¿Nos cuesta a los empresarios aceptar que nuestro rol es ganar dinero?

¿Nos cuesta a los empresarios aceptar que nuestro rol es ganar dinero?

Pablo Romeo, Director Smile Málaga

Una cliente me llamó hace poco el McGyver de empresarios, ¡menudo cumplido!
Estábamos en una sesión práctica de planificación estratégica y me reconocía que en una hora había aprendido más sobre como ser empresaria que en muchos años de práctica diaria. Mi misión es entrenar a empresarios y profesionales, para eso utilizo 37 años de experiencia y métodos muy probados. Mi objetivo: que las personas sean capaces de conseguir su propósito, haciendo lo que han dicho que van a hacer para conseguirlo. El comportamiento de los empresarios y profesionales es curioso (y esto no pretendo que lo comparta ninguno conmigo porque yo hace cuatro años no lo habría hecho): siguen ciegamente una “guía” que no tiene nada que ver con los objetivos. Funciona de una forma similar a las procesionarias de los pinos, o al ratoncillo dando vueltas y vueltas en la rueda dentro de su jaula. Vueltas y vueltas.

Muchos cometen el mismo error, y como resultado, sólo obtienen una pequeña parte de las oportunidades que ofrece la vida. A pesar de que existe una enorme abundancia de casos a su alcance, obtienen pobres resultados debido a que se limitan a hacer lo que saben hacer, lo que han hecho siempre. Siguen y siguen realizando su rutina por la simple razón de que “así se ha hecho siempre y hasta ahora ha funcionado”.

¿Qué ocurre? Pues que hay que trabajar 14 horas diarias y a final de mes llega para pagar la nómina de los empleados pero no para mí (no da para tanto la facturación de este mes). Estos empresarios saben que tanto esfuerzo no merece la pena, pero no son realmente conscientes de que repitiendo lo de siempre, solo obtendrán lo de siempre. Vueltas y vueltas, a veces durante años, con la confianza estéril de que tarde o temprano llegarán a algún sitio (acabará la crisis, volverán los clientes, sonará el teléfono de nuevo…). Lo curioso del caso es que, desde fuera, cualquiera puede verlo, pero lamentablemente, el que está dentro de la rueda no lo ve; o se niega a verlo, que es lo mismo. Los hombres no somos procesionarias ni ratones, pero nuestro comportamiento también es con frecuencia irracional, nos negamos a ver lo evidente porque ciertas creencias internas nos convencen de que avanzamos, de que llegaremos, de que esto mejorará. ¿Mejorará?

No, no soy McGyver, tan solo me limito a entrenar a otros para que no cometan los mismos errores que yo, que se centren en conseguir sus objetivos de una manera racional, con método, con herramientas tan sencillas como el clip de nuestro héroe. Aunque suene duro lo voy a decir bien claro: tener un autoempleo, trabajar, es una cosa, y tener un negocio es otra muy diferente. La mayoría de empresarios que conozco no tienen mentalidad de empresarios, tienen mentalidad de trabajadores. Se enfocan en el trabajo, y lo que consiguen es trabajar muy duro durante muchas horas durante muchos años. Los empresarios tienen otra mentalidad: montan un negocio para ganar dinero, se enfocan en los resultados y no en el trabajo, eso ya lo hacen los trabajadores. Ellos están para dirigir, no para trabajar. Porque así debe ser, cada uno con su rol y su misión personal dentro de la empresa.

Lo que suele ocurrir es que la mayoría de empresarios comenzaron desde abajo, y en el viaje de convertirse en empresarios, olvidaron cambiar de mentalidad. Los empresarios y los trabajadores piensan y actúan diferente. Olvidar eso, o no saberlo, se paga con un precio muy caro.
¿Quieres saber algunas “diferencias de mentalidad” entre trabajadores y empresarios?, aquí tienes algunas:
Un empresario delega todo el trabajo que puede, un trabajador cree que solo él puede hacerlo bien.
Un empresario confía en su equipo, lo forma y lo desarrolla, un trabajador no se fía de su equipo, por la causa que sea, cree que no son buenos.
Un empresario sabe lo que hay que hacer para ganar dinero, la mayoría de los trabajadores no lo saben porque nunca han salido de la rueda.
Los empresarios se enfocan en beneficios, los trabajadores en trabajar.
Un empresario fija objetivos, un trabajador improvisa cada día y repite y repite la misma “procesión”.
Un empresario saca tiempo para lo importante, un trabajador no tiene tiempo, el trabajo ocupa todo su tiempo.
Un empresario está organizado, un trabajador está siempre desbordado.
Un empresario tiene metas y planes y los mantiene, un trabajador cambia de planes cada cinco minutos debido a las urgencias y los imprevistos.
Un empresario sabe a dónde va, cómo quiere estar dentro de un año, un trabajador no puede ver más allá de fin de mes.
Un empresario tiene muy claro que debe realizar actividad comercial, que es la base del negocio, un trabajador huye de ella, no sabe, le es incómoda y la evita, aunque sea de forma inconsciente.
Los empresarios saben realmente lo que es la productividad y la miden en euros, los trabajadores confunden producir con trabajar.

¿Es posible cambiar? Bueno, yo trabajaba hace cinco años 16 horas al día y hoy soy prescindible en mi empresa, para eso he tenido que aprender a ser consciente, ver que estaba en una rueda, salirme, tomar decisiones serias y conducirme sin miedo a las dificultades y obstáculos hacia donde yo quería estar. Si te ves reflejado, no tengas ninguna duda, tienes que “resetearte” y desarrollar una nueva mentalidad de empresario, muy posiblemente cambiar tus creencias, que son las que te llevan a comportarte como te comportas, a hacer lo que haces.
Todos hacemos lo que creemos que es correcto, lo que sabemos hacer, lo que hemos hecho siempre, aunque vemos claramente que no funciona. Pero hasta que no nos demos cuenta de que somos como ese ratón en su rueda, no podremos mejorar. Nunca.
¿Quieres salir de tu rueda? Que no te dé vergüenza, si yo salí sin ser McGyver, tú puedes salir.

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