Un nuevo año con el mismo problema de fronteras - El Sol Digital
Un nuevo año con el mismo problema de fronteras

Un nuevo año con el mismo problema de fronteras

Los continuados atentados yihadistas en todo el mundo han planteado con crudeza la necesidad de protegerse ante estas eventualidades que, como en el penúltimo escenario, Berlín, causaron 12 muertos y numerosos heridos en un tradicional mercado navideño. La crisis de los refugiados sirios hace dos veranos supuso también un punto crítico para las fronteras de la UE que, de prisa y corriendo, tuvo que llegar a acuerdos con Turquía, previo pago de su importe, para que frenara la ola migratoria a la que se sumaban, además de los sirios que huían de la guerra, otros muchos procedentes de países muy diversos.

Parece que todos estos asuntos, tan graves, deben ser tratados con toda objetividad y lejos de consideraciones buenistas que lejos de solucionar los problemas los agrandan a corto y largo plazo.

Es un hecho que no son pocos los casos, aunque lógicamente no son mayoría, de refugiados que delinquen abiertamente en los países de acogida, como los siete que intentaron quemar a un indigente en Berlín, o los que la pasada Navidad agredieron y vejaron a decenas de mujeres en los alrededores de la catedral de Colonia, y otros muchos; ellos mismos se hacen la peor publicidad posible frente a los europeos, que están dirigiendo ya su voto a fuerzas mucho más radicales en la resolución del conflicto.

Otro gran asunto meridianamente claro es la falta de integración, en líneas generales, de la población musulmana en los países europeos; intentan mantener su fe y sus costumbres aun cuando no son las nuestras y choquen algunas abiertamente con las concepciones de un país democrático, caso de los velos en las mujeres. Así se explica que ciertos barrios periféricos en las grandes ciudades, véanse París o Bruselas, se conviertan en ghetos en los que la delincuencia campa por sus respetos cuando no se organizan atentados, caso de Molenbeek, y hasta se aplica la ley islámica al margen de las leyes nacionales.

Para evitar el crecimiento de las actitudes xenófobas y racistas y el ascenso de partidos de extrema derecha, conviene hablar claro y actuar rápido: Europa no puede convertirse en un solar de refugio para cualquiera que por razones económicas o bélicas quiera huir de su país, podemos y debemos acoger determinado número de personas pero la solución de ciertos países debe estar en esos países y protagonizada por sus pueblos. Si todos huyen del IS, ¿quién defenderá esas naciones de la barbarie? Hasta ahora, las fuerzas internacionales, tanto occidentales como las de Rusia, con el coste de vidas humanas y económico que este sacrificio de solidaridad supone y que se hace inviable en el medio plazo.

 

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