechas, y ya antes, el éxodo de gentes hacia América y en especial a Estados Unidos fue interminable y numerosísimo. El flujo hacia los Estados Unidos y también a países de Sudamérica como Brasil, Argentina, Uruguay y Chile fue considerable y también hacia colonias británicas tales como Canadá y Australia. En todos los casos que hemos apuntado ha habido migraciones individuales y éxodos y apenas asilos políticos, porque esta es una figura que, aunque no sea de creciente creación, sí ha sido menos practicada antes de ser considerada como un derecho más entre los fundamentales del hombre consagrados por la ONU. Peticiones de asilo a diferentes países hubo, por parte de los exiliados, en la expulsión de los judíos por los Reyes Católicos, en la de los moriscos por Felipe III, en la huida de republicanos tras nuestra guerra civil, acogidos sobre todo por Francia y México, aunque no fueran los únicos, de los judíos tras el ascenso al poder de Hitler, si bien no fueron muchos los concedidos. Y, sobre todo, en la actualidad, en los grandes movimientos de desplazados tras las guerras, civiles, o entre países africanos y asiáticos por motivos, políticos, raciales, de epidemias, de falta de alimentos y/o vivienda –estos a veces sin guerras de por medio-, y menos religiosos; el último de los cuales es aquel por el que hemos empezado este artículo, la crisis de los refugiados sirios, cuya solución está todavía muy lejos de alcanzarse.

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